viernes, 30 de julio de 2021

RECTA ATENCIÓN

                                  

La recta atención es un estado mental. No significa que debamos estar todo el tiempo atentos a todo lo que pasa como una máquina paranoica que lo registra todo. Significa que si practicamos bien el Dhamma, el estado natural de nuestra mente será muy claro y nos permitirá darnos cuenta de lo que nos rodea y de la naturaleza del mundo en un grado mucho mayor al que lo hacíamos antes de la práctica. Como todos los grados del Óctuple Sendero, es un esfuerzo y un ejercicio a practicar.

La recta atención también significa trabajar por fortalecer la capacidad de ver el mundo, la vida y a los demás, más allá de nuestros conceptos y preferencias. Los conceptos, las ideas y las ideologías distorsionan la realidad. A pesar de que son necesarios para la organización y la comunicación de la sociedad, suelen tomarse como realidades absolutas y crear división en el aspecto grupal, y enfermedades mentales en el aspecto individual. Verdaderas enfermedades mentales.

La recta atención tiene como objetivo ese antiguo precepto religioso que dice que debemos vivir en el mundo sin pertenecer a él. Desde el punto de vista budista significa que debemos vivir en el mundo y disfrutar la vida sin caer en las ilusiones y los engaños que todos los días se nos presentan. Para ello hay que vivir atento. Alimentando constantemente la mente con la sabiduría del Dhamma.

Poder comprender a los demás. Entender por qué los demás pelean entre sí. Entender las razones de cada uno para sus luchas personales. Entender el por qué tales razones no tienen sentido y aun así, comprender a quien cree que sí lo tiene. Comprender el caos del mundo sin dejarse arrastrar por él y sabiendo que no tenemos el poder para arreglarlo, para evitar que los demás tomen decisiones incorrectas. Entender que no podemos intervenir en el Kamma de otros pero protegiendo el nuestro, y siempre siendo parte de la sociedad a la que pertenecemos con el fin de ofrecer ayuda en cuanto surja la oportunidad. Para poder hacer eso, nuestra mente tiene que estar apta y lista. Así como un paramédico y un doctor tienen que estar en las mejores condiciones físicas para poder ayudar a otros.

Por otra parte, también debemos estar atentos a nosotros mismos. Saber entender cuándo necesitamos pedir ayuda porque simplemente no podemos arreglar un problema determinado nosotros solos. Realizar una continua autoevaluación y medirnos a nosotros mismos según nuestras fortalezas y nuestros objetivos sin ser tiránicos con nosotros mismos ni llevarnos a excesos perjudiciales. Es decir, ser humildes y usar la humildad como una herramienta para ver el mundo externo e interno.

Obviamente ésta práctica requiere de mantener la mente sobria y el cuerpo sano. Con buena actividad y buen descanso, estando totalmente libre de estimulantes, embriagantes y drogas. Es una práctica que procura la buena salud física y mental. Y nos enseña a llevar un modo de vida sano y saludable.

La recta atención tiene tres puntos específicos que son: Recta atención en las cosas, recta atención en uno mismo y recta atención en la realidad.  

Recta atención en las cosas

Esto significa tener un estado mental directamente contrario al embotamiento. Al enajenamiento mental. Al no control de la mente. Significa estar siempre consciente. Bien ubicado en el lugar y en el momento. Como se dice comúnmente ahora, vivir siempre en el presente. Pero de manera literal. No de forma poética ni metafórica como lo repite la gente que reparte esa frase en redes sociales pero pasa horas y horas pegada a un aparato electrónico.

Recta atención en las cosas significa que nuestros sentidos están abiertos y nuestro cerebro está siempre sobrio. Podemos tener una percepción un poco más afinada y percatarnos de cosas que generalmente pasaríamos por alto. Una persona que se esfuerza por practicar la recta atención en las cosas, tendrá un riesgo muchísimo más bajo de estar en un accidente automovilístico, ya que se acostumbrará a estar atenta a todas las señales de tránsito y a respetar las normas minimizando los riesgos. Es la forma más segura de vivir en el mundo.

Recta atención en uno mismo.

La recta atención en uno mismo consiste en tres partes.

