lunes, 23 de octubre de 2017

Budismo y ateísmo.


Algo que diferencia al budismo de las demás religiones predominantes en occidente es su definición de no teísta. Algunos videos de la comunidad atea militante que resaltan buenas acciones de personas ateas suelen presentar a personas conocidas o celebridades como ateos. Algunos de ellos como Angelina Jolie, Keanu Reeves, Orlando Bloom, Kate Hudson, y otros  son en realidad budistas. No estoy seguro de si están al tanto de ello o no ya que las comunidades ateas militantes también ponen al budismo en el mismo lugar que las demás religiones. La cuestión es que para occidente hay una relación muy cercana entre ateísmo y budismo. No tanto así en oriente ya que el budismo suele emerger en armonía con las creencias locales, de modo que puede coexistir con creencias en dioses y divinidades como pasa en varios países como el Tibet, Japón, China, etc.

En occidente suele pasar algo especial. A causa de su no teísmo, el budismo resulta atractivo para muchas personas ateas que sienten rechazo hacia las religiones judeocristianas o teístas. Estas personas gustan de tomar los aspectos filosóficos y racionales del budismo excluyendo los aspectos religiosos, culturales y doctrinales, lo cual les dificulta enormemente llegar a una verdadera práctica  budista y adoptar el budismo como un estilo de vida. Algunas personas que han tenido desafortunadas experiencias con su religión de crianza, el cristianismo generalmente en nuestras sociedades, desarrollan una aversión a la idea de religión en general, trasladándola a todas las demás religiones teístas o no teístas. Sin embargo, ésta es la concepción de ateo desde la perspectiva cristiana, que en realidad no es la más acertada ya que el ser ateo no significa ser anti religioso.

Para aclarar ésta idea haremos una sencilla diferenciación entre ateos y anti teístas.

Los ateos son, claramente, personas que carecen de creencia en una entidad superior creadora y eterna, llámese dios, energía cósmica, espíritu eterno, Jehová, o cualquier cosa que se le asemeje. Simplemente eso. Desde esta perspectiva somos un accidente cósmico y no hay mayor explicación. Tampoco hay ningún problema con ello.
Los anti teístas por su parte, son aquellas personas que no solo no creen en ningún concepto de dios ni nada similar, sino que tienen una posición personal en contra de tal idea, un rechazo sensible y manifiesto que es constante. Estos últimos luchan todos los días contra la idea de creencia en los demás y contra toda doctrina. Hacen debates con cristianos, constantemente suben propagandas por redes sociales, gastan mucha energía creativa en hacer blasfemias, en pocas palabras son militantes anti religión. Conforman grupos y hacen campañas. Desde el punto de vista psicológico son personas heridas por los dogmas judeocristianos y profundamente decepcionados por éstos, de manera que trasladan su frustración personal al aspecto social militante. En realidad no es acertado clasificar a éstas personas como ateos ya que un ateo es alguien que simplemente le ha dado fin al tema, ya lo ha superado.

Haciendo uso de una caprichosa practicidad, podemos denominar a este grupo como “creyentes resentidos”. Han sido heridos por la creencia y constantemente buscan venganza, pero de todas maneras siguen siendo creyentes porque no han podido liberarse de ese mundo. Simplemente no pueden superar el tema. Están aferrados al cristianismo por medio del odio. No pueden ver una iglesia llena de gente ni escuchar a alguien predicando sin sentir malestar y necesidad de atacar por medio de la blasfemia.  

Éste tipo de personas suelen ser en buena parte influenciadas por las redes sociales, pero también hay que aclarar que suelen ser gente muy joven, adolescentes en etapa de rebeldía, y gente de profundas convicciones izquierdistas. Pero también hay gente mayor que gusta de parecer intelectual y de inculcar el rechazo sistemático en personas jóvenes. Éstas personas suelen hablar tan mal del budismo como lo hacen del cristianismo, con la diferencia de que suelen saber poco o nada sobre esta religión, poniéndola simplemente junto a las demás por asociación. Cuando te encuentres con una persona así, no le contradigas ni intentes explicarle cosa alguna, ya que su estado mental es aversivo y no buscará conocer sobre lo que le quieras enseñar, sino simplemente ganar un debate con ánimo despectivo.  

