martes, 1 de junio de 2021

RECTO MODO DE VIDA


El recto modo de vida hace referencia al trabajo. A la forma de empleo con la cual nos ganamos la vida. Existen unos parámetros a tener en cuenta para ejercer una profesión u oficio acorde a la práctica budista. El Buda enseñó que los trabajos que produzcan sufrimiento a uno mismo y a otros deben ser evitados. Un ejemplo muy conocido es la prohibición del Buda de trabajar en la fabricación de venenos, lo cual era bastante popular en su tiempo ya que era una manera muy usual de asesinar a un enemigo.  La única razón que se tiene para fabricar un veneno es acabar con la vida de alguien.

Como podrá suponerse, el modo de vida correcto implica una actividad acorde a los valores del Dhamma. Un trabajo acorde al Dhamma debe tener como objetivo servir a los demás correctamente, lo cual es la esencia del budismo. Preferiblemente sería un oficio en el cual se pueda evidenciar compasión, amor, generosidad y servicio. No estamos hablando de trabajos exclusivos del área social. Estos valores pueden ser practicados en cualquier trabajo común que se realice con dignidad y bajo las normas de las libertades civiles y la democracia.

El recto modo de vida debe ser una actividad alineada con los cinco preceptos budistas: No matar y proteger la vida, no mentir y ser siempre honesto, no robar y ser generoso, no apoyar una conducta sexual incorrecta y proteger la dignidad de todos, no consumir sustancias tóxicas ni impulsar su consumo.

El Buda explica que nadie es virtuoso ni digno por razón de su cuna sino por sus actos. Sin importar la familia y el contexto en el que uno haya nacido, el practicante debe siempre realizar trabajos beneficiosos y mantener un modo de vida recto. La dedicación al camino espiritual del budismo exige un compromiso de no dañar personas ni animales, y de proteger todo modo de vida.

Hasta ahora estamos describiendo las condiciones ideales para ejercer un trabajo sano acorde a los valores budistas. Tenemos la intención de vivir de forma recta aplicando nuestro sistema de creencias en nuestro trabajo. Veamos entonces cómo hacer esto posible.    

Hasta aquí todo suena muy bonito. Muy práctico y fácil de hacer. Sólo hay que ser una persona decente y tener un trabajo decente. Realmente no se necesita del Dhamma para tener esta idea ya que toda sociedad medianamente civilizada también propone estos valores laborales. Sin embargo, el mundo no es un lugar ideal. La vida no es un caminito de rosas. Y aplicar este grado del Óctuple Noble Sendero a la vida real tiene más aristas de las que pudiera parecer a primera vista. La dificultad de aplicar esta doctrina en particular es el cómo varía la capacidad de elección de cada practicante. Si todos pudiéramos escoger un trabajo así, con éstas características, prácticamente todos los problemas de la vida estarían resueltos. Pero como no es el caso, vamos a ver de qué manera la ingeniería budista nos puede ayudar a lidiar con la ferocidad del mundo y su crueldad.



Empecemos por poner los pies en la tierra. Salvo personas extremadamente privilegiadas, la mayoría de nosotros no puede escoger el trabajo que quiere. Incluso el hecho de que podamos escoger una profesión u oficio no garantiza que el trabajo al que vayamos a acceder posteriormente sea el tipo de trabajo al que apuntábamos cuando escogimos tal profesión. Un puede estudiar psicología pensando en laborar en un gran hospital en el área de salud mental, y puede terminar aplicando pruebitas, haciendo entrevistas de memoria y apilando carpetas en un sucio y minúsculo cuartucho de recursos humanos. La vida da muchas vueltas.

En la vida real uno no se puede poner exigente y negarse a trabajar por razones de ética religiosa porque simplemente tus posibilidades de conseguir trabajo serían ridículas y todas las metas de tu vida terminarían deslizándose por el caño. Este es un conflicto muy frecuente entre los laicos que inician la práctica y la razón es muy simple. La ineludible necesidad de trabajar.

Desde el punto de vista laboral, el mundo es una selva. Específicamente las grandes ciudades. Y esta selva tiene sus reglas. Una de ellas es que entre más fácil sea entrar a un trabajo, más difícil va a ser ese trabajo. O menos ético y más denigrante será.

En mi país hay un dicho que dice: De eso tan bueno no dan tanto. Quiere decir que si algo parece demasiado bueno y aparentemente fácil de conseguir, alguna trampa trae. Alguna condición escondida tiene. Y esa condición oculta que hace parecer ese trabajo como bueno y fácil al principio, resulta ser algo mucho más caro de lo que uno imaginaba. Y eso es verdad. Esa es la manera más fácil de engañar a los jóvenes. Haciéndoles creer que son especiales y afortunados.        

Los trabajos indebidos son mucho más fáciles de conseguir que los trabajos legales. Es mucho más fácil entrar a una banda delictiva que a una empresa legal. Lo único que hay que hacer es demostrar que uno no tiene ningún problema en dañar a cualquiera y que es capaz de hacer lo que sea por el dinero. La prostitución, la pornografía, el narcotráfico, el robo, el atraco y la delincuencia en general no tienen entrevistadores ni pruebas. Si puedes hacerlo, ya estás adentro. Y no hay excusa más barata que la avaricia disfrazada de necesidad. No hay delincuente que no tenga una justificación para hacer lo que hace. Ese es el camino fácil. Recordemos que el camino del Dhamma es siempre el camino más difícil.

Ahora, hay empresas legales que tienen el mismo tipo de mala ética y de carencia de moral que un grupo delincuencial. Ahí es donde los laicos nos confundimos. Nos sentimos entre la espada y la pared. Tenemos que trabajar. Nos es necesario e imperativo. Pero a veces las opciones que tenemos son de perfiles tan corruptos y de empresas tan dañinas que vemos impedimentos en todas partes para ser correctos y ganarlos el sustento según las Enseñanzas. ¿Qué hacemos entonces?

Afortunadamente para eso tenemos la guía de los maestros. Los maestros entienden este problema y nos asesoran correctamente. Ellos dicen que debemos tener siempre presente la intención del recto modo de vida, pero que debemos ser coherentes con nuestras condiciones y contextos. Nosotros no somos monjes, somos laicos. No nos apartamos del mundo como lo hacen ellos, sino que somos parte del mundo y por lo tanto debemos lidiar con las variables que tenemos y aprovechar las oportunidades que tengamos sin dejarnos corromper por el medio.  

Si por ejemplo, estamos buscando empleo, estamos en una situación difícil como la de ahora, con pandemia, economía frágil y dificultades por todos lados, y se nos presenta una oportunidad en una empresa como Coca Cola, debemos reflexionarlo desde las Enseñanzas del Dhamma. Sabemos que Coca Cola es una empresa corrupta. Sus productos están intencionalmente diseñados para generar adicción a costa de destruir la salud de sus consumidores. Su principal producto (ese repugnante líquido negro) es cancerígeno. Es una de las empresas que más agua consume y más plástico produce. Sus estrategias comerciales son desde todo punto de vista desleales y feroces. Hasta ilegales. Pero tiene tanto poder que ninguna demanda legal ha podido tener éxito. Coca Cola es, desde todo punto de vista, de esas empresas tan dañinas que no deberían existir. Pero supongamos que es la única opción que se te presenta en este momento frente a una situación tan difícil.

Los maestros dicen, toma el empleo. Entra a Coca Cola e inicia a trabajar allí apenas puedas. Trabaja lo mejor que puedas y demuéstrale a tus jefes que le pones esfuerzo a tu labor. Cómo ya comentamos, no somos monjes y debemos sobrevivir en el mundo. Sin embargo, eso no significa que nuestra intención de ejercer un recto modo de vida se haya perdido o se vea traicionada. Aun dentro de una empresa tan podrida como Coca Cola, se puede hacer el bien y se puede gestionar lo que es correcto.

Aplicamos las Enseñanzas con nuestros compañeros de trabajo, en los contextos en los que estamos, con los seres que tenemos a nuestro alcance. De todas maneras, la mentalidad adecuada es tener claro que el objetivo es no quedarse ahí. Uno entra a una empresa corrupta como Coca Cola porque le toca. No había más opción. Pero uno sigue buscando trabajo como si no hubiera conseguido nada. A lo mucho uno planeará conseguir una experiencia positiva de seis meses a un año para fortalecer la hoja de vida, pero el objetivo no debe ser quedarse ahí. Uno siempre debe tener en la mira el objetivo del recto modo de vida y esforzarse por conseguirlo teniendo en cuenta las circunstancias y el sentido común. Uno siempre debe luchar por conseguir un lugar de trabajo que sea realmente acorde con nuestro estilo de vida, nuestro sistema de creencias y nuestra moral. Y ahí es donde está la parte difícil. El verdadero conflicto.