1. Recta atención en el cuerpo: Debemos estar atentos a lo que pasa con nuestro cuerpo. Cuidarlo, evitar someterlo a excesos y mantenerlo libre de intoxicantes. Debemos aprender a tener una comunicación directa con nuestro cuerpo. Saber interpretar el dolor. Diferenciar cuándo nos duele algo porque hay un daño y algo está mal, y cuando nos duele algo porque hay un cambio o algo normal. Por ejemplo, no es lo mismo el dolor de un golpe que le hizo daño a nuestro cuerpo, y el dolor de cuando nos duelen los músculos porque hicimos un buen ejercicio el día anterior. Uno es una alarma de que algo está mal. El otro es un recordatorio de que estamos vivos y nuestro cuerpo funciona.

Saber diferenciar cuándo tenemos hambre y necesitamos alimentarnos, y cuando tenemos ansiedad o alguna emoción negativa que intentamos sepultar con la comida. Este es una excelente herramienta para evitar la obesidad y las adicciones. El cuerpo constantemente nos da información sobre su estado y sobre qué es lo que necesita. Pero como estamos tan desconectados de él, solemos malinterpretarlo y tomar decisiones incorrectas haciéndonos daño. Constantemente persiguiendo el placer cuando necesitamos desarrollo y equilibrio.

2. Recta atención en las emociones: La clave para desarrollar la recta atención en los sentimientos y las emociones nocivas es hacer pausas. Las emociones desequilibradas son como animales feroces, muy rápidos y muy fuertes. Cuando son muy intensas, atacan de forma fulminante dominándonos y haciéndonos tomar decisiones perjudiciales. Para tener una recta atención sobre las emociones desequilibradas, debemos detenernos. Buscar un espacio de quietud en el cual podamos analizar con tranquilidad lo que sentimos. Evaluar su naturaleza, su origen. Disminuirlos hasta hacerlos controlables y tomar una decisión y una dirección sobre ellos de forma totalmente consciente y racional.

Un ejercicio práctico para controlar las emociones cuando se desbordan, es ser honesto con uno mismo y no luchar contra ellas. Por ejemplo, cuando tenemos mucha rabia y estamos a pocos pasos de un estallido de ira, debemos alejarnos de los estímulos que nos están afectando y enfrentarnos a nosotros mismos sin juzgarnos ni reprimirnos. Uno piensa para uno mismo: Sí, estoy furioso. Siento mucha rabia. Tengo ganas de agarrar a Fulanito y partirle la xxx a punta de xxxx hasta que se le xxxx la xxx de tanto xxxx…. Verbalizar lo que sentimos frente a nosotros mismos ayuda a poner a la bestia frente a nuestros ojos y a forzarla a que se quede quieta.

Si analizamos las razones internas, personales, de por qué el estímulo nos genera rabia, y las racionalizamos a través de las palabras habladas, la emoción negativa se va haciendo más clara, como una niebla que se disipa, y empezaremos a tener control sobre ella. Al final nos daremos cuenta que en realidad montar en cólera no es útil, sino perjudicial. Que la respuesta adecuada no es la que sentimos con el estómago sino la que decidimos con la mente. Y en la mayoría de las veces, nos damos cuenta de que en realidad nos estamos enfureciendo por algo que a final de cuentas no es más que una tontería. Este ejercicio funciona con todas las emociones negativas, entendiendo las emociones negativas como cualquier emoción independientemente de que sean consideradas buenas o malas (alegría, tristeza, rabia, euforia, felicidad, aburrimiento), pero que se presentan en un nivel de intensidad que supera nuestra capacidad para controlarlas.

Así, podemos ver que la felicidad intensa, la euforia, el enamoramiento exaltado, el sentimiento patrio llevado al extremo, y el regocijo en la victoria, también son emociones negativas que deben ser aplacadas al igual que la furia, la tristeza y la envidia.

 3. Recta atención en los pensamientos. La recta atención en los pensamientos es de una importancia capital porque tiene la capacidad de influir sobre todo lo demás. Es la génesis del autocontrol. La recta atención en los pensamientos nos ayuda a entrenar la mente para controlarla y evitar que se desvía sola. Una antigua metáfora budista compara la mente con un mono que salta de copa en copa de los árboles sin control. Con la recta atención en los pensamientos, nos percatamos de en qué momento la mente pierde control y se vuelve errática y caótica. Es decir, cuando entra en un estado automático de disipación. Al darnos cuenta de esto, tendremos posibilidad de tomar el mando y decidir qué pensamientos tenemos y que cosas queremos dejar a fuera de nuestros procesos mentales.

