El vinaya es el código ético y moral que el Buda estableció para su orden monástica. Buda Fundó primero la orden de monjes, Bhikkus. Y posteriormente estableció la orden de las monjas, Bhikkhunis. Los monjes tienen 227 preceptos. Las monjas por su parte tienen 311 preceptos. La razón por la cual las monjas tienen más preceptos que los monjes es por cuestiones de seguridad. Al ser una comunidad compuesta sólo por mujeres en un monasterio apartado, había ciertos peligros que solo corrían las mujeres. Peligros para los cuales había reglas de prevención.
Un ejemplo de esto
es la siguiente regla: Al salir del monasterio a realizar la ronda de recolección
de alimentos, las monjas no pueden salir solas. Deben salir en grupos de mínimo
3 monjas. Esta regla se estableció debido a un caso en el que una monja fue
violada cuando iba de camino al pueblo a recoger sus alimentos. Si un grupo de
tres monjas es atacado en el camino por un violador, el sistema de seguridad
las protege. Mientras dos de las monjas ejercen defensa en contra del atacante,
la tercera corre en busca de ayuda para sus compañeras. De esta forma las
monjas pueden evitar casos de violación en los campos. Este tipo de reglas complementan
los 311 preceptos que tienen las monjas.
Además de esto, también
existen un apartado de 8 reglas creadas para las mujeres cuando deciden hacerse
monjas budistas. Los 8 garudhammas. Este documento describe 8 reglas especiales
que deben tener las mujeres frente a la orden de los monjes para poder ser
aceptadas como bhikkuunis.
Los 8 Garudhammas
son:
1.
Una
monja siempre debe saludar, respetar y rendir homenaje a un monje incluso si la
monja tiene cien años y el monje fue ordenado ese mismo día.
2.
Una
monja no debe pasar la temporada de lluvias en un retiro en el que no haya
monjes.
3.
Cada
dos semanas, las monjas deben consultar a la orden de los monjes la fecha de
observación (Uposatha), y recibir observación y exhortación por parte de los
monjes.
4.
Después
del retiro de temporada de lluvias, las monjas deben realizar el ritual de
Pravana ante ambas órdenes. Este ritual consiste en que la persona debe invitar
a los monjes a que le señalen sus fallas durante el retiro referente a lo
visto, lo oído o lo sospechado.
5.
En
caso de una ofensa o falta grave por parte de una monja, esta debe someterse a
la disciplina manatta (Penitencia o estado de prueba) durante dos semanas ante
ambas órdenes.
6.
Antes
de recibir el título de bhikkhuni, una novicia debe entrenarse durante dos años
bajo el mando de una monja y un monje, y después debe ser aprobada por ambas
órdenes.
7.
Una
monja no tiene permitido criticar, corregir o aleccionar a un monje.
8.
Una
monja no tiene permitido a amonestar, reprender o acusar de algo a un monje.
Estos son los 8
Garudhammas.
A pesar de que los
8 garudhammas se encuentran en el Canon Pali, hay monjes, estudiosos y eruditos
que discuten su validez como parte original del Canon. La naturaleza de estas
reglas contradice el espíritu de las enseñanzas del Buda. Incluso la creación
de éste código especial parece sospechosamente conveniente para la situación,
el momento y la posición de la orden de hombres frente a la orden de mujeres.
Es más, las reglas que imponen los ocho garudhammas contradicen directamente
algunas de las acciones realizadas por el propio Buda.
Hubo un caso en el
que seis monjes levantaron sus túnicas para mostrarse frente a unas monjas. Por
esto, el Buda les dijo a las monjas que los monjes infractores no merecían su
respeto. Este no es el único ejemplo en el cual el propio Buda desautoriza a
unos monjes delante de unas monjas y les retira el respeto ante éstas. Esto
contradice directamente al primero de los garudhammas.
En varios pasajes
de los textos sagrados, el Buda ordena a mujeres directamente sin periodos de
prueba, como en el caso de Mahapajapati, la madre
sustituta del Buda. En todos los casos en los que el Buda ordena mujeres, no se
menciona tal periodo de dos años descritos en el sexto garudhamma.