Supongamos que ya llevas tus buenos meses trabajando para Coca Cola. Te va bien. Tus ingresos son excelentes y no solo has podido solucionar una gran cantidad de tus problemas sino que hasta te has dado algunos gustos merecidos y hasta tu vida social va viento en popa. Pero jamás detuviste tu gestión laboral y por fin aparece un trabajo que sí vale la pena. Un puesto en el que no colaboras con una multinacional corrupta y en el cual puedes expresar libremente tus opiniones y ejercer tu labor con la ética del Dhamma. Pero hay un detalle.

Este nuevo puesto, que sí está alineado con tu ética espiritual, es en una empresa pequeña. Y Coca Cola es un monstruo corporativo que te paga diez veces más de lo que te paga este empleo digno. ¿Qué harás? ¿Renunciarás a Coca Cola? ¿Proyectarás ese mágico plan de “sólo me quedaré ahí unos cuantos meses más para ahorrar y luego me iré”? Porque la verdad ese plan nunca funciona y la gente termina alargando el plazo hasta pensionarse. El dinero atrapa más fuerte que el cemento y mentirse a uno mismo para no perderlo es tan difícil como dejar de ser adicto a la heroína.

Las Enseñanzas están ahí. La asesoría de los maestros está ahí. Pero como dijo el Buda, tomar o no el remedio, ya es cuestión del enfermo.

El tema laboral siempre consiste en decisiones versus opciones. Y en la manera en cómo nos alineamos según nuestros verdaderos objetivos. Si el objetivo es el dinero, no importa la creencia que tengamos o la ética que hasta nosotros mismos creamos tener. Siempre estaremos de venta al mejor postor. Pero si para nosotros, el dinero es solo un medio para un fin, entonces tendremos una verdadera posibilidad de ser fiel a nuestros objetivos y de poder practicar las Enseñanzas budistas correctamente sin importar en dónde trabajemos. Un verdadero practicante no debe ser intimidado por el dinero. 

El verdadero problema para nosotros es tener la sabiduría para poder diferenciar lo que queremos de lo que necesitamos. La verdad es que todos queremos dinero. Mucho dinero. Pero sabemos que el dinero en sí mismo, perseguido solo para acumularlo, nos hace daño y que siempre nos convierte en esclavos de nosotros mismos y de alguien más. Lo que necesitamos es un camino espiritual que nos guíe y nos proteja. Necesitamos la sabiduría del Buda y necesitamos hacer lo correcto guiándonos por el Dhamma. Si tenemos esto claro y practicamos diariamente, podremos desarrollar la fuerza y la convicción para decirle no a lo que queremos, el abundante dinero de una empresa corrupta, y cambiarlo por lo que en realidad necesitamos, el pago digno de una empresa digna en la cual podemos seguir las Enseñanzas debidamente.

A menudo nos confundimos porque hacemos las cosas al revés. Primero vemos los criterios éticos que debemos seguir, y después tratamos de encajar el mundo que nos tocó a esos criterios éticos a la fuerza, así ambos factores no encajen. Eso es imposible porque no tenemos el poder de cambiar las condiciones externas, sociales y económicas, en las que nos encontramos, y moverlas a nuestro favor. Lo debido es analizar y comprender cuáles son las condiciones en las que estamos y las oportunidades que tenemos, y sobre ellas aplicar los criterios éticos y las enseñanzas del Dhamma. Debemos adaptarnos y tomar siempre la vía correcta, que como ya sabemos, suele ser la más difícil.

Recuerda esto siempre. El mundo siempre va a tratar de tentarte con lo que quieres (Dinero, facilismo, comodidad), pero el Dhamma va a darte lo que realmente necesitas. Y lo que necesitas es muchas veces lo que no quieres. Cosas como tener disciplina, responsabilidad y voluntad para hacer las cosas. Esta clave es de una importancia imposible de describir en este espacio. Pero cuando tengas dudas y no sepas que hacer, esta clave presente en las Enseñanzas te mostrará claramente cuál es el camino que debes seguir y cuál es la decisión correcta que debes tomar. Solo tienes que guardar silencio, consultar el Dhamma, y encontrarás la respuesta correcta. Ve siempre por la senda segura.

Otro tema de gran confusión es el referente a los animales. Trabajar con animales o con elementos de consumo provenientes de animales es un tema de gran controversia ética actualmente. Mucha gente pregunta si debería o no trabajar en ese tipo de empresas. El caso es el mismo que el anterior, aunque tiene sus variantes. Si uno está seguro de que la empresa a la que uno puede aplicar literalmente maltrata animales o los utiliza de forma que les genere sufrimiento, la respuesta debe ser negativa. Y no solo eso. También debe denunciar de forma pública dicha empresa. El mundo ya no está para tolerar ese tipo de conductas. Pero de todas maneras hay que aclarar que no todo trabajo con animales significa maltrato y destrucción. Aun cuando no nos parezcan correctas.

Personalmente no estoy de acuerdo con los zoológicos. Los considero cárceles perpetuas para seres que no hay cometido ningún crimen. Me parecen denigrantes y creo que deberían acabarse definitivamente así como se hizo con los animales en los circos. Sin embargo, si una persona está en una gran necesidad, y además tiene familia, y tiene la oportunidad de trabajar en un zoológico, lo más obvio es que consiga ese trabajo. A veces lo urgente desplaza lo importante y en ese caso me parecería correcto que la persona labore en ese lugar si de verdad no tiene otra opción. Como siempre, puede hacer el bien desde allí. Cuidando, difundiendo información e involucrándose más en la defensa de los derechos animales. Pero de todas maneras lo mejor es nunca dejar de luchar por conseguir una forma de vida correcta y jamás dejar de buscar un empleo digno. Y cambiar de trabajo apenas se pueda.

Hay posiciones más radicales como la de algunos grupos veganos para los cuales la respuesta a este tipo de trabajos es siempre no y rotundamente no, sin importar las circunstancias. Pero estas opiniones son tanto ideológicas como políticas, y no representan el verdadero espíritu del Dhamma. De todos modos, el bienestar de los animales siempre debe ser tomado en cuenta en todos los contextos.

Otro punto importante sobre el recto modo de vida es el estar seguros de que el empleo que tengamos sí nos es conveniente y no nos hace daño. Y esto puede ser confuso. Por lo general, el principal o el único criterio que tomamos en cuenta para determinar si un empleo es bueno o no es la cantidad de dinero que nos pagan. Y este criterio no siempre debe ser la principal razón para aceptar un empleo.

Hay mucha gente que tiene un empleo muy bien pagado. Un sueldo suficientemente alto como para decir que son exitosos según los criterios de la sociedad. Pero este estatus es engañoso. Algunos de estos trabajos simplemente no le dejan espacio a la persona. Algunos no tienen tiempo para sus áreas personales, para sus relaciones, para su familia, para sus proyectos. Hay gente que no tiene horario fijo y no puede apagar nunca su teléfono celular.

Hay casos que van más allá del límite y le prohíben a la persona que apague su teléfono para que lo responda a las tres de la mañana para atender una emergencia a la cual no puede negarse por la amenaza de un despido inmediato. Hay gente que, literalmente, no puede alejarse a más de diez kilómetros de su lugar de trabajo porque tiene que llegar allí cuando se les llame sin importar el día ni la hora. Hay empresas esclavizantes que les quitan derechos básicos a sus empleados y estos no se atreven a quejarse por miedo a perder un pago alto y el estatus de un traje elegante.

Los maestros son claros también en este punto. Uno nunca debe tener un trabajo que lo absorba a uno de tal manera que el único tiempo libre que le quede sea solo para descansar. El Dalai Lama menciona esto de manera muy real. Dice que los occidentales tienen la triste costumbre de trabajar en exceso hasta enfermarse, y luego se gastan el dinero que ganaron trabajando en tratar de recuperar la salud que perdieron trabajando en exceso. Es un círculo vicioso muy tonto. Una radiografía perfecta de la deformada idea de éxito laboral que tenemos en occidente.