Esto incluye procesos involuntarios como fantasear descontroladamente. A veces por aburrimiento o por exceso de tiempo libre, o incluso como mecanismo de evasión, nuestra mente empieza a fantasear y a irse a lugares inexistentes en los cuales creamos nuestras propias ilusiones y fantasías absurdas. Y nos embotamos pensando tonterías que jamás sucederán o en fantasías locas e infantiles. La mente vuela como un papel llevado por el viento. Este tipo de fantasías automáticas disminuye la capacidad de percepción y de control de la mente, y hace que nos desconectemos del tiempo presente haciéndonos torpes e incluso peligrosos si estamos realizando alguna actividad que requiere toda nuestra atención.

Fantasear constantemente es un síntoma de una mente débil. Contrarrestar esta debilidad mental con la recta atención nos ayudará mucho a fortalecer nuestra mente y mantenerla limpia y más que todo, madura. Porque también es necesario crecer y madurar mentalmente para recorrer el camino del Dhamma.

Otro gran problema que tenemos es dejar que nuestra mente se vaya sin permiso a tiempos diferentes al presente. A veces nos vamos al pasado y nos hundimos en la nostalgia de tiempos agradables en un intento por evadir la dificultad del presente. La nostalgia, actualmente tan explotada en la cultura de consumo, es un modo de “zombificación” por así decirlo, mediante la cual nos ofrecen servicios y productos tontos que en realidad no sirven para nada, estimulando el aferramiento a la memoria pasada y evitando que veamos hacia adelante y que fortalezcamos nuestra independencia mental y nuestra creatividad.

Al igual que visitar constantemente el mundo de las fantasías, vivir añorando el pasado es otro síntoma de inmadurez mental.

Otro gran vicio mental que tenemos, y en mi opinión el más común y peligroso, es el de permitir que nuestra mente se vaya al futuro de forma desbocada, imaginando premios y placeres conseguidos fácilmente y sin esfuerzo. También es el vicio de los consumistas y una brecha psicológica aprovechada magistralmente por la cultura de consumo masivo.

“Futurear”, otro término inventado, es otra forma de evadir la realidad. Imaginar la próxima navidad con el trabajo deseado por fin conseguido, con la pareja que se quería, con el peso ideal alcanzado, y sonreír internamente pensando que todo va a estar listo en cuestión de meses, es ponerse una venda en los ojos y caminar hacia un abismo. Esta es la fórmula de los coaching de vida, los psíquicos y videntes de televisión. El positivismo extremo es muy peligroso y perjudicial. Un tema del que hablaremos próximamente.

Cuando la mente desee escaparse a escenarios de logros cumplidos y problemas superados, sin pensar nunca en cómo resolver los problemas ni en crear estrategias y acciones para superar las dificultades, es momento de detenerla y ordenarle parase en el momento presente. La razón debe superar al deseo y debemos gobernar nuestra mente ya que todo movimiento hacia cualquier lugar que no sea le presente es un vicio que debilita la mente y nos aleja de la práctica correcta y por lo tanto, de todos nuestros verdaderos objetivos.  

Un ejemplo claro es el de la mal usada frase del “esto también pasará” tan usada en el budismo occidental como muletilla facilista. La gente la aplica mucho a la situación de la pandemia. En lugar de vivir en el momento presente la gente usa esta frase de “esto también pasará” para futurear, tratando de escapar del presente porque es abrumador, lleno de incertidumbre y temores. Entonces se imaginan a sí mismos en el tiempo futuro en el que la pandemia ya pasó y todo está bien. Una estrategia de evasión. En lugar de ello, lo correcto es mantener una recta atención en los pensamientos. Dejar de repetir que esto también pasará como un loro y empezar a meterse en la realidad de que esto está pasando, ahora mismo y en este lugar. Y crear estrategias y planes para ver cómo lidiamos con ello y superar el miedo y los problemas enfrentándolos directamente.

