jueves, 9 de noviembre de 2017

Budismo y navidad.


Una pregunta común al iniciar la práctica budista es ¿Los budistas celebran la navidad? Una perspectiva más ortodoxa podría preguntar en cambio ¿Pueden los budistas celebrar la navidad? Ambas preguntas podrían tener una respuesta práctica en la comprensión de que el budismo no niega ni contradice otras religiones ni su práctica. Sin embargo hay que tener siempre presente que el hecho de que el budismo no tenga conflictos interreligiosos, no significa que sea una doctrina interreligiosa. El budismo como religión es una doctrina específica, única, separada de las demás y con sus propias formas y modos, por lo tanto no puede considerarse una “mezcla” de religiones ni funciona como un espacio abierto para lo mismo. Esas tendencias obedecen más al espíritu psicodélico y ansiosamente cósmico de los sesentas. Siendo esto así entonces ¿Qué hacemos con la navidad? ¿Es una contradicción celebrar la navidad? ¿Deberíamos dejar la navidad fuera del rango de la práctica budista y celebrarla sin mayor detenimiento?, ¿O deberíamos alejarnos de la navidad como una práctica religiosa ajena a nuestra práctica?

Para responder a esta pregunta analicemos la navidad. La navidad no es entendida por todo el mundo de la misma forma, ni siquiera entre los cristianos. Básicamente, la navidad hace referencia a la celebración del día del nacimiento de Jesucristo,  por lo cual es considerada en primera instancia como una festividad religiosa cristiana. No obstante, es ampliamente sabido que la celebración del 25 de diciembre como el nacimiento de Jesús corresponde más a situaciones políticas, comerciales y culturales históricamente determinadas que al propio nacimiento del mecías judío. La fecha en cuestión ha sido definida por la tradición cristiana como la fecha del nacimiento de Jesús. Sin embargo esta fecha fue celebrada por prácticamente todas las civilizaciones antiguas por razones naturales mucho antes del surgimiento del judaísmo y el cristianismo.

El solsticio de invierno que normalmente se comprende entre el 21 y el 23 de diciembre del actual calendario gregoriano cristiano es una fecha celebrada por prácticamente todas las grandes culturas por razones que obedecen  a las estaciones y al ciclo natural de la tierra. Durante éste periodo se presenta la noche más larga y el día más corto. Obedece al receso de la función productiva de la tierra y al tiempo de resguardo del invierno por lo cual se celebraba con fiestas que incluían excesos, agradecimiento a los dioses por las bendiciones recibidas en las cosechas, el cese temporal del trabajo y la producción, y la época de renovación de las tradiciones espirituales, las relaciones social y la familia.  A lo largo de la historia de la humanidad los pueblos antiguos han celebrado esta fecha como el fin e inicio del período productivo de la tierra y el cese y el renacimiento de los seres míticos y del ciclo vital de la naturaleza. Analizaremos esto de manera muy superficial y básica ya que un completo análisis de este tema nos llevaría una enorme cantidad de espacio y tiempo ajeno al tema que nos interesa.

El 25 de diciembre los romanos celebraban el nacimiento del dios del sol, Apolo, entre 1.100 y 800 años antes de Cristo. También el 25 de diciembre fue la fecha de nacimiento de otros dioses como Helios en Grecia,  Mitra en Persia, Huitzilopotchtli en Tenochtitlán actualmente México, y muchos otros en épocas que datan de siglos e incluso milenios antes de la era judeocristiana. Aunque no es difícil corroborar el origen histórico de los grandes dioses de las mitologías antiguas, lo más adecuado es investigarlos en bibliotecas, no en internet, ya que el tratamiento que se le da al tema no tiene el  mismo rigor en la red y suele contener intensiones en pro y en contra del tema teísta desde lo religioso y anti religioso.

En resumen, este período del receso en las actividades cotidianas por el ciclo de la naturaleza y el invierno fue dedicado a la festividad y a la celebración  en el mundo antiguo. Al llegar el cristianismo al poder del imperio romano y luego dispersarse por el mundo a través del avance de las guerras cruzadas, se vio obligado a competir con las costumbres de los pueblos que invadían. Las fuerzas cristianas que conquistaban pueblos agrícolas de creencias naturalistas y animistas trataron de erradicar las creencias ancestrales de estos pueblos cuyos habitantes eran designados con la palabra Pagano, que en realidad significa persona del campo o trabajador del campo, significado que cambió dentro del mundo cristiano para definirse como persona “no cristiana”. Y luego en el oscurantismo durante la inquisición como adorador o adoradora del diablo. Fue de este modo que la palabra Pagano fue literalmente satanizada.

Los intentos de erradicar éstas creencias por medio de la fuerza y el castigo fracasaron debido a que éstas no obedecían a edictos políticos ni a costumbres sociales, sino a las temporadas de las cosechas, las estaciones y a los ciclos de la naturaleza, elementos que los cristianos no podían controlar. Es así que el cristianismo empezó a apropiarse de las festividades paganas que se celebraban a lo largo de todo el período de cosechas y reposos, reemplazando poco a poco los nombres de los antiguos dioses con nombres de santos católicos y transformando su mayor festividad en el nacimiento de su mesías judeocristiano. Los teólogos y otros académicos que se dedican al estudio de la Biblia difieren en cuanto a la verdadera fecha del nacimiento de Jesucristo ya que algunos afirman que en realidad Jesucristo nació en Marzo y otros, según cálculos basados en los evangelios afirman que Jesucristo nació entre septiembre y octubre de un año cercano al actual conteo occidental. Este sin duda, es otro tema muy interesante desde la historia y la teología que dejaremos a los entendidos en estas áreas del conocimiento.

Lo que podemos concluir en cuanto a lo que nos interesa, es que la celebración de la navidad como fecha cristiana, no es en realidad una fecha cristiana, sino una fecha de celebración universal que representa el fin de un período y el comienzo de otro. Es la celebración del ciclo de la vida que todos los pueblos han realizado desde los orígenes de la humanidad. Así que esta temporada festiva no necesariamente debe tener un trasfondo cristiano.