No debemos creerle a la sociedad cuando nos dice que matarnos trabajando para conseguir un estatus sobresaliente, es algo bueno. El mundo ha cambiado y la antigua fórmula de trabajar esclavizándose a uno mismo para conseguir los objetivos es cada vez más irreal. El afán de poseer, de tener, de llamarse propietario y de medirse según la cantidad, los números, las cosas y la propiedad, son fórmulas que pueden convertirnos en esclavos de nuestros propios objetivos, lo cual es un gran error.

Hay que formar una familia y mantenerla. Eso es indispensable para la mayoría de los laicos. Pero no es necesario tener una mentalidad de burro para vivir dignamente. El Buda nos enseña a ser sencillos, a matar la avaricia y la ambición maligna. Y a vivir contentos con lo necesario. Recuerda, el dinero es solo un medio para un fin, no un fin en sí mismo.

Un fragmento de la oración del Karanjua Metta Sutta dice que el que busque realizar el Nibbana debe: Estar satisfecho, ser fácil de sustentar, con pocas obligaciones y posesiones, con control en los sentidos, prudente, respetuoso y sin apegos. Esto no quiere decir que debemos ser mediocres y conformistas sin metas altas ni objetivos superiores. Esto quiere decir que debemos estar despiertos y no permitir que los parámetros del mundo nos devoren al tratar de encajar en ellos.

Varios estudios psicológicos sobre el suicidio muestran que el mayor porcentaje de suicidios ocurre en las clases altas. Muchas veces por problemas relacionados con desconexión emocional, falta de identidad propia, drogas y lo más frecuente, bancarrota. Hay gente que después de vivir en una vida de opulencia y exceso, simplemente no resiste la idea de tener que volver a empezar de cero. De tener que trabajar sirviendo a otros, tener que levantarse temprano todas las mañanas y tener que viajar en transporte público. Eso mismo también pasa en otros sectores económicos de clase media y baja. No solamente por perder, sino por haber podido ganar y al final no conseguirlo.

Si siguiéramos las recomendaciones de esta oración budista, Estar satisfecho, ser fácil de sustentar, con pocas obligaciones y posesiones, con control en los sentidos, prudente, respetuoso y sin apegos, nuestra visión del mundo sería muy distinta. Y aunque es imposible que una gran pérdida no nos afecte y nos deje mal heridos, tendremos la fuerza para curarnos y seguir luchando. Esa es la fuerza de la práctica budista. Levantarse una y otra vez como un guerrero. Si seguimos al Buda con devoción y seguridad, por más que la vida nos embista y nos deje caer fuertemente contra el piso, el suicidio no será más que un pequeño fantasma que no nos asustará y que haremos desaparecer con solo chasquear los dedos. No será más que una tonta y ridícula idea que se apagará con la más leve sonrisa.  

Así pues, este es un breve vistazo de cómo aplicar el recto modo de vida a un medio laboral, salvaje e inmisericorde. Si eres adulto esto te sonará familiar. Si aún eres muy joven esto te servirá y posiblemente te evitará más de una decepción. Trabajar es una bendición enorme y una necesidad de todo ser humano. Trabaja con convicción, recibe tus logros con sencillez, administra tu dinero con inteligencia y sirve a los demás con humildad. Vive acorde con el Dhamma y estarás en la senda segura. 

sábado, 29 de mayo de 2021

RECTA ACCIÓN


Este es el cuarto grado del Noble Óctuple Sendero y el segundo del bloque de la ética que, junto con el grado anterior del Recto Lenguaje y el posterior del Recto modo de vida, conforman la base ética de la práctica budista.

La recta acción trata sobre la ética y la moral budistas. Nos referimos a las acciones que se consideran correctas e incorrectas basándonos en la disciplina de las Enseñanzas. Este es un factor fundamental en la práctica budista, usualmente ignorado por las escuelas occidentales que suelen hacer gran énfasis en los beneficios, el bienestar y las satisfacciones que provee la práctica budista pero que casi no mencionan las responsabilidades, los compromisos y la disciplina que implica practicar el Dhamma. Por lo tanto, es un factor que requiere un análisis especial ya que suele ser una materia ignorada.  

En la ética budista, lo bueno y lo malo, o más exactamente de lo correcto y lo incorrecto, no se basan en los conceptos elementales de bondad/maldad, ya que estos conceptos son fácilmente relativizados y pueden ser intercambiados entre sí, haciendo que el bien se vea como mal y el mal como bien. Un dicho popular dice que la religión tiene el poder de hacer que personas buenas cometan atrocidades y que personas mentalmente sanas actúen como psicópatas. Es un ciclo constante en la historia. Cuando los soviéticos y los nazis se levantaron en sus respectivos países, lo hicieron teniendo como objetivo el bien para sus pueblos, ya que sus países estaban destruidos, hundidos en la miseria y en la servidumbre de malos líderes. Y en verdad consiguieron el bien que prometieron a sus pueblos pues los sacaron de la miseria que padecían. Pero el costo fue que se llevaron por delante la dignidad y la vida de muchas otras personas, y se convirtieron en los ejemplos del mal más grandes de toda la historia de la humanidad.

Nuestra comprensión simple e infantil de lo que está mal y de lo que está correcto nos lleva a tomar vías equivocadas de acción a las cuales les podemos dedicar toda la vida sin poder salir de ellas. Es lo que pasa con las ideologías políticas radicales y los religiosos extremistas. Los fanáticos están convencidos de que están en el lado correcto, de manera absoluta y sin cuestionamientos. Y lo creen de tal manera que incluso justifican el mismo mal y la destrucción para conseguir su visión de lo que es el bien, visión que en ningún momento es universal pues solo incluye a los que pertenecen a su grupo ideológico.

Los estadounidenses tienen un dicho muy práctico. El infierno está lleno de buenas intenciones. Este dicho quiere decir que mucha gente hace el mal queriendo hacer el bien. Lo cual deja como enseñanza mundana que decidirse a hacer el bien no garantiza que efectivamente se haga el bien, o que uno sea buena persona por querer hacer lo bueno. Esta interpretación del bien tan popular en occidente, relativiza toda ética y deja un hueco en toda moral por el cual la regla de “todo se vale” es permitida según esta concepción vulgar del mundo. Es como decir, en realidad ser bueno no es tan bueno, así que permitámonos ser lo más malos que podamos porque igualmente, tampoco es que sea tan malo. La contraparte podría ser otro viejo dicho católico. El que peca y reza, empata. Que va en la misma dirección que el anterior desde el ángulo opuesto. Puedes ser malo en alguna medida, total, lo único que hay que hacer es arrepentirse antes de morir y nadie te puede negar el cielo.

Estos dichos callejeros, explican perfectamente una gran falla de nuestro sistema de creencias materno y contrasta perfectamente con la disciplina ética budista.

En el budismo el bien y el mal no son una cuestión de blanco y negro. Simple y de fácil interpretación legal. En el budismo, los términos comúnmente usados para determinar las acciones son Kusala, que significa hábil, y Akusala, que quiere decir torpe, traduciendo estos términos de forma práctica y resumida.

El criterio para saber si una acción debe ser determinada como Kusala o Akusala es si la acción se realiza basada en la sabiduría o en la ausencia de ésta. El fundamento es la comprensión que se tenga de la naturaleza del mundo y la inteligencia con la cual se asuma e interprete esta naturaleza. El juicio se basa en el estado mental con el que las personas realizan las acciones. Si el estado mental que impulsa las acciones es un estado mental carente de sabiduría como la envidia, la avaricia, el odio, la ignorancia, entonces será una acción Akusala, sin importar la causa que impulse o que diga impulsar como la justicia. Serán acciones torpes que crearán mal kamma y traerán destrucción y sufrimiento a quien las realiza y a otros. Pero si la acción es basada en la sabiduría, es decir, en el amor, la compasión, la benevolencia, la generosidad, la creatividad y disciplina espiritual, entonces éstas acciones serán de naturaleza Kusala. Generarán buen Kamma y traerán bienestar, paz y bendiciones a quien las haga y a los que le rodean.