Técnicamente hablando, si uno conoce el Dhamma y sus fundamentos más básicos sin ningún filtro cultural, el ateísmo y el budismo no tienen contradicción alguna.  Yo particularmente ante la pregunta, me defino como ateo y también como budista. Aunque no es obligatorio para los budistas abandonar la creencia en deidades y dioses, desde un punto de vista práctico y pragmático, ser un budista ateo viene siendo una reiteración de lo mismo. Sería más acertado hacer la aclaración cuando se trata del caso contrario, un budista que cree en divinidades, un budista teísta, posición que tampoco genera interferencia alguna en la buena práctica del Dhamma.

Se podría definir el budismo de manera benévola o políticamente correcta como simplemente “no teísta” porque no entra en conflicto con el concepto de divinidad y no prohíbe la creencia en dioses. De hecho, algunas tradiciones consideran la existencia de dioses aunque no sean figuras centrales. Sin embargo, el budismo no es una religión no teísta, sino una religión atea. No en el sentido de rechazo hacia las creencias supernaturales, sino en el sentido en el que en realidad no considera la existencia de dioses más allá de las representaciones culturales de los pueblos. Es decir, el budismo no llega a erradicar las creencias de las religiones nativas en donde llega, sino que se apoya en ellas para enriquecerlas de modo que las sociedades ajenas al Dhamma puedan practicarlo sin problemas ni conflictos. De ahí la magia y el misticismo del budismo tibetano por ejemplo, pueblo que tradicionalmente practicaba una religión natal llamada Bon, un conjunto de creencias animistas y chamánicas llena de conceptos mágicos y sobre la cual el budismo toma forma sin rechazar estos conceptos místicos y fantásticos. Precisamente por eso, por esa carga de misticismo y pensamiento mágico, es que el budismo tibetano resulta tan atractivo para la mentalidad occidental, siempre sedienta de algo mágico y superior en lo cual depositar sus esperanzas.

Un creyente teísta podría preguntar por qué no creer en ninguna concepción de dios si el mismo Buda hablaba de ellos.

El Buda nació en una sociedad politeísta, una religión védica cuyo más grandes referentes son el hinduismo y en brahmanismo. Cuando el Buda llegó a la iluminación, la primera persona que lo vio notó algo diferente en él y le preguntó qué era eso. Él respondió que se había iluminado. Esta respuesta obviamente produjo incredulidad en el hombre quien se fue pensando que se había topado con un loco ególatra. Lo mismo que habríamos pensado cualquiera de nosotros  si un ermitaño se nos aparece y nos dice que llegó a la total iluminación y que tiene el poder de liberar al mundo del sufrimiento. El Buda regresó al bosque pensando que el camino que había descubierto era demasiado lejano a la inteligencia de los hombres. Cuando volvió, había resuelto el problema. Se encontró con los ascetas con los que había vagado anteriormente y que lo habían abandonado por haber decidido no practicar la mortificación con ellos, y dio su primer discurso en el parque de los venados. Ése día, empezó a girar la rueda del Dhamma.

La leyenda dice que los dioses bajaron del cielo y le pidieron que por favor encontrara la manera de explicar el Dhamma a la humanidad. Esta es una manera metafórica de explicar que después de su primer intento de prédica, que fue todo un fracaso, el Buda analizó las razones por las cuales este hombre no le había entendido. Él no había tenido en cuenta las creencias que su sociedad ya tenía, (las creencias védicas), entonces contextualizando su medio social y religioso, expuso el Dhamma. El Buda habla de dioses, reencarnación, karma y varios otros elementos que son heredados de la creencia védicas de manera que sus contemporáneos le entendieran. Si el Buda hubiese nacido en un país católico de Latinoamérica dos mil años después de cristo no hablaría de reencarnación, ni de karma, ni de dioses. Hablaría del pecado, de dios, del cielo y el infierno. En otras palabras, si estás en Rusia, tienes que hablar ruso para que te entiendan. Después de llegar al fondo del mensaje, todas esas formas de comunicación son prescindibles, pero al principio son inevitablemente necesarias.

Es extraño escuchar primero que el budismo es ateo y luego escuchar las distintas intervenciones de los dioses en la biografía de Buda. Pero entre más se adentra el practicante en el Dhamma, los discursos de Buda y el sistema de creencia, más se va aclarando el panorama y se puede entender que ello era necesario para llegar a una verdadera comprensión de la realidad.