Aun así, nosotros vivimos en sociedades cristianas. ¿Cómo interpretar esta celebración desde la tradición cristiana de nuestras sociedades como budistas? Y más importante aún. ¿Cómo interpretarla con nuestras familias cristianas? Celebrar o no la navidad es un acto de libre elección, incluso también para los cristianos. Hay muchos que no la celebran, incluso a algunos no les gusta. Además está la opinión de que la navidad es en realidad una celebración comercial impulsada por la cultura de consumo y que su único objetivo es estimular el movimiento de la economía. Aunque esto en buena medida es cierto, no interfiere ni aporta a nuestro tema. 

Básicamente y teniendo en cuenta la manera en que nuestras sociedades cristianas viven y celebran la navidad, ésta no es, o ya no es propiamente una celebración religiosa,  una celebración cristiana. Para los cristianos devotos sí es una época de suma importancia para reactivar su fe y heredarla a sus hijos. Pero para los cristianos no devotos y los no cristianos también es una época de celebración. Ahora como entonces la economía se acelera, el comercio se enfoca en lo festivo y las situaciones de competencia y confrontación dejan de ser prioridades. La festividad llamada navidad es universal y nos afecta a todos queramos o no.

Los budistas tenemos la opción de celebrar o no la navidad. Para los que no celebran la navidad el tema está resuelto. Para los que sí la celebramos lo hacemos de una forma muy sencilla y personal, pero totalmente acorde a nuestra identidad como practicantes del Dharma.

Obviamente para nosotros, ésta no es una festividad religiosa, pero no deja de ser una festividad. Nosotros no celebramos el nacimiento de Cristo. ¿Entonces qué celebramos? Para nosotros este viene siendo en términos de realización y de significado nada más y nada menos que el día de la familia. Así de simple y práctico. La navidad es la época del año en la que toda la familia se reúne. Así ha sido desde la antigüedad. Nosotros podemos celebrar este día como el día en el que celebramos tener una familia. Celebramos el privilegio de poder compartir con nuestros seres queridos. Es también el día de los niños ya que los hijos son en gran medida el eje central de la navidad. Es una fecha muy importante para quienes tienen hijos.

Para los que están solos es el día de la amistad ya que la navidad también pone a prueba las amistades verdaderas debido a que como todo el mundo regresa a casa a estar con los suyos, la soledad se hace más intensa y puede ser perjudicial para quien no tiene con quien compartirla. Por eso no es extraño invitar a una cena familiar a quien uno sabe que estará solo en esas fechas.

En resumen, la navidad para nosotros puede ser la celebración de las relaciones que tenemos con nuestros seres queridos y con nosotros mismos. Como fin e inicio de un ciclo es también el momento del año en el cual reevaluamos todo lo que hemos hecho y planeamos todo lo que podemos hacer en el año que viene. Sacamos una breve cuenta de cómo van los karmas que hemos creado y que estamos cambiando. Así que también podemos celebrar los triunfos, aprender sobre nuestros errores y preparar nuestros planes. Preparar la puesta en marcha de nuevos karmas positivos. Cosas importantes como por ejemplo elegir estudiar una carrera, elegir un nuevo empleo, buscar las condiciones para poder elegir una buena mujer o un buen hombre. Es decir, preparar la realización de cambios importantes y reales basándonos en nuestra práctica y en nuestras oportunidades, fortalezas y debilidades. Esto es la intención, el principio generador de karma.

Algunos durante nuestra infancia vivimos la navidad de una manera especial. Los recuerdos que tenemos de nuestra infancia suelen ser los de mayor carga emotiva sin importar su contexto. De ahí que la navidad sea también una expresión de agradecimiento hacia aquellos que hicieron de nuestra infancia una época muy feliz de nuestras vidas. Nos referimos aquí más que todo a los abuelos y a todas las personas que hicieron parte de nuestros primeros recuerdos. En algunos países se reza la novena de aguinaldos, se cantan los villancicos con los vecinos, se juntan regalos para los niños de la comunidad, algunas reuniones familiares son muy gratas. La tradición familiar en sí misma, más que la tradición cristiana, es lo que nos llama a vivir la navidad. No hay que darle la espalda a las tradiciones familiares que vivimos cuando niños ya que son parte de nuestra historia, de nosotros mismos y de nuestro vínculo con nuestras familias y nuestra sociedad, y nos encontramos con ello en cada fin de año.

Podemos celebrar la navidad en el espíritu de unidad con quienes amamos. Incluso podemos participar en las formas cristianas de su celebración de la misma forma en la que participamos todos los días en una sociedad cristiana sin ser cristianos, respetando y compartiendo con nuestros hermanos cristianos. Esto con el agregado de que estamos compartiendo con las personas que primero estarán de nuestro lado cuando las dificultades se presenten, es decir nuestros familiares.

Podemos ayudar a hacer el pesebre o nacimiento como le llaman en algunos países. El árbol de navidad, los platillos especiales para la cena, compartir regalos, poner las luces. Incluso podemos ir y presenciar las celebraciones cristianas sin que ello signifique algún problema. 

La palabra clave para disfrutar la navidad es simplemente, compartir. De eso se trata. Es una excelente excusa para compartir con todos, incluso con personas con las que no tienes cercanía. Una de las ventajas más gratificantes de ser budista es que sientes que puedes compartir con cualquier clase de persona sin ningún problema. Así que si eres de los que quieres celebrar esta bella época, no dudes en hacerlo. El budismo busca más que todo la integración y la unidad, por lo tanto desde el punto de vista budista, celebrar la navidad con las personas que amas es la opción más budista.