Volvamos por un momento a la relatividad de la ética occidental. En nuestra cultura, el bien y el mal son relativos. Lo que es bueno para uno, no es precisamente bueno para otro y viceversa. Los criterios pueden cambiar según la persona y los contextos, ya que los intereses y las necesidades varían. De ahí que el villano de la historia puede resultar siendo el héroe. Y el héroe a su vez, podría ser el verdadero tirano. Este es el fundamento de las guerras santas.

Si cambiamos este fundamento por la sabiduría budista, podemos llegar por medio del análisis a una neutralización de esta relatividad ética basándonos en el Dhamma. El Dhamma nos enseña la realidad del mundo. La verdadera naturaleza de las cosas. Cómo es que el mundo funciona en realidad. Esto nos genera el gran beneficio de eliminar ciertos conceptos estáticos y dañinos que nos mantienen en la ignorancia. Un ejemplo elemental de esto es entender el concepto de la interdependencia. La sola comprensión de esta doctrina a profundidad podría quitarle mucho peso a las razones que se tienen para hacer la guerra sin importar las causas de los conflictos. Y son muchas las doctrinas sagradas que el budismo enseña para comprender el mundo. Este será el piso y la base para comprender las cosas antes de realizar las acciones.

Teniendo esta visión del mundo clara, nos remitimos entonces a los conceptos hábiles enseñados por el Buda. Todas las Enseñanzas sobre la compasión, el amor universal y el sentido de justicia enseñadas por el Buda son las acciones que debemos aprender, seguir y realizar. Y no lo hacemos de forma ciega o simplemente por un mandato superior, porque ya comprendemos el origen de estas acciones y la forma en la que encajan en el mundo. Nosotros hacemos lo correcto por la simple razón de que es lo correcto, y ya. No hay más variables. No hay premios ni castigos, chantajes o amenazas. Por lo tanto, la posibilidad de que nos manipulen con nuestro propio código ético es muy baja. Aunque nunca nula.

El que una acción Kusala nos traiga buen Kamma no es un premio otorgado por alguna conciencia cósmica por haber hecho el bien. Es simplemente una consecuencia natural del orden de las cosas. De la misma forma que el descanso y el placer que sentimos al tomar agua fresca cuando estamos sedientos no tiene que ver con que nos hidratemos o nos muramos de sed. Simplemente es parte del proceso y ya. Con o sin ese placer, debemos tomar agua para que la deshidratación no nos mate.

Obviamente en los contextos culturales y religiosos, este sentido se pierde y la gente hace buenas acciones y rituales para generar buen Kamma. Pero eso es solo una consecuencia lógica de la práctica tradicional en una sociedad y la formación de su cultura. Y contrario a lo que pueda parecer ya que se compara con el sistema cristiano, no es algo malo. De hecho, es algo bueno.

Este mecanismo de interpretación del kamma es necesario para que las tradiciones budistas se esparzan por todo el mundo, para la enseñanza de los más pequeños y para ayudar a enfocar a las personas que están pasando por sufrimiento o gran necesidad. Y para conservar el Dhamma y la doctrina budista a través del tiempo y las generaciones. A la persona que de verdad se encuentra necesitada de ayuda, no le importa tanto saber por qué funcionan las cosas, o al menos no es su principal preocupación. Lo que le importa es saber cómo funcionan las cosas. Qué es lo que tiene que hacer. Por eso el ritual es importante. Porque enfoca la mente en realizar la acción sin necesidad de perderse en conceptos intelectuales, sin dejar de lado que estos también son importantes. De hecho, estas son las primeras acciones de los niños dentro del budismo mientras crecen y comprenden todo lo que necesitan comprender conceptualmente. Los maestros cuentan historias sobre budistas que han llegado a la iluminación sin haber estudiado el Dhamma, sino solamente rastreando la budeidad en su interior a través de acciones correctas enseñadas en la tradición.

Además de eso, el ritual y el simbolismo son elementos que identifican a la Sangha y fortalecen sus lazos. Si una persona quiere saber sobre el budismo y de casualidad me ve pasar con un rosario budista, seguramente se acercará a preguntarme sobre ello y así se genera una gran oportunidad para hablar sobre el Dhamma. Jamás debe subestimarse la importancia de lo simbólico.

¿Pero es el ritual una acción falsa? En modo alguno. Si es cierto que a final de cuentas, la práctica budista es el verdadero paso de realización más allá de las creencias y los rituales. Es en la práctica, y no en la teoría (rituales y ceremonias), donde en realidad se comprenden las Enseñanzas del Buda. Eso no se cuestiona. Pero el ritual mantiene viva y fuerte la voluntad del practicante y su intención de práctica en todo sentido. En el sentido espiritual, el mental, el físico y en general. El ritual es la introducción a la acción, pero no la acción real. Y quedarse solo en el ritual y la ceremonia es hacer la introducción del trabajo sin presentar el trabajo.

Interiorizar la doctrina del Kamma y toda la Enseñanza del Buda es como aprender a bailar o a cocinar. Puedes leerte todos los libros del mundo referentes a estas artes. Pero hasta que no empieces a bailar o a cocinar en la realidad, no vas a tener idea de qué estás hablando. Por eso las creencias y los rituales no sirven de nada y carecen de significado sin una práctica verdadera y contínua.

Dicho sea de paso, este es el gran peligro del budismo occidental. Mucha recitación, mucha puja, mucho japamala, mucha postración, mucha meditación guiada y grupal, mucha charla y reverencia al maestro. Pero de la disciplina ética y la práctica real, más bien poco. Es mejor pagar el retiro, meditar en una cabañita lejos de la ciudad y llegar a casa relajado pensando que “he practicado”.

Hablemos de forma específica y práctica de la recta acción enseñada por el Buda. En el cuarto grado del Noble Óctuple Sendero se fundamenta lo que conocemos como Los preceptos budistas. Nuestro código de conducta. Para nosotros los laicos, son los Cinco Preceptos. Estos preceptos son los pilares de nuestra ética y la guía moral para interactuar en nuestra sociedad.

Nuestros cinco preceptos son:

1.    Abstenerse de matar y proteger la vida.

2.    Abstenerse de mentir y decir siempre la verdad.

3.    Abstenerse de robar y ser generoso.

4.    Abstenerse de conducta sexual inapropiada y proteger la dignidad de los seres.

5.    Abstenerse de consumir sustancias tóxicas y embriagantes y cultivar el estar despierto.

Como podemos ver. Los cinco preceptos no solo procuran no hacer acciones torpes, sino además contrarrestarlas con acciones nobles o hábiles. Como laicos, debemos tener nuestro código ético siempre a la mano como parte del Dhamma y practicarlo todos los días de forma continua y disciplinada. La recta acción es la guía para habitar el mundo en paz y nos protege del mal que nos pueden generar otros y nosotros mismos. Esta es solo la base. Los cinco preceptos pueden ser complementados con muchas otras prácticas budistas, pero son la base de práctica de todo budista.

Igualmente, podemos hacer una práctica intensiva de los preceptos en días especiales dedicados al Buda. Por ejemplo, podemos anexar temporalmente otros preceptos pertenecientes a los monjes durante un retiro como pueden ser abstenernos de toda conducta sexual con nuestra pareja, hacer ayuno, privarnos de las distracciones como el televisor y el internet y no usar adornos ni prendas para embellecer. Algunos laicos realizan retiros profundizando los preceptos durante los días especiales haciendo que la práctica del Dhamma se mantenga fuerte los demás días.

En este blog podrás encontrar cinco artículos como este, cada uno dedicado a cada precepto budista para los laicos.

Además de los cinco preceptos, podemos anexar otras prácticas muy benéficas como los son las seis paramitas enseñadas con gran amplitud en el Vajrayana. Las seis paramitas o seis perfecciones son: Generosidad o Dhana, Disciplina o Sila, Paciencia o Khanti, Diligencia o Virya, Concentración o Samadhi y Sabiduría o Prajna. Estas seis prácticas realizadas con detenimiento y profundidad pueden potencializar los cinco preceptos y nuestro conocimiento de la sabiduría del Buda y su aplicación en el mundo.

En nuestro contexto actual, tan contradictorio, caótico e influenciado por la tecnología, para bien y para mal, es necesario tener un código de conducta claro y practicarlo correctamente. Es como tener un escudo que te protege de tus propios errores y de las conductas torpes de los demás. El recto lenguaje que analizamos en el artículo anterior es un elemento de importancia inimaginable en contextos como el nuestro. Especialmente útil en la comunicación virtual a la que ya estamos obligados. Por eso también hace parte del bloque de la ética.