Puedes leer un artículo sobre el mal uso de esta frase en este blog (Esto también pasará).

Recta atención en la realidad

La recta atención en la realidad es tener comprensión del mundo que nos rodea más allá del sentido común mundano. Es decir, comprender las leyes de la naturaleza, su mecanismo y la forma en la que funcionan y cómo nos afectan. Es decir, ver cómo las Enseñanzas que nos trajo el Buda son reales y están presente en todo lo que nos rodea. Esto sería simplemente, darnos cuenta de que el Buda tenía razón, y de que comprender sus Enseñanzas es una gran ventaja para nuestro camino en la vida.

Recta atención en la realidad es tener percatación y visión del mundo más allá de la visión común que teníamos antes. Está relacionado con la Recta Visión, y nos da las claves para evitar el peligro y conducirnos por la vía segura.

La recta atención en la realidad es ver las Enseñanzas del Buda más allá del propio budismo, de la propia doctrina budista. Porque el Buda no inventó nada. Descubrió la realidad. Por eso se dice que despertó. Abrió los ojos. Debemos tener nuestros ojos abiertos para percatarnos de la realidad, y conducirnos en concordancia con ella. Nuestro Maestro nos enseñó cómo hacerlo. Solo debemos practicar el camino.  

Recta atención en la realidad es estudiar los fundamentos enseñados por el Buda como pueden ser la interdependencia, la compasión, la vacuidad, la originación dependiente y todos los demás que nos presenta la doctrina, detectarlos en la realidad, comprobarlos y adquirir el conocimiento de su existencia y la sabiduría para armonizar con la realidad. En pocas palabras, iniciar el camino hacia la iluminación. Este es en muy pocas palabras, una introducción a la Recta Atención.  

viernes, 2 de julio de 2021

RECTO ESFUERZO

                        


El Recto Esfuerzo hace referencia al esfuerzo que debemos a hacer en la práctica y a la forma como debemos proteger y desarrollar nuestra mente. Esta enseñanza es muy útil para la vida diaria y es buena idea tomar lápiz y papel o graficar de alguna manera estas técnicas para tenerlas a la mano siempre y practicarlas cuando las necesitemos.

El Recto Esfuerzo nos dice que debemos tener disciplina y dedicación en la práctica del Dhamma. Hay que desarrollar una costumbre de esfuerzo. Como el deportista que se ejercita diariamente y posee un hábito diario de práctica.

Las palabras esfuerzo, práctica, ejercitación, hábito y disciplina no tienen el mismo significado en el budismo y en el mundo común. Por lo general estas palabras tienen una connotación muy negativa.

Se dice por ejemplo que si tienes problemas de obesidad y necesitas bajar de peso, debes hacer dieta y ejercicio. Estas dos actividades, en el contexto del mundo, tienen una interpretación de castigo. Un castigo por haberse descuidado el cuerpo y la salud. La gente se imagina que para conseguir su objetivo, debe comer cosas desagradables, aguantar hambre, y matarse en un gimnasio como un soldado que está en un entrenamiento infernal en contra de su voluntad.

En el budismo el esfuerzo no es eso. En el budismo, la disciplina y el esfuerzo son una decisión. Son prácticas benéficas que fortalecen el cuerpo y desarrollan la mente. Son hábitos que se deben adoptar para toda la vida, por lo tanto, no pueden tener una condición negativa o ser castigos dolorosos porque de ser así, no sería posible adoptarlos como hábitos permanentes. Ningún humano puede dedicarse toda la vida a una actividad que le produce rechazo y que de verdad no quiere hacer, solo por conseguir unos objetivos que por lo general son vacíos. Por eso los intentos comunes de bajar de peso, de dejar un vicio, de no ser tóxico, fracasan. Además de que las soluciones que se suelen presentar son ilusiones que prometen una absurda satisfacción instantánea evitando a toda costa el esforzarse.

En el budismo la disciplina y el esfuerzo son actividades fundamentalmente espirituales. Antes de empezar a realizarlas, hay que comprenderlas. Entender cómo las vamos a usar y para qué. En el budismo, el esfuerzo y la disciplina no son simples medios para conseguir victorias personales. Son un medio y un fin en sí mismo. Son actividades que empiezan como aprendizaje para convertirse en formas de vida que se aplican a todas las demás áreas de la vida, incluyendo la integridad.