No existe nada equivalente a la navidad en el budismo. Lo más cercano por cuestiones de calendario sería el Día Bodhi o día de la iluminación que muchas tradiciones Mahayana celebran el día 8 de diciembre y que conmemora la noche en la que el Buda llegó a la iluminación. La celebración más importante del budismo a nivel mundial es Vesak que se celebra el día de luna llena del mes de mayo o entre mayo y abril, y que conmemora la iluminación y el cumpleaños de Buda. La celebración de Vesak es sumamente importante para todos los budistas del mundo y está reconocida por las naciones unidas como día sagrado para nuestra comunidad internacional.

Como budistas, podemos reunirnos con nuestro grupo o Sangha el 8 de diciembre. En algunos países latinoamericanos el 8 de diciembre también es un día festivo llamado día de las velitas. En esta festividad la gente hace vigilia hasta la madrugada para encender velas en la entrada de sus casas como homenaje a la Virgen María. Esta festividad puede ser aprovechada también por los budistas para celebrar la iluminación de Buda recordándole a través de la lectura de su biografía, de textos budistas, prácticas de meditación grupal y por qué no, una cena especial en su honor. Celebrar la época de navidad con la Sangha o grupo budista es imprescindible para todos nosotros.

La navidad no tiene por qué tener un tinte cristiano para nosotros. Es una festividad mundial y es parte de la tradición de nuestro mundo de una manera tan fuerte que va más allá del cristianismo. Por lo tanto no te confundas con dilemas éticos. Simplemente comparte y disfrútala tanto como puedas con tantas personas como puedas sin distinguir creencias ni atarte a costumbres. Recuerda que uno de los más grandes valores del budismo es siempre vivir el momento presente. Estar siempre aquí y ahora.  Disfruta la navidad al máximo compartiendo con los tuyos. Felices fiestas.





sábado, 4 de noviembre de 2017

Meditación budista

La meditación es un factor central y de vital importancia en la práctica budista. Todo practicante de las enseñanzas de Buda debe aprender a meditar. Sin embargo muchas veces no es fácil dar con información confiable para empezar esta práctica y los principiantes suelen perderse en ideas fantasiosas o mercantilistas.

A continuación veremos algunos aspectos básicos y útiles para personas que van a empezar a meditar desde cero. El artículo está dividido en cinco partes. Primero qué es meditar, segundo puntos de preparación para meditar, tercero recomendaciones para meditar, cuarto instrucciones para meditar y cinco conclusiones.

Qué es meditar.

Empezaremos aclarando qué no es meditación budista.

Los medios y la cultura de consumo nos hacen pensar que la meditación que realizan los maestros budistas incluye cosas totalmente salidas de la realidad. Algunos ejemplos de estas ideas fantasiosas son: La meditación es un estado alterado de consciencia que sustrae a la persona del lugar y el tiempo en el que está. La meditación genera poderes mentales como telepatía o clarividencia. La meditación puede hacer que la gente levite. La meditación hace que los monjes brillen en la oscuridad como lamparitas de mesa o se hagan invisibles. La meditación puede hacer que uno sea inmune al dolor, le genere fuerza sobre humana, etc.

Pensar que la meditación puede provocar este tipo de fenómenos fantásticos es una idea guiada por el ego, por la necesidad de ser mejor o más especial que los demás. Es decir, una persona que medita creyendo que logrará tener algún tipo de poderes mágicos se mueve por la ambición de su ego. El objetivo de la meditación y de la práctica del Dhamma es todo lo contrario. Disminuir el ego hasta que sus ambiciones e ideas irracionales no tengan efecto en la mente.

Otro mito sobre la meditación y sus efectos es la supuesta relación que se le atribuye con el uso de sustancias psicoactivas. Se suele relacionar la meditación con las prácticas chamánicas de culturas naturalistas. En estas culturas se da el uso de sustancias químicas de origen animal o vegetal para provocar estados alterados de consciencia en busca de visiones e iluminaciones. Existen sustancias psicotrópicas como el yagé, que según se dice despiertan estados elevados de consciencia provocando experiencias espirituales, viajes astrales y otros fenómenos similares. También se dice lo mismo de la marihuana usada como catalizador espiritual. Algunos equiparan a la meditación con esto. En realidad la meditación es exactamente lo contrario.

Ninguno de los efectos provocados por el consumo de sustancias ocurre durante la práctica de la meditación. No se alteran los sentidos sino todo lo contrario, se concentra la percepción natural de los sentidos. La percepción del espacio y del tiempo no se distorsiona. En lugar de eso la persona se centra más en el presente, el aquí  y el ahora. Cuando usted vea a una persona ebria o drogada, totalmente perdida bajo los efectos de alguna sustancia, usted podrá observar el estado mental y físico de esa persona y podrá afirmar con total certeza: Ése es precisamente el estado diametralmente opuesto al estado físico y mental de la meditación.

La meditación y la práctica del Dhamma son una potenciación y un fortalecimiento progresivo del estado de conciencia sobrio y consciente. El Buda es llamado “El Despierto”, el que está consciente de la verdadera naturaleza de las cosas. Lo cual es totalmente opuesto al uso de cualquier tipo de sustancia. De hecho cualquier tipo de consumo de éstas sustancias, así sea pequeño, echará por tierra el trabajo que hayamos avanzado meditando. En lo que a nosotros nos interesa, que es la meditación budista, esto es totalmente claro. El Buda enseñó en el quinto precepto para los laicos que es el consumo consciente, que un practicante del Dhamma no se tiene permitido a sí mismo ingerir ni usar ninguna sustancia que afecte la naturaleza de la mente. Esto desde luego incluye el licor y cualquier otra sustancia que altere el estado consciente de la mente.


Ahora veamos qué es realmente meditar. Meditar es en términos prácticos, limpiar la mente. Debido a nuestro ritmo de vida y la manera en que nos relacionamos con el mundo nuestra mente constantemente crea y absorbe contaminantes. Pensamientos tóxicos que generan venenos en nuestra mente y cuerpo. Estos venenos son fuente de sufrimiento. Ansiedades, apegos, sufrimientos de todo tipo, rencores y odios, avaricia y demás elementos negativos dominan nuestra mente consciente e inconscientemente. La meditación es el arte de purificar la mente devolviéndola a su verdadera naturaleza de calma y claridad, de la misma manera que limpiamos nuestra casa evitando que se acumule el polvo y la suciedad que genera enfermedades. Piense que es como ese programa de computador que limpia archivos temporales y otros que no se usan pero que ocupan espacio y pueden ser dañinos. Ése es el principio de la meditación.