Otro punto es que las mujeres laicas sí
pueden acusar a monjes cuando son irrespetuosos o cometen actos delictivos o
ataques sexuales. A diferencia de las monjas, que son obligadas a hacer un voto
de prohibición para acusar a un monje en caso de una falta o una agresión. Es
contradictorio que se interprete a la monja como merecedora de mayor respeto ante
el laico, pero que carezca del derecho de defensa como sí lo tienen los hombres
y las mujeres laicas.
Al inicio de la orden de monjas, no había
monjas ordenadas bajo las cuales las novicias pudieran pasar dos años de
dedicación antes de ser ordenadas, lo cual contradice de nuevo el sexto
garudhamma por simple sentido común.
Existen suttas en los cuales monjas
imparten enseñanzas en presencia del Buda y el Gran Maestro aprueba estas
charlas, e incluso las exalta como en el caso de la bhikkhuni Dhammadinna.
Antes de que la orden de mujeres fuera
fundada, el Buda tenía la intención de esperar hasta que las condiciones fueran
las idóneas. Sin embargo esto no fue posible. La historia dice que Mahapahapati
Gotami, la madre sustituta del Buda, le pidió repetidas veces que fundara la
orden de monjas y la ordenara dentro de ella. Sin embargo, el Buda se negaba
continuamente. Hasta que Ananda intervino en favor de Gotami y entonces el Buda
accedió. Es en ese momento en el cual aparecen los 8 garudhammas.
De todas maneras, la negativa del Buda a
fundar la orden de monjas no era gratuita. El Buda siempre fue consciente de
las falencias de su orden de monjes y durante la construcción del Nikaya fue
moldeando la ética de los bhikkhus previniendo sus malas conductas, las cuales
no eran ni pocas ni leves. El Buda sabía que la orden de monjes no estaba
madura para recibir a la orden de monjas como iguales, y estaba esperando a que
los monjes estuvieran listos para ello. El objetivo era que la orden de monjes
funcionara como el hermano mayor y protegiera a la orden de las monjas como a la
hermana menor. Sin embargo, dos factores lo obligaron a acelerar el proceso. La
insistencia de Gotami, su madre sustituta, y su avanzada edad. El Maestro ya
estaba cercano a la realización de su paranibbana y no quería dejar a la orden
femenina con tan poca instrucción de su parte. Entonces accedió a la solicitud
de Gotami cuando Ananda intervino.
La inclusión y la
ubicación de los ocho garudhammas en el Canon Pali en la parte final de la
biografía del Buda y durante la fundación de la orden femenina solicitada por
Gotami parece sospechosamente oportuna teniendo en cuenta la calidad de la
orden de los monjes, de la que el Buda estaba consciente, y la cercanía a su
muerte.
Los monjes siempre
han tenido aprensión frente a la autoridad de las mujeres, y entonces como
ahora los monjes han sido reacios a respetar a las monjas como iguales.
Ajahn Brahm es un
monje budista occidental de la orden del bosque de Tailandia. Un británico
académico graduado de Cambridge. Se ordenó como monje en Tailandia en 1974,
tiene un monasterio en Perth, Australia, y fue discípulo directo de nada más y
nada menos que del mismísimo Ajahn Chah, uno de los más grandes maestros del
budismo temprano de la era moderna.
Ajahn Brahm
estableció un monasterio de monjas budistas llamado Dhammasara en Perth,
Australia, en 1998, sin consultar a sus autoridades de la sangha de Tailandia,
lo que generó incomodidad en el monacato tailandés.
En octubre del
2009 realizó una ordenación de cuatro monjas dentro de la tradición Theravada del
bosque en el monasterio Dhammasara, contradiciendo la prohibición de sus
autoridades en Tailandia. Esto le costó la excomunión de la orden Theravada de
Tailandia y de la línea de linaje de Ajahn Chah en noviembre de ese mismo año,
por lo cual es conocido por ser un “monje rebelde”.
Por la misma razón, la doctora Chatsumarn Kabilsingh, actualmente conocida como Dhammananda Bhikkhuni, tuvo que salir de Tailandia e irse a Sri Lanka para poder recibir la ordenación completa como Upasampada en la tradición Theravada en 2003. Posteriormente regresó a Tailandia donde estableció un templo femenino y ordenó a más bhikkhunis a pesar de las negativas de la sangha oficial de Tailandia que le negó ese derecho en primer lugar.