Si yo sé que los fantasmas no existen pero una persona cree ciegamente en ellos, no me va a creer cuando le diga que los fantasmas no existen porque le estoy hablando desde mi propia experiencia, la cual siempre va a ser ajena a la suya. La experiencia nunca es prueba de nada porque es subjetiva. Pero si le digo que yo también escucho ruidos extraños y después, desde su propia perspectiva le invito a que me acompañe a ver debajo de la cama, en el closet y a descubrir que el ruido sospechoso venía de la tubería que rechina en el sótano, en ese momento la persona sabrá por sí misma que no había ningún fantasma en la casa y que lo que todo tenía una explicación lógica. Es decir, le incito a realizar su propia investigación. Esa es la característica principal de Buda. No enseña las cosas ya hechas, listas para tragar sin masticar. En lugar de eso el Buda insta a sus discípulos a comprobar por ellos mismos de primera mano si las cosas son o no son, sin entrar en conflicto con los conceptos que el mundo ha creado en sus mentes mientras iban creciendo. Por eso el Buda no negó ni afirmó a los dioses. En lugar de ello, afirmó que el debate sobre la existencia de los dioses en realidad y a final de cuentas no tiene mayor relevancia para una vida justa, recta y bien vivida, lo cual es totalmente cierto.   

Mientras más conocemos las enseñanzas, más podemos decir que en el budismo primero se empieza comiendo compota, luego fruta, luego granos y verduras y por último se llega a la carne, a la verdadera sustancia, a una comprensión más profunda del Dhamma, pero para llegar a ese punto debemos empezar por lo más esencial. No se le puede dar carne a un bebé.

Ésta es la razón por la cual, entre más mágica y esotérica sea la vertiente de budismo, mayor acogida tiene entre los occidentales. Porque los occidentales, aún con la decepción que traen al salir del cristianismo no lo han superado, y continúan con la necesidad de creer en cosas fantásticas y mágicas. Y el budismo ha tenido la oportunidad de llegar a lugares muy lejanos de población muy rural donde las creencias mágicas abundan. Precisamente en esas sociedades es donde mejor se arraiga. Este es el tipo de budismo más fácil de difundir en occidente.

Toda forma de budismo es una oportunidad para iniciar el camino hacia la verdadera comprensión de la realidad, siempre y cuando sean realmente budismo. Y estas vertientes con todo y sus pensamientos mágicos, lo son. De todas maneras es necesario aclarar en este punto que esta mezcla entre magia y budismo también es la materia prima para que los charlatanes y  los estafadores engañen a las personas. Así que antes de creer en cualquier famoso monje ordenado en oriente, es mejor asegurarse de que su sabiduría no sea un negocio para sacarle dinero a los crédulos por medio de la mística, la poesía y la fantasía.

Sin duda hay superstición, y también creencias ilusorias, incluso infantiles. Muchos podrían decir que dejar de creer en el espíritu santo y en el agua bendita para luego creer en la bendición de un objeto en la cabeza o que alguien sentado en un cojín manda ondas de bondad supra cósmicas a todo el mundo es simplemente redundar en la ignorancia. Cambiar un neumático roto por otro neumático roto. Pero ante esto hay que comprender que los rituales son un medio, no un fin, y que la efectividad del budismo es que es totalmente amplio, de manera que cualquier persona en cualquier lugar, en cualquier tiempo y con cualquier necesidad puede beneficiarse de las enseñanzas. Y que al principio los caminos pueden ser muy diferentes, pero al final de todos la meta es la misma.

En una de sus charlas referentes a por qué hay tantas deidades y bodhisattvas en el budismo, el maestro Sheng Yen, uno de los maestros budistas más grandes e importantes que llegó a vivir en nuestros días, inicia explicando que el budismo es ateo. Es una religión atea, enfatiza. Y procede a explicar la razón y función de las deidades en la cultura y los templos de China continental y Taiwán (Al final del articulo dejo el link de esta charla). Al practicar se llega a un momento en el que toda idea de divinidad se ha diluido totalmente. Es un tema totalmente muerto en el ámbito personal. Tanto es así que ni siquiera llega a ser un tema de ninguna especie. Así como no se piensa en el origen del planeta de Superman, no se piensa en dioses. Esto es  por una parte, entender la realidad de la naturaleza, y por otra eliminar todo rastro de resentimientos o de experiencias hirientes que hayan quedado en el pasado hacia la creencia de crianza, y permite comprender mejor a los demás y a quererlos junto con sus creencias. Incluso entender que la creencia en los dioses no es maligna, sino el hecho de que las instituciones y los líderes espirituales usen éstas creencias para fines económicos y políticos. Ese es el verdadero mal, no el pensar que existe un dios.