La ética hace referencia más que todo a los fundamentos sobre los cuales consideramos las cosas como correctas e incorrectas desde el punto de vista personal. Es lo que evidencia nuestra integridad. Por eso, ciertos puntos de vista éticos pueden variar de una persona a otra sin que el objetivo principal, es decir la moral, cambie.

La moral se refiere a un conjunto de costumbres o valores que un grupo social considera dignas y virtuosas. La moral es el código de conducta general que una sociedad desarrolla para proteger el conjunto de todos los individuos que la conforman promoviendo pautas de interacción y valores que unifican el grupo y mantienen la armonía entre las personas. Básicamente es lo que nos dice cómo debemos tratar a los demás y cómo comportarnos con los nuestros. Así tenemos la moral cristiana, la moral humanista, la moral musulmana, la moral hinduista, etc.

Nuestra moral budista se basa en los cinco preceptos, la devoción al Gran Maestro y a sus Enseñanzas en general. La moral budista es todo lo que nos une con otros hermanos budistas. Son las Enseñanzas. Es esa fuerza gravitacional que une todo lo que llamamos La Sangha. 

La ética es la forma personal en la cual nosotros interpretamos nuestro código moral y esta puede variar. No todos tenemos las mismas opiniones. Un ejemplo muy pertinente de esto en nuestro contexto es el tema del vegetarianismo. Muchos budistas son vegetarianos y muchos otros no lo son. El vegetarianismo es una opción ética dentro de la práctica. Pero no serlo también es una opción válida y no contradice nuestra moral. Esta es una diferencia ética. Y en ambos casos, si se siguen las Enseñanzas del Buda con disciplina y dedicación, los practicantes podrán cumplir sus objetivos y llegar a la iluminación sin ningún problema. El mismo Buda cuando se le presentó este problema, dijo que el tema del vegetarianismo NO debe ser un factor de división en la Sangha. El ser o no vegetariano es una diferencia ética. El seguir las Enseñanzas del Buda es nuestra base moral. De esta manera las Enseñanzas no se convierten en una camisa de fuerza a la cual debemos ajustarnos sin tomar en cuenta condiciones y contextos diferentes o más difíciles.

Para saber más sobre el vegetarianismo en el budismo busca nuestro artículo Veganismo y vegetarianismo en el budismo, que podrás leer en este blog. 

La ética se fundamenta en valores familiares y principios con los que tomamos decisiones vitales y cotidianas en el mundo. Es el sentido del bien personal que usamos con nuestros semejantes y con nosotros mismos. Si tenemos una oportunidad de robar un dinerillo sin que nadie nos vea, sin que nadie salga lastimado (aparentemente) y sin que no haya daño (aparentemente), la ética es la mesa sobre la cual tomaremos la decisión de robarnos el dinerillo o avisarle a su legítimo dueño que lo guarde debidamente.

Es muy fácil estudiar la doctrina, pero ponerla en práctica no lo es tanto. Seguramente será muy fácil tomar la decisión correcta para una persona a la que no le falta el pan. Pero para alguien que está pasando hambre, las cosas no son tan simples y sin embargo, a diferencia de la ética en blanco y negro, nuestra doctrina nos enseña que con inteligencia y sabiduría, siempre se puede encontrar la manera de hacer lo correcto sin importar las dificultades. Siempre.   

Por último, hay que tener algo en claro. Cuando uno toma un camino espiritual y una estructura ética y moral, uno adquiere el compromiso de seguirla. Es decir, uno se mete en el camino para seguirlo fielmente, no para cambiarlo y que vaya en nuestra dirección. Esto significa que debemos dejar de guiarnos a nosotros mismos y dejar que la Enseñanza nos guíe a nosotros, lo cual no es fácil. Por lo general nos ganan los sentimientos y de manera inconsciente solemos hacer que las cosa vayan según nos convengan para justificar nuestras acciones. Por ejemplo, es muy fácil pensar que tenemos un fuerte sentido de la justicia cuando en realidad no somos más que unos rencorosos seguidores del “ojo por ojo y diente por diente”, algo totalmente inhábil. Solemos confundir justicia con venganza, y sentido del bien con rencor. Nuestro instinto básico de supervivencia nos dice con fuerza que debemos responder mal con mal. Responder a la violencia con otra violencia mayor y justificada. Pero el Dhamma nos dice otra cosa. Y domar a la bestia es difícil. Por eso la doctrina es un gran refugio y un gran escudo. Porque nos protege de nuestro peor enemigo. Nosotros mismos. Y es difícil abandonarnos a nosotros mismos y obligarnos a seguir el camino que ya hemos decidido seguir. Ser disciplinado es difícil. Por eso la Recta Acción es una práctica del Noble Óctuple Sendero.

El Buda dice:

3. Me hizo insultó, me hizo daño, me venció, me robó. Aquellos que piensan tales pensamientos no estarán libres del odio.

4. Me hizo insultó, me hizo daño, me venció, me robó. Aquellos que no piensan tales pensamientos serán libres del odio.

5. Porque el odio no es vencido por el odio. El odio es vencido por el amor. Esta es una ley eterna.

Dhammapada. Versos 3-5.

Esta Enseñanza del Buda es muy difícil de seguir. Sobre todo en nuestro tiempo, en el que la sangre se calienta tan fácilmente y se nos ofrecen mil razones y argumentos ridículos para ofendernos por cosas que no existen como abusos imaginarios y discriminaciones fantasmas. Herramientas para encender el odio en nosotros con el único objetivo de usarnos como proyectiles políticos y propagadores de odio. “Hay enemigos en todas partes”, es lo que constantemente nos susurran, “y es nuestro deber destruirlos”, es lo que el mundo nos quiere hacer creer.  

Cortar el fuego del odio que hay en el mundo y que quiere consumirnos requiere escuchar detalladamente al Buda, y seguir su verdad.

Recuerda: cuando los sentimientos intensos de odio o alegría, euforia o tristeza, emerjan y te dominen, detente y NO tomes ninguna decisión. No confíes en ti mismo. No confíes en quien enciende tu odio. Busca primero la paz y decide. Y si no sabes que hacer, busca la sabiduría del Buda y toma una decisión correcta basada en el Dhamma. Hazlo, y estarás en la senda segura. Esto es la recta acción.

lunes, 5 de abril de 2021

RECTO LENGUAJE

 
El tercer grado, el recto lenguaje, inicia el bloque que comprende la ética en el Noble Óctuple Sendero. Es un grado de una importancia muy importante porque el lenguaje es el medio por el cual recibimos el Dhamma y en gran parte lo practicamos. El lenguaje es nuestra carta de presentación, la primera referencia de nuestra educación y el instrumento principal para relacionarnos con otros. Por eso su importancia es tan alta.

Hay algo muy importante que debemos tener presente siempre. La lengua debe ser controlada. La mente dirige el habla y el habla dirige las acciones. Las palabras son la antesala de las acciones. Tienen el poder de generar o evitar acciones en nosotros y en los demás. El poder de las palabras rara vez se estima en su verdadero valor, pero su efecto es inevitable. Como la crecida repentina de un río, una vez desatada no tiene retorno y sus consecuencias son inevitables. Más ahora que las palabras se han hecho tan baratas y mal usadas por las comunicaciones virtuales. Mucha gente a destruido su carrera y su vida por una palabra mal puesta en una red social. Muchas vidas han sido destruidas por la lengua venenosa de otros.

El Buda advierte sobre cuatro tipos básicos del mal uso de la palabra:

El primero es la falsedad. La mentira.

Un mal uso de la palabra que aprendemos desde muy temprano y a veces de forma casi instintiva. Desde niños estamos mintiendo. Sin un marco ético claro, un niño puede acostumbrarse a mentir hasta que en la adultez su palabra ya no valga nada y sus relaciones sean un desastre.

Las razones que tenemos para mentir son siempre debilidades de la personalidad. Síntomas de inmadurez. Lo que nos impulsa a mentir son sentimientos inferiores que nos mantienen débiles y dependientes de circunstancias indeseables. Tales sentimientos son el miedo, la culpa, la vergüenza malsana, la avaricia, la lujuria, el odio. No hay sentimiento ni acción negativa que no se cubra con el manto de la mentira. Por eso la mentira es un síntoma de que algo no está bien con nosotros mismos y aún nos falta madurar en algún área específica.