La meditación es un ejercicio mental que incluye la buena disposición del cuerpo. Su fundamento es el movimiento, no el estancamiento. La meditación desarrolla la fortaleza de generar cambios en la parte inconsciente de nuestra mente desde la parte consciente. Es decir, a través de la práctica constante y asidua la meditación puede hacer que el meditante logre cambiar pautas de comportamiento muy arraigadas en las profundidades de su mente,  su parte inconsciente, desde la superficie consciente y activa de su mente. Es como cambiar el curso de un río desde su cauce. Por esto, la meditación también es una forma de cambio de karma ya que tiene el poder de convertir un karma negativo en uno positivo y de crear nuevos karmas positivos. La meditación es una parte imprescindible y de vital y central importancia para el diario vivir de un practicante del Dhamma.

Es imposible comprender cómo funciona la meditación a menos que se experimente personalmente. La sola teoría al igual que todo el en Dhamma, no genera ningún cambio. Usted puede leerse todos los libros de cocina escritos por los mejores chefs del mundo, todos los libros para bailar salsa con todas las instrucciones y las gráficas de apoyo y todos los libros sobre sexualidad y relaciones íntimas. Puede leer y comprender toda la bibliografía a su alcance sobre estos temas y  comprenderla perfectamente. Pero si usted nunca frita un huevo, jamás salta a una pista de baile y no tiene una relación sexual, usted jamás va a saber realmente de qué está hablando. Así es la meditación y el Dhamma. Si no lo practica, en realidad no sabe nada.

Preparación para adquirir el hábito de la meditación.

Todo practicante del Dhamma debe aprender a meditar y hacer de la meditación un hábito cotidiano como lo es cepillarse los dientes o bañarse. Debemos abrir un espacio en nuestra atareada vida diaria para las sesiones de meditación. Sabemos que esto no es fácil teniendo en cuenta nuestro ritmo de vida y la velocidad del mundo, así que vamos a ver seis puntos de apoyo que le ayudarán a prepararse física y mentalmente para empezar meditar correctamente y para mantener la meditación como hábito fundamental en la práctica.

El primer punto de recomendación ya lo hemos mencionado. Es de suma importancia y además es un precepto dictado por el mismo Buda, así que no hay mayor discusión al respecto. Suspender la ingesta de sustancias que afecten el estado consciente de la mente. Hay que decirle adiós al licor. No tanto por ser un precepto dictado por Buda, sino porque la lógica de la meditación lo exige. Si vas a gastar tiempo y esfuerzo en limpiar tu casa, no tiene sentido llegar con un tanque de residuos industriales y regarlos por todas las habitaciones. Es sentido común. Obviamente lo mismo aplica para la marihuana, el cigarrillo y cualquier otra sustancia psicoactiva natural o sintética.

El segundo punto de preparación es empezar a hacer ejercicio. Esto también es necesario por razones lógicas. Nuestras vidas en la ciudad, ya sea grande o pequeña, no nos exige mucha actividad física. Somos propensos a comer mal y a ser sedentarios. Si usted va a empezar a meditar es necesario que su cuerpo esté sano, ya que va a estar sometido a sesiones cada vez extensas de estar sentado en una misma posición conforme avance su progreso en la meditación. Si usted empieza a meditar sin que su cuerpo esté en condiciones mínimas de buena salud, es posible que corra riesgos relacionados principalmente con su circulación, su estado cardiovascular y su respiración, lo cual puede ser muy serio sobre todo para personas que presentan algún grado de sobre peso u obesidad.  Además del hecho de que va ser verdaderamente incómodo estar quieto por varios minutos en cualquier posición así sea sentado en una silla.

La meditación también es una actividad física exigente y requiere entrenamiento para que su cuerpo pueda beneficiarse con la práctica. Esto en realidad es una excelente noticia. Primero porque es una muy buena razón para ayudarle a mejorar su salud, y segundo porque algo esencial para meditar bien es que usted tenga la capacidad de sentirse cómodo dentro de su propio cuerpo ya que este es el instrumento de su meditación.

No es necesario que se someta a extenuantes sesiones de ejercicio ni debe inscribirse en un gimnasio. Simplemente prepárese con ejercicios cardiovasculares o aeróbicos como correr, montar en bicicleta, nadar o cualquier otro ejercicio que le exija algo de resistencia cardíaca y respiratoria. Otra buena noticia es que este tipo de ejercicios son precisamente los más propicios para bajar de peso. No es necesario exagerar con el ejercicio, de hecho se recomienda cuidarse de ello. Inicie con una intensidad acorde a su estado físico inicial y valla incrementándolo sin apuro alguno pero teniendo en cuenta que debe ir aumentando su resistencia. Lo importante es sudar un poco. Si no suda, no está haciendo nada.

Haga ejercicio de dos a tres veces por semana. Si desea hacer ejercicios todos los días alterne días de baja y alta intensidad. No haga dos o más días seguidos de alta intensidad porque puede generar lesiones y problemas de salud ya que el cuerpo no está habituado a ello. Si elige correr, cerciórese de usa el calzado adecuado a su tipo de pie y al terreno sobre el que va a correr. Correr inadecuadamente también puede producir lesiones. Asesórese con un conocedor del tema.

El tercer punto de preparación es, antes de empezar a meditar, tómese al menos diez o quince minutos de estiramiento. El estiramiento de las articulaciones y de los tendones es fundamental para evitar problemas físicos y facilita muchísimo el estar en la posición de meditación por largo tiempo. Esto porque distensiona y oxigena los músculos, y lo más importante, mejora enormemente la capacidad y el flujo de la circulación sanguínea ya que la principal causa de incomodidades en articulaciones y extremidades es precisamente la mala circulación de la sangre.