No son actividades desagradables ni tortuosas. El mundo nos ha enseñado que esforzarse es un sacrificio y que la disciplina es un castigo. Esto no es cierto. Pregúntale a un deportista o a una persona que posee una disciplina desarrollada si le parece molesto y negativo realizar su rutina. Cuando uno desarrolla una disciplina, llega un punto en el cual el no realizar la actividad resulta incómodo y se convierte en una necesidad el hacerla. Lo más difícil como siempre es empezar. Pero incluso esta etapa inicial tiene un gran potencial para ser disfrutada.

Todos los inicios son oportunidades nuevas y la vida sin retos no valdría la pena. La vida sin problemas que superar no podría ser vida. Sin objetivos importantes, no tendríamos nada importante qué hacer y nuestra vida no tendría sentido. La disciplina y la auto exigencia son aliados de nuestras metas y darles una identidad antagónica es sabotearnos a nosotros mismos. Este auto sabotaje continuo ha sido implantado en nuestra mente por la sociedad de consumo y la cultura mundana de la satisfacción y la comodidad.

El mundo nos ha hecho creer que el facilismo, la comodidad y el confort son cosas buenas, y que el esfuerzo, la disciplina y el compromiso son cosas malas. En la práctica budista las cosas son exactamente al revés. La ley del menor esfuerzo es la ley del cobarde, del tramposo, y del perdedor. Es la ley del mundo. La disciplina y el esfuerzo son la ley del guerrero. Es el fundamento de un atleta o un deportista profesional o amateur. Un practicante del Dhamma debe tener la misma disciplina y dedicación que un practicante de artes marciales. El camino más difícil es el camino del Buda. En los centros budistas occidentales no se enseña esto.

En el Recto esfuerzo, el sexto grado del Noble Óctuple Sendero, el Buda enseñó cuatro esfuerzos fundamentales que todo practicante debe realizar y mantener durante toda su vida. Estos cuatro esfuerzos o cuatro prácticas mentales mantienen la motivación, fortalecen la mente, la protegen de los venenos mundanos y nos mantienen en el camino correcto. Estas cuatro prácticas básicas son: El esfuerzo por la restricción, el esfuerzo por el abandono, el esfuerzo por el desarrollo y el esfuerzo por la protección. AN 4,69 Padhana Sutta. Veamos cada una de estas prácticas e intentemos proyectar su uso en nuestra vida diaria.

El primer esfuerzo es el esfuerzo por la restricción. Esfuerzo por restricción quiere decir, prevenir el surgimiento de estados mentales torpes. Estos estados mentales torpes o inhábiles son emociones negativas y tóxicas como la ira, la tristeza, el odio, los celos, el rencor y demás por el estilo. Estos estados mentales negativos surgen cuando entramos en contacto con el mundo a través de los órganos de los sentidos. Por ejemplo, cuando vemos una noticia sobre injusticia social, maltrato infantil o animal, o cualquier cosa que nos genere rabia, indignación o nos haga sentir odio. Las imágenes explícitas que nos generan excitación sexual fuerte sin nuestra intención. Las palabras agresivas que nos causan dolor. En fin, cualquier información que llegue a nuestro cerebro y que se interprete como negativa y nos genere emociones, sentimientos y pensamientos venenosos.

Cuando eso sucede, realizamos el esfuerzo por restricción, y evitamos que los estímulos que recibimos nos generen este tipo de emociones. No evitamos que los estímulos lleguen porque no nos apartamos del mundo. Evitamos que esos estímulos que nos llegan tengan efectos negativos en nosotros, teniendo control de lo que pensamos y sentimos. Nosotros decidimos qué pensar y por lo tanto, qué sentir. Como si tuviéramos un guardián en la puerta de los sentidos. No debemos dejar que el mundo encienda nuestras pasiones bajas y nuestros sentimientos vulgares. Estos siempre deben estar bajo nuestro control a través del esfuerzo por restricción perfeccionado por la meditación.