Podemos usar la mentira como un termómetro del grado de falencias que tenemos a nivel personal. Evidencia buena parte de la calidad de nuestra integridad. Una persona mentirosa no puede ser digna de confianza. Y si no hay confianza, no puede haber lealtad ni respeto. Estas tres son condiciones fundamentales para forjar una buena relación en lo personal, en lo familiar y en lo íntimo. No puede haber buena unión con un mentiroso. Y no importa que tan buen mentiroso se llegue a ser, siempre caen.

Y por cierto, desde el punto de vista budista, omitir es lo mismo que mentir. Al igual que las mentiras blancas, eso de que no te mentí, solo no te di toda la información porque no me la preguntaste, es exactamente igual que mentir descaradamente y mirando a los ojos. No hay diferencia entre una cosa y la otra. Manipular la información para la propia conveniencia, mezclar mentiras con verdades, y decir verdades a medias, todo esto entra en la categoría de mentira. Y tal vez sea un tipo de mentira todavía más descarada que la sola y simple mentira. Así que en el recto uso del lenguaje no hay lugar a trampas ni a atajos. O se dice la verdad, o se oculta la verdad. No hay grises ni matices para la conducta correcta. 

Cuando se comenta este tema, se suelen nombrar áreas grises. Circunstancias especiales en las cuales mentir no solo es solo aceptable, sino también necesario. Hablamos de las llamadas “mentiras blancas”. Mentiras benévolas que se dicen para no herir los sentimientos, la sensibilidad o la inocencia de personas mentalmente sensibles o vulnerables.

El problema con estas mentiras es que en principio se invocan para proteger la mente de personas que queremos proteger, como los niños. Pero luego este mismo principio es justificado para mentir por cualquier cosa. Mentirle a tu mujer cuando te pregunte si está gorda, a tu jefe cuando quieres dar una buena impresión o a cualquier persona frente a la cual quieres quedar bien y evitar incomodidades. La mentira blanca poco a poco va tomando un tono gris y luego se puede usar sin mayor remordimiento para mentir de cualquier forma y ante cualquier persona porque después de todo, “una mentirilla blanca no le hace daño a nadie”.

El ejemplo que siempre me ponen es el del niño que se encuentra una situación difícil de adultos y que pregunta qué está pasando. Como una muerte, una separación, un acto terrible de sus padres, etc. Los casos varían, pero el punto es que a los niños hay que darles información hasta donde puedan entenderla y de la forma en la que puedan entenderla. Como hacía la mamá de Forest Gum. La cuestión es que el niño tiene unos tiempos para irle dando la información que va pidiendo según va entendiendo el mundo. La gente olvida su niñez y llega a creer que ser niño es ser tonto o limitado mental. Esto no es cierto. Al niño hay que darle las explicaciones que va pidiendo según el ritmo de su desarrollo, pero en ningún caso es inevitable tener que mentirle. Posteriormente, veremos unas claves que el Buda nos da para entender este punto.

La conclusión es que no hay tal cosa como “mentiras blancas”. Este término inicia escudándose en la inocencia de los niños o de personas amadas a las cuales se les quiere proteger los sentimientos, y con la misma lógica termina siendo usado para justificar todas las mentiras. Toda mentira blanca se usa para no herir los sentimientos de alguien. La trampa está en que en principio, la excusa es proteger a la persona a la cual se le miente, pero en realidad y al final de cuentas la mentira blanca siempre tiene como principal objetivo proteger los sentimientos de quien la dice, del mentiroso, no del engañado. Porque simplemente no tiene las herramientas para lidiar con la respuesta emocional de la persona a la que le está mintiendo si le dijera la verdad.

Toda mentira siempre tiene como objetivo proteger al mentiroso, no a la víctima de la mentira. Siempre. Así se trate de niños o adolescentes.

Esto tampoco quiere decir que a las personas que debemos proteger debemos dispararles la verdad en la cara como lo haríamos con cualquier adulto totalmente responsable de sí mismo. Recordemos que estamos hablando de aprender a tener un Recto lenguaje. Es decir que en casos delicados lo mejor es que la persona tenga herramientas de recto lenguaje para hablar correctamente en situaciones difíciles. Las personas que no tienen un uso correcto de su palabra inevitablemente van a mentir porque no tienen nada que aportar. Pero una persona que sí se preocupa por este punto y lo cultiva, encontrará la manera de ayudar a los demás, siempre con la verdad.

El mentiroso siempre está buscando un refugio para escapar de una consecuencia indeseable. La furia del estafado se convierte en acciones legales en su contra. La indignación de la esposa engañada termina en divorcio. La decepción de un público ilusionado se transforma en la más agria vergüenza y en repudio. No hay mentira que no pueda iniciar como “mentira blanca”. Como una pequeña bolita de nieve en la cima de una colina para luego bajar haciéndose cada vez más rápida y más grande, y terminar siendo como una inmensa bola de hierro que acaba con todo a su paso. Todos conocemos casos así, no hay mucho que explicar. 

Siempre hay manera de ser honesto sin necesidad de herir con las palabras, independientemente de que las circunstancias inevitablemente sí sean dolorosas. Pero nosotros no somos responsables por las cosas dolorosas que pasan en la vida. Solo somos responsables por nuestras acciones.  Por nuestras palabras.

Mentir es el vicio del vicioso. Del drogadicto, del alcohólico y del desleal. Mentir es el camino más fácil a ser esclavos de nuestros propios deseos vulgares. El segundo mal uso de la palabra tiene que ver con este.

El segundo mal uso de la palabra es el habla agresiva, hiriente o dañina.

Es muy frecuente, sobre todo en las redes sociales, que en medio del debate, la discusión y la exposición de argumentos contrarios, se use un lenguaje insultante para desacreditar la postura del otro, o al otro. Muchas veces no se debate con respeto.

El hecho de que uno esté exponiendo algo que es la verdad, o que uno crea que es la verdad, no es justificación para agredir o atacar a la persona que presenta argumentos opuestos. Insultar tiene el efecto contrario a lo que se quiere en un debate, y puede hacer que una persona se aferre más a la mentira o a la ignorancia como reacción a haber sido herida por una persona que pudo haberle dado el mismo mensaje, pero con palabras más apropiadas y corteses. Tener la razón no justica el ataque personal. Irrespetar a otro con la palabra, en lugar de rebajar al otro lo rebaja a uno mismo por mostrar una cultura baja y una personalidad infantil. Y eso a su vez, desacredita el mensaje que uno está dando sin importar que este sea verdad o no.

Las palabras agresivas, soeces e insultantes, predisponen a la mente a un estado de ataque o defensa. Preparan el cuerpo para realizar o recibir una agresión. Las personas más cultas y más elevadas del mundo, son aquellas que pueden expresar una gran insatisfacción y una gran molestia (incluso en estados mentales de enfado), sin pronunciar una sola palabra vulgar y sin maldecir una sola vez. Esta cualidad es muy valorada por los sabios y muy apreciada por la sociedad. El control de las palabras es el control de la mente. Es una gran prueba de una práctica bien llevada. Este es el modo en el que hablan los maestros.

La elegancia en el hablar en cualquier circunstancia, más que todo en las circunstancias complicadas, demuestra cultura e inteligencia. Y es la característica de una persona correcta e íntegra. El hablar adecuadamente genera respeto ante la persona culta y ante la persona inculta.

El tercer mal uso de la palabra es el chisme y la conversación banal.

Las redes sociales han demostrado que el chisme es tan adictivo como la droga. El chisme y el habla superficial y vacía es la marca de una persona ignorante y poco culta. En el sentido ético y académico también. Y no estamos hablando de que ser analfabeta te predispone a ser chismoso. Estamos hablando de las personas que nunca han tenido gusto por cultivarse culturalmente y siempre se han mostrado reticentes al estudio y al aprendizaje. La mente no se detiene y siempre busca llenarse con algo. Si la mente no se cultiva correctamente con material que le haga trabajar, buscará material fácil, de satisfacción instantánea y de calidad baja. Eso es el chisme.

El chisme es muy placentero porque genera mucho morbo. Y el hablar mal de otros o meterse en la vida íntima de los otros es una práctica muy morbosa, y por lo mismo muy placentera. Es una de las formas de placer más vulgar. Propio de gente ignorante y de moral baja.