Debido a esto, la práctica regular del yoga es un excelente complemento para la práctica de la meditación. El yoga ayuda al mantenimiento del tono muscular y la flexibilidad de las articulaciones, lo cual es de gran ayuda para permanecer cómodamente en posición de meditación el tiempo que el practicante lo requiera. Así que nunca olvide estirar de la misma manera que estira antes de hacer ejercicio. Tómese todo el tiempo que considere necesario para estirar antes de meditar. Y si practica yoga, notará una mayor comodidad y calidad en su postura para meditar.                                   

El cuarto punto de preparación es hacer un cronograma o calendario de seguimiento de sus sesiones de meditación. El objetivo es que usted llegue a meditar por costumbre todos los días. Para llegar a ese punto se requiere un esfuerzo especial y una reorganización de su tiempo así que tenga en cuenta el siguiente dato que le será muy útil. La psicología a descubierto que si se realiza una actividad específica por mínimo 21 veces seguidas ininterrumpidas, el cerebro empieza a asociar dicha actividad con su funcionamiento habitual. Empieza a incluirla en su actividad diaria disminuyendo la resistencia y la dificultad de realizarla. Seguramente usted ha visto o escuchado en la publicidad de algún producto el reto de los 21 días o las tres semanas. Esto en realidad es una estrategia de las marcas usando la psicología del consumo bajo este principio. Lo que se busca es que nuevos consumidores adquieran el nuevo hábito de consumir su producto a través de los 21 días que necesita el cerebro para adquirir la costumbre. Aplique este principio a sus sesiones de meditación y fortalecerá la práctica meditativa.

No se sienta mal si no lo logra al primer intento. No se haga esclavo de sus propias metas. Es imprescindible no renunciar nunca así le tome un poco más de tiempo. Lo importante no es cumplir con marcas perfectas, sino mantener la constancia hasta lograrlo.

Organice su cronograma de manera que no afecte sus demás actividades cotidianas. Lo más recomendable es meditar temprano en la mañana antes de comenzar el día. Es la hora más propicia según los maestros ya que el cerebro está descansado y la mente despejada. En cuanto a meditar antes de dormir, los maestros explican que lo mejor es hacer algo de ejercicio después de meditar ya que la meditación puede hacer que la persona tarde más en conciliar el sueño debido a que es una actividad de atención consciente intensa.

Si se va a meditar en las mañanas, se recomienda en la medida de lo posible mover su horario de sueño una hora hacia atrás de manera que pueda levantarse una hora más temprano sin restarse horas de sueño. Las horas de sueño son de vital importancia para el buen funcionamiento de la mente. Una persona debe dormir de siete a ocho horas generalmente. Puede correr una hora de sueño eliminando una actividad que sabe que no le genera beneficio y que en cambio puede que le esté generando malos hábitos mentales como por ejemplo la televisión basura o las redes sociales. Puede dejar de consumir algún producto televisivo o de internet en las noches que sabe que no le aporta nada y usar esa hora para mover su horario de sueño. De ésta manera usted estará literalmente intercambiando una hora de malos hábitos mentales por una hora de meditación.

El quinto punto de preparación es tener en cuenta que las primeras veces que se siente a meditar van a ser un total desacierto. Esto es normal. Nadie es capaz de sentarse por primera vez a meditar y de golpe comprender cómo se hace y notar los beneficios inmediatamente. Las primeras veces son una preparación y un aprendizaje para meditar correctamente. En estas primeras veces, usted va a aprender a relacionarse con su cuerpo. Va a interrumpirse constantemente porque su cuerpo al igual que su mente, no está acostumbrado a quedarse quieto ni por un momento. Ambos se pondrán en su contra como niños pequeños y usted va a empezar a encontrar la manera en la cual su cuerpo se estabilice en una postura fija y su mente encuentre la quietud y deje de saltar incesantemente.

No es preciso saber cuándo usted ha dejado de preparase para meditar y cuando empieza a meditar debidamente. Cada persona tiene su propio ritmo y condiciones y no hay un punto absoluto de diferencia entre una cosa y la otra. No se fije mucho en ello y llegará el momento en el empezará a meditar naturalmente.

Debe tener esto claro ya que la mayoría de la gente carece de voluntad y está tan inmersa en la debilidad física y mental y en las zonas de confort que renuncian al primer intento sin siquiera comprobar aunque sea superficialmente si las cosas funcionan o no.

El sexto punto de preparación tiene mucho que ver con lo anterior y es una clave para perseverar y mantener el hábito de la meditación. Ponga especial atención a lo siguiente. No existe una buena o mala meditación. Es solo meditación. No califique la calidad ni la extensión de sus meditaciones ni se preocupe de si lo hizo bien o mal. Ni al iniciar en las primeras veces ni cuando ya haya tomado el hábito diario. Hacer esto es perjudicial para realizar una meditación correcta y habitual. Los maestros budistas son muy claros en este punto.

Si usted considera que hizo una meditación mala o negativa, cuando termine se va a sentir fracasado, como si hubiera hecho algo mal. Esto le generará aversión a la actividad y lo predispondrá negativamente para la siguiente sesión que seguramente tampoco resultará muy bien. Lo que inevitablemente terminará en que usted abandone. Si usted cree que ha realizado una buena o bien hecha meditación, sentirá que hizo algo muy bueno o excepcional, y esa sensación de logro hará que piense, qué bien lo he hecho, que bueno soy en esto. Esto alimentaría el ego y fortalecería la presunción del yo, lo cual es precisamente lo opuesto que se busca en la práctica del Dhamma. Eventualmente usted estará tan convencido de que aprendió a meditar tan bien y en tan corto tiempo que su ego lo engañará y terminará chocando con la realidad cuando se enfrente a una pérdida o a alguna situación adversa que evidencie que usted no ha avanzado nada.