La excusa de la sangha tailandesa para negar el aval a la orden femenina del Theravada tailandés es que la cadena de sucesión de la orden de bhikkhunis fundada por el Buda se perdió en el tiempo, y una vez rota, la continuación del linaje es imposible, lo cual resulta ridículo según los fundamentos de ordenación del Buda, las circunstancias actuales, y el criterio de Ajahn Brahm, a quien le importo tres kilos de aromático durian tailandés la prohibición de la sangha tailandesa.
Durante las
interacciones entre monjes y monjas descritas en los textos sagrados no hay
evidencia alguna de que el trato no fuera correspondiente e igual entre ambas
órdenes. Y teniendo en cuenta esto, la genuinidad de los 8 garudhammas está en
tela de juicio por la mayoría de los expertos y estudiosos del Dhamma.
Otra posición
referente a los 8 garudhammas compartida por algunos pocos es la de que este
texto sí es genuino, pero que debe reinterpretarse según el contexto y las
órdenes del Buda. Antes de morir, el Buda explicó que hay leyes secundarias en
el Nikaya sobre las cuales la sangha tiene la capacidad y la autoridad para ser
cambiadas, modificadas o eliminadas según las condiciones y las exigencias de
cada comunidad. El Buda sabía que es imposible aplicar el Nikaya tal cual como
lo había dejado a todos los contextos sociales y culturas a los que llegaría.
Por lo tanto, dejó abierta la posibilidad de cambiar algunas reglas
contextuales para adaptar el Nikaya a nuestros contextos actuales manteniendo
intacto el fundamento ético y moral de las leyes monásticas.
Teniendo en cuenta
este punto de vista, se pueden aceptar históricamente los garudhammas, según
estos pocos opinadores, pero no es necesarios aplicarlos.
Para otro sector
de eruditos, esta postura es simplemente tonta.
La opinión más
general y aceptada, es que los 8 garudhammas son textos apócrifos. Incluidos en
el canon después de la muerte del Buda e insertados en la historia de la
fundación de la orden de bhikkhunis para justificar el control y la sumisión de
las monjas bajo la autoridad de una orden de monjes insegura y machista. No
gozan de la aceptación del mundo budista en general, aunque sí tiene
seguidores.
Una vez aproveché
una conversación que tuve con un maestro laico occidental latinoamericano y le
pregunté sobre la valía de los 8 garudhammas. El hombre se demoró casi una hora
dando vueltas y piruetas dialécticas para decir que cree que los garudhammas
son reales sin decir que los garudhammas son reales. La vergüenza de ser franco
me costó perder una hora escuchando galimatías. Los que creen que los
garudhammas son reales, al menos en occidente, se ven forzados a realizar una
hipocresía pasiva, ya que por más que sostengan que estas reglas sí son
establecidas por Buda, ni las defienden públicamente ni procuran su aplicación
en las órdenes femeninas existentes en este hemisferio.
No existe una sola
orden de bhikkunis occidental, y personalmente no sé de alguna oriental, que
aplique los garudhammas como criterio de aceptación de monjas.
Opinión personal.
En lo personal, considero que los 8 garudhammas son falsos. Es evidente la necesidad del autor o autores de poner la nuca de las monjas bajo sus sandalias. Evidentemente el Buda tenía razón al negarse a iniciar la orden de bhikkhunis porque los monjes simplemente aún no estaban listos para aceptar y proteger a la orden de mujeres. Los 8 garudhammas son evidencia de ello. Son textos apócrifos y no deben ser tenidos en cuenta como parte real del Canon Pali. No deben ser aplicados en ningún contexto y solo tienen el potencial para que algún detractor del budismo los use como excusa para tachar al budismo de machista, lo cual sería realmente fácil porque sin duda fue un grupo de monjes, o falsos monjes machistas, quienes tuvieron la iniciativa de incluir forzosamente esa prótesis antagónica en el Canon Pali para asegurar que la creación de monjas budistas fuera particularmente difícil manteniendo un número bajo y para que las que tuvieron suficiente carácter para aceptar tan absurdas reglas se mantuvieran sumisas y controladas incluso por el más pequeño e inexperto de los monjes.