El segundo esfuerzo es el esfuerzo por el abandono. Esfuerzo por abandono quiere decir erradicar los estados mentales perjudiciales que ya están presentes en la mente. Cuando encontramos el Dhamma, nuestra mente ya ha sido ensuciada por los hábitos dañinos del mundo común. La práctica budista nos da la guía para erradicar estos estados mentales perjudiciales y encausar la mente en la dirección correcta.

El Buda ha identificado cinco obstáculos mentales que impiden limpiar la mente. Estos cinco obstáculos son: 1- El deseo malsano o vulgar. 2- El odio o rechazo. 3- La ansiedad o el desasosiego. 4- La pereza o el letargo. 5- La duda o la indecisión. Estos elementos son conocidos como Los cinco impedimentos. El Buda enseña que estos cinco obstáculos deben ser abandonados en el momento en el que se presenten. Ya están dentro de nuestra mente y tienen raíces muy profundas. Son conexiones nerviosas antiguas que se activan ante estímulos ya habituales. Teniéndolos presentes y reconociendo su causa y su surgimiento automático, vamos poco a poco a erradicarlos de nuestra mente mientras vamos avanzando en la práctica.

El tercer esfuerzo es el esfuerzo por desarrollo. Esfuerzo por desarrollo quiere decir desarrollar estados mentales hábiles o correctos. A través de la introyección de las enseñanzas del Buda y de la meditación, vamos a ir generando estados mentales hábiles. Aquí no estamos hablando de sensaciones de paz y tranquilidad, ni de sentimientos bonitos y agradables. Nos referimos a estados mentales más sutiles y refinados que trascienden las sensaciones del cuerpo. Estados meditativos de mayor integración mental. Concentración alerta y consciente. Estados mentales un poco más trascendentales que no suelen durar mucho pero que con la práctica constante van generando un cambio en la raíz de la mente hacia la sabiduría, adoptando estados mentales hábiles y benéficos.

Aunque estos estados mentales son agradables, debes recordar que ese no es el objetivo de la práctica. Estas son técnicas de entrenamiento y el objetivo no es sentirse bien sino encaminar la mente hacia estados mentales correctos de forma totalmente consciente. Si tomas como objetivo el estado pacífico y la serenidad de este esfuerzo y dejas de enfocarte en la generación de estados mentales hábiles, te estancarás en tu desarrollo espiritual y posteriormente te desviarás del camino correcto porque terminarás buscando sensaciones de bienestar en lugar de crecimiento espiritual. Recuerda que estamos hablando de esfuerzos correctos.

El cuarto esfuerzo es el esfuerzo por protección. Esfuerzo por protección significa mantener los estados mentales hábiles ya surgidos. Este es el último eslabón de la cadena. Después de prevenir que los estados mentales negativos entren a nuestra mente, erradicar los que ya tenemos, y generar los estados mentales hábiles, el paso final es fortalecer y desarrollar los estados mentales correctos que estamos generando. La meditación practicada de manera habitual guiando nuestra mente en la dirección correcta, realizando los tres primeros esfuerzos en su orden culminando con este, hace que volvamos a comenzar el ciclo de limpieza, desarrollo y fortalecimiento mental y realicemos el Recto Esfuerzo. Es como esos programas de computación que limpian los discos duros de la basura que recogemos cuando navegamos. Simplemente lo hacemos funcionar, hacen su función de limpieza y vuelven al inicio esperando la orden para volver a limpiar. Cuando practiques el recto esfuerzo de forma habitual, podrás realizar los cuatro pasos fácilmente de forma casi simultánea.

El desarrollo de estados mentales hábiles se genera tras el estudio de las enseñanzas budistas y se realiza durante la meditación. Nos hace profundizar seriamente en las Enseñanzas y nos aleja de los venenos mundanos y las enseñanzas incorrectas. Es como el primer paso en firme en el camino hacia la iluminación. Estos son los cuatro esfuerzos enseñados por el Buda en el sexto grado del Noble Óctuple Sendero.

El Recto Esfuerzo puede parecer mucho trabajo a primera vista, pero en realidad no lo es. Para entenderlo de manera más sencilla, vamos a simbolizarlo de una forma práctica para que tu mente pueda apropiárselo con facilidad y lo puedas practicar diariamente. A esta visión del Recto Esfuerzo le llamo Los cuatro guardianes.