El chisme es el vicio del perezoso. Por lo general es una costumbre de gente que no tiene mucho que hacer. Que no se ocupa en algo útil. Desgraciadamente, las redes sociales concentran muchísimo esta forma de lenguaje. El chisme y los medios vulgares mueven cantidades colosales de dinero. Las revistas de chismes, los programas de chismes, los noticieros amarillistas, son una industria gigantesca que induce el chisme en la población para convertirlo en dinero. Y funciona perfectamente. Privarse de ese contenido es también un buen uso del lenguaje porque mucho de lo que hablas es consecuencia de lo que recibes del mundo.

También es importante no generar el chisme ya que es extremadamente fácil hablar de otros cuando estamos detrás de una pantalla y un teclado y no estamos dando la cara. Si hacerlo en persona es fácil, hacerlo virtualmente lo es mil veces más. Hablar mal de una persona ausente, es propio de cobardes.

Una persona consciente de su uso del lenguaje, procura no hablar de un tercero cuando no está presente. Aunque a veces es algo ineludible.

Por lo general se dice que para evitar caer en conversaciones maliciosas, uno debe hablar de alguien que no está como si estuviera ahí. Pero es mucho mejor tomar la siguiente decisión. Cuando vayas a hablar de alguien que no está presente, intenta hablar, no solo como si la persona de la que hablas estuviera presente, sino como si la madre de esa persona te estuviera escuchando. Esto ayudará a que condiciones tu lenguaje de una manera correcta, sin importar que lo que tengas que decir sea agradable, o sea algo duro y difícil.

De todas maneras, lo correcto es no hablar a las espaldas de otros. Ciertamente, se siente algo de satisfacción cuando una persona llega a ti con esas ganas incontenibles de hablar mal de otro, y tú la detienes y le dices que no te interesa porque te parece de mal gusto hablar a espaldas de los demás. La cara que ponen es muy graciosa. En verdad se avergüenzan. Mucho más cuando lo dices en voz alta para que todos lo escuchen.  Tú le interrumpes y le dices: Por favor, te agradezco que no me cuentas cosas de otros porque NO ME GUSTA ESCUCHAR CHISMES. ME PARECE DE MAL GUSTOOO.  Así, en voz alta. Todo mundo se queda mirando y la persona te pone esa cara de perro rabioso.

Le haz avergonzado, sí. Pero en principio es por su bien, para recordarle que lo que hace está mal. También es por tu bien, porque en verdad no quieres ese tipo de persona encima de ti echándote basura (por lo general el chismoso es muy pegajoso), ni esa charla dañina. Y solo será una vez porque, una vez que lo hagas, le va a quedar absolutamente claro qué tipo de persona eres tú, y no volverá a acercarse para decirte un chisme jamás. Además, se alejará de ti, y eso es bueno. El Buda dice que uno debe alejarse del necio. Y si el necio se aleja de ti, pues mucho mejor. Técnica garantizada. Veamos el cuarto mal uso de la palabra.

La difamación y la calumnia.

Hacerle el mal a otro a través de la palabra jamás fue tan fácil como ahora. Hoy en día tenemos el poder de destruir carreras, familias, vidas e incluso generar suicidios a través de una línea escrita en una red social. Se le llama linchamiento social, y es comúnmente usado para impulsar activismo político y causas sociales que no están basadas en la verdad ni en la realidad. 

Ya hay casos de hombres que se han suicidado por haber sido acusados falsamente de agresores sexuales sin que se presentara nunca una mínima prueba de ello. Hay mujeres a las cuales se les ha destruido el honor y el futuro de la misma forma, solo por envidia y cualquier tipo de rencores. Muchas mujeres han sido expuestas en su intimidad por haber confiado en la persona equivocada. La difamación, la calumnia y el escarnio público alimentan el punto anterior del chisme, el morbo y la charla banal.

Este es el vicio de las serpientes envidiosas. De las personas rencorosas, resentidas y de autoestima subterránea.

Hay que mencionar que por lo mismo, no es recomendable tener la vida privada de uno publicada en donde cualquiera pueda verla. Hay gente muy enferma buscando ese tipo de información. Siempre para hacer el mal.

Por otro lado, hay que denunciar la injusticia. Pero hay que denunciarla con pruebas. Con información real. Con hechos comprobables. La injusticia se denuncia cuando es real, no cuando nos parece que “algo es injusto” o nos hace “sentir feo”. El me parece y el yo siento, NO son fundamentos para determinar la injusticia. Hoy, acusar a una persona por odiarla y fingir frente a la opinión pública es tan fácil, que el odio más inmaduro puede crear una catástrofe que puede terminar en tragedia. Es algo muy serio porque sin el arbitrio de la ley, sin pruebas ni argumentos comprobables y sin sentido común, mucha gente inocente es destruida por este tipo de injusticia. Hay gente muy trastornada allá afuera. Y las redes sociales están a su alcance.

Nosotros, como consumidores de redes sociales, no somos más que números. Somos como una ola enorme que se deja subir y bajar por una marea de opiniones y emociones ajenas sin detenernos a pensar realmente de dónde vienen tales opiniones, o si al menos son verdad. Solo basta poner la foto de un hombre en internet, poner abajo un letrero de abusador, y escribir un evento resumido con una ciudad y una fecha y listo. El tipo ya ha sido sorprendido, juzgado y condenado públicamente sin siquiera pasar por las manos de un solo policía o juez. Sin un mínimo de comprobación. De forma gratuita e instantánea.

¿Cómo podemos saber si se está cometiendo una injusticia? ¿Si el tipo en verdad es, o no es, un abusador? La realidad es que no tenemos como saberlo y en primer lugar no nos corresponde a nosotros, la opinión pública, determinar si una persono es o no culpable de algo. Mucho menos basándonos en una imagen que alguien publicó en internet.  Determinar tal cosa es imposible a través de unas publicaciones de internet puestas ahí y ya. Es la autoridad y los organismos judiciales los que deben intervenir, investigar y determinar culpabilidad en delitos. Después de que haya habido un proceso que incluya todas las versiones y una decisión de la justicia, estaremos en una posición relativa de hablar al respecto como opinión pública. E incluso así, ni siquiera deberíamos hacerlo. Porque ese tipo de temas estaría más cerca del morbo que de otra cosa.

Debemos estar conscientes de la injusticia en nuestra sociedad. Luchar contra ella y tomarla como ejemplo para mostrar las consecuencias del mal. Pero basándonos en la realidad. Con justicia y con veracidad en los hechos. No con rumores ni fotos con declaraciones fantasmas. Debemos tener bien presente los conceptos de calumnia, falso testimonio y falsedad.

Cada vez que entres a una red social, debes recordar que frente a un teclado, es muchísimo más fácil mentir que en persona. Y que de hecho, seguramente más de la cuarta parte de lo que escribe la gente en las redes sociales, es mentira para ganar atención y subir números.

Solo podemos hablar de verdad cuando nos basamos en la realidad. Todo lo demás, son especulaciones maliciosas.

La técnica de las redes sociales consiste en apuntar a la indignación humana, a la emoción sensible, a la injusticia con imágenes fuertes que estimulan el sentido de dolor y de injusticia. Pero sin pruebas reales de ello. Sin embargo hacen el daño fácilmente y nos dañan la cabeza con remordimiento y culpa social para que demos clics a su favor y aportemos odio a sus causas.

¿Qué debemos hacer en esos casos? Ser pacientes. No permitir que nuestras emociones sean estimuladas a través de la indignación social. Antes de tomar partido ante una situación, las cosas deben pasar primero por nuestra inteligencia y nuestra razón antes que por nuestros sentimientos. Si lo juzgamos todo basándonos primero en nuestros sentimientos, ya perdimos, y estaremos trabajando gratis para cualquier causa falsa.

En estos casos debemos abstenernos de opinar porque simplemente no vamos a tener toda la información que se necesita para emitir un juicio acorde a nuestro sistema ético que es el Dhamma. Y por más que una persona denuncie y diga, mientras no muestre pruebas contundentes, existe la posibilidad de que esté mintiendo. Y si está mintiendo, nos estará usando como idiotas útiles para su propio rencor. Y un practicante del Dhamma no puede dejarse usar como un pobre idiota útil. Para ninguna causa. Sin importar lo justa o buena que parezca ser. Nuestro fundamento es la inteligencia. No la sensibilidad emocional.