Así que ésta es una excelente noticia ya que esto significa que no importa como inicie, las sesiones de meditación no pueden ser medidas como fracasos o triunfos como los que anotamos  en las cuentas de otras áreas personales como el ejercicio o el trabajo. No tenemos esa presión extra porque no existen sesiones bien hechas o mal echas. Son solo sesiones. Esto también ayuda a fortalecer algo de crucial importancia para la práctica y que facilita muchas otras actividades en la vida. La humildad. Meditar le enseñará a ser humilde.

La humildad en la meditación conlleva algo que los maestros llaman, la mente de principiante. La mente de principiante consiste en sentarse en cada sesión de meditación como si fuera la primera vez que medita. Sin pretensiones ni ansiedades. Los grandes maestros que tienen décadas de práctica en la meditación se sientan a meditar todos los días buscando la disposición que usted debe tener la primera vez que se siente a meditar. Como un principiante sin nada que perder. Esto es libertad total de practicar algo bueno que le traerá beneficios sin importar las condiciones. Lo único que hay que tener en cuenta es no dejar de practicar. Lo demás se hará presente con el tiempo.

Recomendaciones.

Veamos ahora algunas recomendaciones prácticas a la hora de meditar.

Hay muchas ayudas o elementos que se ofrecen pensando en realizar una mejor meditación tales como inciensos, aceites, velas aromáticas, campanas, estatuillas, mandalas, piedras energéticas, recomendaciones de Feng Shi y otros. Estos elementos puede ayudar a crear un ambiente a gusto y exótico en una habitación o salón, pero ¿ayudan a realizar una mejor y más profunda meditación? La respuesta es no. No solo no ayudan a meditar mejor sino que por el contrario, interfieren y desvían el proceso de meditación.

Los inciensos, imágenes, objetos que producen sensaciones agradables en el olfato, la vista, el tacto y todos los sentidos, hacen que el cerebro se enfoque en esas sensaciones placenteras, interfiriendo con el objetivo principal de la meditación que es la propia mente y lo que ocurre en ella. El principio básico de la meditación es que la actividad debe originarse dentro de la mente, no fuera de ella, porque de ser así no estaríamos trabajando con los procesos que tienen lugar en la mente sino con las percepciones que llegan a ella. Nos estaríamos quedando en los sentidos y sus sensaciones, ignorando lo que nos interesa.

Para poder realizar una sesión de meditación, necesitamos que todos los sentidos estén lo menos estimulados posibles. Por eso es necesario estar en un lugar apartado y silencioso. Si usted se encierra en una habitación llena de humo de incienso, velas aromáticas, música instrumental, cantos de monjes, mandalas, campanillas, estatuillas, etc, usted estaría entrando en un lugar lleno de estimuladores de los sentidos. En lugar de meditar lo que estaría haciendo sería precisamente eso, estimularse. Autosugestionarse con objetos y cosas agradables. De la misma manera que lo hace un turista cuando entra a un templo en el extranjero porque quiere ver algo espiritual y bonito. La meditación no es autoestimulación. La meditación es un ejercicio para fortalecer el control de la mente. No es relajación, es disciplina.  

Las meditaciones guiadas son otra sugerencia común para los que inician en la práctica de la meditación. La meditación guiada tampoco sirve para realizar una meditación correcta básicamente por las mismas razones. De nuevo, la meditación es un ejercicio que debe iniciar, realizarse y terminar teniendo como único origen, desarrollo y  fin, la propia mente. Cualquier elemento externo desvía la atención de la propia mente aunque procure ayudar a enfocarse en ella.

Supongamos que usted adquiere una cinta de meditación guiada. Al reproducir el audio, una voz armoniosa y amable le dice: Imagine que tiene un punto de luz blanco en mitad de su frente y otro punto de luz azul en la mitad de su pecho. Esas dos luces tienen un significado específico para la persona que hizo la grabación, pero en lo que concierne a su mente son solo dos metáforas a interpretar de manera simbólica. No tienen significado alguno en su catálogo de símbolos porque simplemente no son sus símbolos. No es lo mismo que usted vea una película sobre un guía haciendo un safari por África a que usted mismo realice su propio safari por África. Una impresión personal jamás puede ser reemplazada, ni siquiera mal imitada, por otra impresión externa, sin importar que el tema, los símbolos, y las metáforas sean exactamente los mismos. La meditación guiada por otra persona no es meditación. A lo mucho es una técnica de relajación que es algo distinto. La meditación no se guía, se realiza individualmente. Guiar la meditación sería como hacer abdominales con una persona que le suba y le baje el cuerpo agarrándole de los hombros. No estaría haciendo nada.

Hay muchos tipos de meditación, pero recordemos que aquí estamos hablando de meditación budista. El Buda jamás hizo tal cosa como guiarle la meditación a nadie. Ningún maestro budista hace meditaciones guiadas. Lo que los monjes hacen en los templos es enseñar la técnica, dar la instrucción correcta para la disposición física y mental y alentar al meditante a que empiece la práctica. A medida que el meditante haga sus sesiones de meditación, el monje responderá sus preguntas y corregirá lo que sea necesario. El maestro señala el camino, no lo camina con el discípulo ni mucho menos lo lleva cargado. Ninguna persona puede meditar por otra.

La meditación grupal es algo distinto. Se practica en los templos budistas. No hay un guía que le diga al grupo lo que tiene que hacer, simplemente se explican bien las instrucciones y todos inician y terminan al mismo tiempo. De nuevo, aunque estén en grupo, cada persona medita independientemente de los demás. Cuando se entra en estado de meditación, la meditación de los otros no tiene ningún efecto en la meditación de cada uno.