Entre más lejana  sea la procedencia del budismo, más viene recogiendo elementos culturales de los países orientales. Entre más se acerca el budismo, más se carga con elementos mágicos e ilusorios propagados por el comercio y la sociedad de consumo. El budismo se envuelve en atractivos empaques como el feng shui, amuletos de buena suerte, técnicas que prometen capacidades mentales sobre humanas, yoga, películas, metafísica, en fin. El comercio es el vehículo sobre el cual el Dhamma hace su entrada a nuestras vidas. Incluso he visto una persona que promociona lecturas con un tarot tibetano budista, invento este que en sí mismo encierra tantas contradicciones como ideas pintorescas. 

Esto, lejos de ser negativo es en realidad algo beneficioso porque es la manera más efectiva de que personas de nuestros países tengan conocimiento de que el Dhamma existe. De que está ahí disponible, y de que lo único que tienen que hacer es dejarse guiar pos su curiosidad. Por otro lado, abre la posibilidad de que personas que están en un estado mental muy disperso tengan una posibilidad, aunque sea lejana y pequeña, de entrar en contacto con el Dhamma. Como un adolescente al que por moda le gustan las cosas de budismo y que un buen día, mientras disfruta de su moda pasajera, siente la curiosidad de averiguar de qué trata realmente ello. Si no fuera por la moda superficial que le va metiendo poco a poco la imagen de buda en la cabeza, él no tendría la posibilidad de conocer el Dhamma en su juventud. Es una de las cosas positivas que podemos ver de un mundo tan superficial y mercantil.

La ventaja de vivir en un país tan ajeno al budismo es precisamente esta comprensión de cómo nos llega. Al entender las influencias culturales y comerciales con las que se carga el budismo, uno tiene la oportunidad de tener un punto de vista más objetivo. Tiene la posibilidad de limpiar la doctrina de sus elementos sociales, históricos y culturales y de acceder a su esencia de manera más sencilla y clara. Por eso es importante estudiar los aspectos culturales del budismo. Al entender los elementos que recoge en el camino y comprender la esencia de la doctrina que permanece, no hay intermediarios. Técnicamente, es el mismo Buda quien te está hablando. Al no estar sometido a una cultura establecida, a un comercio y a unas costumbres en particular, el Dhamma se hace más directo. Y entonces se puede entender la presencia de los dioses como puntos de apoyo para proteger y propagar el Dhama. Sin mencionar que también puedes elegir practicar cualquiera de las tradiciones budistas que más se adapte a tu modo de vida y a tu persona.  

En conclusión. El Dhamma de Buda está hecho para, y atención a esto, para literalmente cualquier tipo de persona. Creyentes o ateos, vegetarianos o carnívoros, ricos o pobres, personas muy inteligentes y personas no académicas, para personas altamente instruidas o con poca instrucción, jóvenes, viejos, etc. No existe una condición humana en la cual una persona no pueda practicar las enseñanzas de Buda. El fundamento del budismo es el movimiento, no lo estático, de ahí que no se pueda especificar el budismo de una sola forma y para siempre. Viejas tradiciones han desaparecido y desaparecerán y nuevas tradiciones emergerán tal como lo estamos viendo en nuestros días. La única falla del budismo moderno es que corre el riesgo de quedarse en el ritualismo, la ceremonia y las formas doctrinales. De plastificarse en la forma olvidándose del objetivo y volverse otra zona de confort más. Error que irónicamente suelen cometer las personas con una mejor formación cultural y mejores condiciones económicas.

El ser ateo o no en realidad no tiene mayor importancia en la práctica de las enseñanzas como bien lo ha dicho el Buda, porque lo que importa es la integridad ética, la estructura moral y la intención de desarrollarse mental y personalmente sirviendo a los demás. Teniendo esto en cuenta, el creer o no en un dios no es relevante para que una persona sea digna de ser llamada practicante del Dhamma.  

¿Por qué hay tantos Budas, bodhisattvas y deidades en el Budismo?