En pocas palabras, debemos estar siempre atentos para no caer en el juego de las pasiones y ser manipulados por nuestras emociones para ser usados como títeres de la injuria, la calumnia y el linchamiento público. Esta es otra epidemia de nuestro tiempo. Y estará con nosotros para siempre. Estas son las cuatro advertencias del Buda sobre el mal uso de la palabra.

En lo que a este grado del Óctuple Noble Sendero respecta, tenemos un gran problema con internet. Con las redes sociales. Regular el lenguaje en las redes sociales y aplicar las Enseñanzas del Buda en la forma en la que nos comunicamos a través de ellas es muy difícil. A primera vista, puede parecer que las recomendaciones del Buda sobre el recto lenguaje aplican solo para hablar en persona. Pero no es así. Hoy en día nos comunicamos más a través de las redes sociales que en persona. Y no es así solo por la pandemia. Ya es una condición intrínseca en la gente y su relación con los teléfonos y computadores. Ya no hay marcha atrás.

Las Enseñanzas del Buda son la verdad, y por lo tanto son aplicables en absolutamente todo contexto humano sin importar los cambios que sucedan. Debemos hacer el esfuerzo de aplicar las Enseñanzas del Buda en cuanto al uso del lenguaje en lo que leemos y escribimos en las redes. En lo que damos y recibimos. Incluso es recomendable eliminar algunos contactos que sabemos que nos entorpecerán el camino, de la misma manera que debemos alejarnos de las personas que solo nos llaman para emborracharnos. Como hemos dicho, no es fácil. Pero si la práctica fuera fácil, no funcionaría ni traería ningún resultado real.

Procuremos que lo que leemos y lo que escribimos en nuestras redes sociales, sea verdad, sea útil, y sea benéfico. Si cumple estas tres condiciones, es digno de comunicarse. Si no cumple así sea una de estas condiciones, no vale la pena comunicarlo.

Veamos más recomendaciones puntuales del Buda sobre cuándo hablar y cuándo no hablar.

El Buda presenta seis casos específicos en los cuales debemos detenernos y decidir si debemos hablar, o si por el contrario lo mejor es permanecer en silencio. Los criterios para determinar estos seis casos son: Verdadero/Falso. Beneficioso/No beneficioso. Agradable/Desagradable.

EL Buda explica que:

1.    Cuando algo es falso, no beneficioso, y es desagradable; no debemos hablar.

2.    Cuando algo es verdadero, no beneficioso, y es desagradable; no debemos hablar.

3.    Cuando algo es verdadero, beneficioso, y desagradable; sí debemos hablar. Pero hay que buscar el mejor momento para ello con inteligencia y buen criterio.

4.    Cuando algo es falso, no beneficioso, y agradable: no debemos hablar.

5.    Cuando algo es verdadero, no beneficioso, y agradable; no debemos hablar.

6.    Cuando algo es verdadero, beneficioso, y agradable; sí debemos hablar.

Estas son las seis recomendaciones del Buda para saber cuándo es conveniente hablar y cuándo guardar silencio.

Usar esta tabla y medir nuestras palabras es un ejercicio altamente recomendado para aplicar en nuestro lenguaje en las redes sociales y en nuestra vida cotidiana. Pero para poder usar esta tabla debidamente, nos hace falta un elemento fundamental, olvidado por la humanidad, muy malinterpretado y con un poder de buen Kamma inimaginablemente grande. El silencio.

Tenemos que aprender a usar el silencio para poder utilizar debidamente nuestro nuevo código del recto lenguaje. El silencio es muy subestimado. Se malinterpreta como debilidad. Como derrota y a veces como maldad. Pero el silencio bien usado, es a veces más poderoso que la misma palabra. Los grandes maestros budistas de la historia, conocían la importancia de guardar silencio en el momento apropiado. Manejaban el silencio con autoridad. Y hasta enseñaban con él.

Manejar el silencio es tan importante como saber manejar la palabra. De los seis criterios que nos da el Buda, en cuatro de ellos hay que abstenerse de hablar y solo en dos hay que saber hablar. El uso del silencio duplica el uso de la palabra.

El silencio es muy útil y muy poderoso. Si conoces la Enseñanza del Buda sobre los insultos, recordarás que el Buda dice que los insultos son como los regalos. Si no los recibes, se quedan con quien los trae. Es decir, si no respondes al insulto, si no continúas la cadena, si guardas silencio, el insulto inevitablemente regresará a su dueño como un regalo que no fue recibido. Recuerda eso cuando sientas deseos de empezar a pelear en internet. Te ahorrará muchas fallas en el recto lenguaje. Cuando la conversación se pone hostil, la mejor respuesta es el silencio. Además de evitar que surjan emociones negativas en ti, puede hacer que la persona hostil cambie de estrategia, ya que la hostilidad no le ha funcionado.

En las redes sociales, silencio significa simplemente desactivar las notificaciones de la persona mal hablada, apagar el aparato e ir a buscar algo mejor que hacer. Que hay bastante. En el mundo real es donde verdaderamente podemos apreciar el poder del silencio. 

El silencio tiene un poder adicional. Tiene un efecto muy importante en la mente. Resulta que cuando guardas silencio, tu cerebro sufre un cambio radical y muy benéfico. Cuando te callas, observas. Cuando guaras silencio, tu cerebro entra en modo de recepción de información a un nivel mayor. No puedes hablar y observar debidamente al mismo tiempo. La información de entrada y salida se estorba. Pero cuando dejas de hablar y te pones a observar, tus ojos y oídos registran mejor la información, y puedes percibir tu entorno, a las personas, lo que dicen, lo que hacen, y lo que piensan, de forma mucho más clara.

Callar es aprender. No se puede aprender cuando hablas. Y siempre se puede aprender algo incluso de la persona más ignorante. Si no es algo bueno para imitar, será algo malo para tener en cuenta y no repetir. Aprendes de la sabiduría y de los errores de los otros. Pero de que aprendes, aprendes.

Por último, quiero hacer mención de algo que ya he comentado anteriormente en algunos artículos, pero que considero que es una gran herramienta tanto para la comunicación virtual como para el mundo real. Es un gran reto y una costumbre extremadamente sana. Pero difícil de adoptar en este mundo y sus condiciones. Se trata de corregir un vicio muy marcado que tenemos y que fortalece nuestro ego continuamente hasta convertirlo en un monstruo inmanejable. Es una ley muy conocida por los sabios, pero poco practicada por los eruditos. 

La ley dice: No des tu opinión hasta que alguien te la pida. Es una costumbre terriblemente difícil de adoptar. Otras variaciones de esta son, si nadie te lo ha preguntado, no lo digas. No intentes inculcar tus convicciones en otros si no te han dado su permiso. No te creas el portador de la verdad absoluta. Si no te están hablando a ti, no te están hablando a ti. Si no es tu cumpleaños, no soples las velas…

Estamos tan obsesionados con ser opinadores con autoridad que no nos medimos a la hora de andar diciendo cuanta cosa se nos viene a la cabeza y entonces aparecen problemas de la nada. Sé que la vida no se está haciendo más fácil y que la calidad de nuestra comunicación está en declive. Por lo mismo, nuestra necesidad de comunicarnos aumenta. Sentimos el deseo de hablar más porque cada vez nos sentimos más solos. Pero dejar nuestro opinómetro suelto y sin freno como caballo asustado en una feria entorpece nuestra comunicación con otros y termina haciéndonos sentir todavía más solos.

Recordemos que todo este tema tiene como fundamento el control de nuestras palabras. Es decir, de nuestros pensamientos, intenciones y emociones. Dar tu opinión solo cuando te la piden, es tan importante como hablar con altura y como guardar silencio debidamente. El control de la palabra es algo muy beneficioso y altamente apreciado por el Buda.

Dar tu opinión únicamente cuando alguien te la pide, y más aún, guardártela para ti mismo porque nadie te la pidió, es una gran forma de humildad, de respeto y de madurez. Es un excelente entrenamiento de control mental.

En este tiempo de comunicaciones artificiales y soledades prolongadas, el recto lenguaje es una excelente herramienta para fortalecernos en la práctica, apartarnos de las personas perjudiciales, y acercarnos a las personas adecuadas.

Estúdialo, practícalo y hazlo un hábito personal.

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