La meditación grupal en un templo tiene todas las condiciones para realizarse debidamente ya que hay una persona instruida que estará pendiente de orientar a los meditantes. Para las personas que no tienen templo ni monje y tienen un grupo con el cual les gustaría hacer meditación grupal hay una recomendación simple. Procure que todos los meditantes estén al mismo nivel, ya que si el grupo es muy heterogéneo y hay meditantes avanzados y novatos en el mismo grupo, lo más natural es que ocurran interrupciones constantes. A los novatos les da vergüenza interrumpir la meditación de los demás y eso dificulta la suya. Para solucionar éste problema realice una sesión de meditación grupal para novatos en la cual los más avanzados estén disponibles para orientarlos, y otra sesión para los más habituados. De todas maneras, con la práctica todos podrán llegar al mismo nivel y hacer un solo grupo. Y también será así si todos en el grupo inician la meditación al mismo tiempo.  

Instrucciones para meditar.

Para meditar, es necesario tener un lugar lo más adecuado posible para ello. Se requiere de un espacio privado, libre de interrupciones. Si es posible, defina una habitación o estancia exclusivamente para ello. Si no tiene esta opción use su habitación o cualquier otro lugar privado. Apague los teléfonos y demás aparatos electrónicos. Procure que el espacio en donde se va a sentar esté libre de objetos. El espacio debe ser íntimo y silencioso, es por esto que los monjes recomiendan meditar bien temprano en la mañana ya que a esta hora el silencio y la quietud son mayores que durante el resto del día.

Use un cojín y si puede un tapete o algo parecido sobre lo cual centrar el cojín. Algunos utilizan una toalla doblada. Después de hacer ejercicios de estiramiento durante el tiempo necesario, siéntese en el centro del cojín. La posición más común para sentarse en meditación es el loto. Pie izquierdo sobre muslo derecho y  pie derecho sobre muslo izquierdo. 

No es una posición fácil para todo el mundo, así que si no puede hacer la posición de loto, intente sentarse en posición de medio loto. Pie izquierdo sobre muslo derecho y pie derecho debajo de la rodilla izquierda.   


Si aún le cuesta mucho trabajo esta posición, siéntese cruzando las piernas como lo hace normalmente. Una vez haya encontrado la postura más adecuada, siéntese en el cojín inclinándose hacia adelante y hacia atrás, luego hacia la izquierda y hacia la derecha cerciorándose de quedar bien centrado sobre el cojín.  El objetivo es hacer un trípode entre el cojín y las rodillas o sus puntos de apoyo de manera que pueda mantener la estabilidad sin necesidad de corregir su postura. 

La posición de las manos o mudra es la siguiente. Mano izquierda tendida hacia arriba y sobre esta la mano derecha tocándose ambos pulgares levemente.


La espalda debe estar recta. Si tiene dudas practique apoyándose de espaldas contra una pared. Tenga en cuenta la curvatura natural de la columna y no fuerce su posición. La columna debe estar firme, no rígida. Es decir que debe tener una posición recta pero natural. Ni muy encorvada ni tampoco exponiendo demasiado el pecho.


La barbilla debe formar un ángulo recto con relación a la garganta. La mandíbula debe estar relajada. La punta de la lengua en el paladar en el lugar donde nacen los dientes ayuda a que no se acumule mucho la saliva. Se puede meditar con los ojos semi abiertos. Para esto se baja la mirada 45 grados hacia el suelo en un punto fijo a unos ochenta centímetros de distancia o a ocho dedos de la nariz. Si lo prefiere puede mantener los ojos cerrados.


Primero que nada, olvídese de la frase “mantener la mente en blanco”. Eso no funciona. Lo que hace es que se ponga a pensar en el color blanco y trate inútilmente de reprimir los demás pensamientos. No se trata de reprimir sino de todo lo contrario. 

El inicio y la clave de la meditación es la respiración. Respire normalmente, sin hacer respiraciones hondas ni controladas. Deje que la respiración funcione sola y valla siguiendo su ritmo natural estando consciente de cómo el aire entra y sale por sus fosas nasales. Esté totalmente consciente de todo lo que sus sentidos perciben y de lo que siente a su alrededor y a la lejanía. Cuando esté consciente de su respiración, puede hacer uso de la visualización si así lo desea. Visualice una imagen que le sea particularmente evocadora de quietud. Puede ser la imagen de Buda o una esfera de luz del color que elija o cualquier otra imagen que le ayude a enfocarse. No olvide nunca seguir su respiración.

Cuando esté intentando enfocarse, los pensamientos automáticos empezarán a surgir invadiendo su mente sin control ni orden. No pelee con estos pensamientos. Tampoco los retenga. Simplemente acéptelos, contémplelos levemente y déjelos ir. Haga de cuenta que su mente es como un río y usted está en el medio. El agua le llega a la cintura. Sobre la corriente vienen un montón de escombros, basura, residuos y demás elementos sucios que transitan por el río. Éstos son los pensamientos automáticos, contaminados y recurrentes que circulan por su mente todo el tiempo. Si usted intenta detenerlos con sus brazos como una represa, llegará un punto en el que se saturará y se inundará de ellos. No los retenga.

Hace mucho tiempo que mi pareja no me llama. ¿Debo concentrarme en el sentimiento de frustración y abandono que esto me genera? No. Después sabré por qué no me llama. Dejo ir ese pensamiento. Están haciendo auditorías en el trabajo y es posible que pierda mi empleo. ¿Debo concentrarme en la incertidumbre y la ansiedad que esa posible situación me genera? No. Cuando suceda algo en el trabajo, entonces será el momento de ocuparse de ello. Dejo ir ese pensamiento. Estoy muy fuera de forma y subiendo de peso. ¿Debo centrarme en lo mal que me hace sentir eso y en lo difícil que es bajar de peso? No. Simplemente acepto que tengo una insatisfacción con mi cuerpo pero no me quedo fijo en esa insatisfacción. Simplemente comprendo que la tengo y la dejo ir.

Haga lo mismo con todos los pensamientos automáticos que surjan. Ábrase paso entre ellos, obsérvelos brevemente y déjelos ir. Lo importante es el fluir del río, no lo que flota en él. Si hace esto continuamente la cantidad de elementos ansiosos y automáticos empezará a disminuir. Vaya procurando que los elementos sean cada vez menos y procure restarles fuerza. Tómese el tiempo que sienta necesario.

Evadir los pensamientos automáticos y recurrentes es como atravesar una galería llena de vendedores fastidiosamente insistentes que le ofrecen con ansiedad cosas que usted no quiere ni necesita. Usted simplemente dirá, no, muchas gracias, a todos ellos y continuará sin detenerse en ninguno.

Estar meditando es como cuando un guerrero está en guardia. Totalmente consciente y alerta. En postura de ataque y defensa al mismo tiempo. Está quieto porque espera al enemigo (los pensamientos contaminados). En cuanto el enemigo aparece lo extingue sin perder la defensa. El cuerpo no está tenso, está firme, listo, preparado. Imagine un tigre esperando su presa. Puede estar mucho tiempo en la misma posición sin mover un pelo pero está totalmente alerta. Esa es la disposición de la meditación.  

En principio el ejercicio de la meditación budista busca cuatro cosas. Evitar que pensamientos negativos y tóxicos entren en la mente, erradicar los pensamientos tóxicos que ya están en la mente, generar pensamientos positivos y benéficos en la mente y reforzar e mantener fuertes los pensamientos positivos que se han generado en la mente. En primer lugar lo que debemos tratar de hacer son las dos primeras acciones. Evitar pensamientos negativos y erradicar los que ya están, que es lo que hemos explicado con los pensamientos automáticos. Cuando ya tengamos algún espacio libre de estos pensamientos dañinos, debemos empezar a generar y reforzar los pensamientos positivos y beneficiosos, es decir lo aprendidos en las enseñanzas del Dhamma. Los tipos de amor y compasión enseñados por el Buda. Es necesario estudiarlos y hacerlos presentes durante la meditación.

No se imponga rangos fijos de tiempo determinado para sus sesiones de meditación. Los maestros dicen que si solo ha podido meditar por un par de minutos y después no se sintió cómodo intentándolo, suspenda ahí. Dos minutos son mejor que ninguno. Es más, el solo intento de meditar es mucho mejor que no intentarlo en absoluto. Si usted no pierde el impulso de dedicarle un tiempo, así sea corto cada día, no hay pérdida alguna. Fíjese metas acordes a su nivel y capacidad. Puede empezar meditando por cinco minutos. Cuando se sienta más cómodo puede elevarlo a diez, y así sucesivamente.

Algunas personas usan una alarma o una aplicación de celular para controlar las sesiones de meditación. Siéntase libre de usar o no este método. Lo que sí es recomendable es que elija una hora fija cada día para meditar. Una hora de inicio, la cual podrá marcar en su calendario de sesiones. Iniciar la sesión a la misma hora siempre es de gran ayuda para una práctica fuerte. Tenga en cuenta la hora de inicio, no el momento de finalización ya que este variará de todos modos conforme vaya avanzando en la práctica. La larga o corta duración de las sesiones no es proporcional a la calidad de la meditación. Todo el proceso irá desarrollándose a su ritmo personal.

Al finalizar cada sesión agradezca haciendo reverencia al Buda, al Dhamma y a la Sangha.
  
Conclusión.

La meditación budista es un ejercicio de fortalecimiento del estado consciente. Una profundización de la consciencia del cuerpo, la mente y lo que rodea al meditante. Es un ejercicio continuo de limpieza de la mente y de fortalecimiento de las enseñanzas de Buda. Es un generador de buen karma. En principio no hay buena ni mala meditación lo cual ejercita el valor de la humildad.

La meditación no tiene que ver con poderes mágicos ni con uso de drogas. La meditación no requiere de ninguna ayuda ni apoyo externo por lo cual los productos de las tiendas esotéricas y espirituales no sirven y por el contrario perjudica la práctica de la meditación y la desvían de su verdadero propósito. La meditación no es un acto ceremonial ni un ritual. La meditación es una práctica física y mental que requiere disciplina, no comodidad. El Buda ni siquiera usaba un cojín cuando meditaba en los bosques. 

Qué es meditar.

1.     Meditar es potencializar el estar despierto.
2.     Meditar es limpiar la mente.
3.     Es un ejercicio de cuerpo y mente.
4.     Además de estudiarlo se necesita practicarlo.

Preparación.

1.     Dejar el consumo de licor o cigarrillo.
2.     Hacer ejercicio.
3.     Hacer estiramiento antes de cada meditación.
4.     Hacer un cronograma. (Ejercicio de los 21 días seguidos).
5.     Las primeras veces son de preparación.
6.     No hay meditación mala ni buena. Mantener la mente de principiante.

Recomendaciones.

1.     No usar ayudas externas de ningún tipo.
2.     No meditar en grupo a menos que estén todos en el mismo nivel.
3.     Buscar siempre la soledad y el silencio.

Instrucciones básicas.

1.  Lugar apartado, con espacio y silencioso, sin aparatos ni estimuladores de los sentidos.
2.     Hacer estiramiento.
3.     Tomar una postura fija y cómoda.
4.     Seguir la respiración.
5.     Estar atento y alerta en todo momento.
6.     Usar visualización si le ayuda a enfocarse.
7.     Evitar los pensamientos negativos y tóxicos.
8.     Erradicar los pensamientos negativos y tóxicos.
9.     Generar pensamientos positivos y benéficos.
10. Mantener y fortaleces los pensamientos positivos y benéficos.
11. Meditar durante el tiempo que le sea posible.
12.  Al finalizar agradezca  al Buda, al Dhamma y a la Sangha.

Conclusiones.

1.     Meditar es un ejercicio mental y físico.
2.     No tiene que ver con supersticiones ni uso de drogas.
3.     Consiste en limpiar y fortalecer la mente.
4.     Es un generador de buen karma.
5.     No se necesita nada más que la mente, el cuerpo  y las enseñanzas de Buda.