Imagina que tu mente es un jardín. Tu jardín está descuidado y abandonado. La puerta por la cual se entra a tu jardín está siempre abierta. Por ella entran contaminantes, toda clase de animales, personas extrañas que dejan basuras. Tu puerta está dañada y no tiene control alguno. Tu jardín no tiene defensas ante el mundo y sus venenos. Entonces llamas al primer guardián.



El primer guardián (Restricción) tiene un escudo en sus manos. Él se para en la puerta de tu jardín y la restablece. La arregla y la cierra. No permite que nada más entre a tu jardín. Cualquier cosa perjudicial, inhábil y tóxica, es repelida inmediatamente por el escudo del primer guardián. Si el guardián es fuerte, el mundo no podrá entran en el jardín como lo hacía antes. Su escudo repele todo estímulo negativo. Los órganos de los sentidos ya no son entradas libres sin restricción por los cuales entran generadores de venenos. Ya nada puede invadir el jardín.



El segundo guardián (Abandono) tienen una segadora en sus manos. Él entra a tu jardín. Como todavía no has practicado el Dhamma, tu jardín está descuidado. Está sucio, lleno de hierba mala, de plagas y de tierra sucia y contaminada. El segundo guardián se para en una esquina de tu jardín y empieza a arrancarlo todo con su segadora. Arrancando la hierba mala. La saca desde la raíz. El segundo guardián va podando, cortando, arrasando. Dejando la tierra limpia y plana. El segundo guardián es el que limpia tu mente de los estados mentales tóxicos que ya tienes desde hace tiempo. Tu jardín ha quedado limpio ahora.



El tercer guardián (Desarrollo) tiene una bolsa con semillas en sus manos. Entra al jardín que ahora está limpio y empieza a sembrar las semillas en la tierra. El tercer guardián siembra estados mentales hábiles en tu mente. Sus semillas son la sabiduría del Buda. Es el inicio del nuevo jardín. Cada Enseñanza del Buda, cada nuevo aprendizaje y cada experiencia personal guiada por la práctica es una semilla que se siembra en tu mente. El tercer guardián es el estudio de las Enseñanzas Budistas. Las semillas del tercer guardián son las semillas del Dhamma.



El cuarto guardián (Protección) tiene un cántaro con agua en sus manos. Entra a tu jardín y empieza a regar las semillas sembradas. El cuarto guardián es un jardinero. Él cuida las semillas. Las ve germinar. Las hace crecer. Cuando es tiempo las poda. Cuando las plantas se dañan las repara. Cuando es necesario, trasplanta las nuevas plantas a un lugar mejor. Procura que reciban el sol. No permite que se quemen ni que se sequen. Es el protector de las semillas del Dhamma. El cuarto guardián es la disciplina en la práctica diaria. Es la creación del hábito en el cultivo del camino. Es el esfuerzo constante que nunca se rinde. Disciplina.


Así, para cambiar el jardín de tu mente, necesitas instalar los cuatro guardianes del Recto esfuerzo. Esta fórmula de los cuatro guardianes en el jardín es muy práctica para recordar fácilmente los pasos del Recto Esfuerzo. 

Esta es una explicación corta y rápida del Recto Esfuerzo enfocada a la práctica diaria. Como siempre, se basa en el estudio, la comprensión y la práctica real de las Enseñanzas del Buda. Disciplina es una palabra que rara vez se escucha en los grupos budistas, si es que se escucha alguna vez. Sin disciplina, es imposible realizar la práctica. El recto esfuerzo debe ser aplicado con dedicación a cada uno de los ocho grados del camino.

Algo importante del Recto Esfuerzo, de la dedicación y la disciplina, es que depende enteramente de nosotros. Por lo general estamos acostumbrados a depender. A ver al maestro como si fuera nuestro padre y a delegarle todas nuestras decisiones he iniciativas. Eso es un error. La realización de la práctica depende del practicante y de nadie más. El maestro solo está ahí para dirigir. Así que si intentas practicas el Dhamma, el Recto Esfuerzo y la disciplina y fracasas, no hay nadie a quién responsabilizar más que a ti mismo. Cada quien es responsable de su propio Kamma y depender a toda hora de otro es generar un kamma débil que se puede quebrar en cualquier momento.

Estas fueron algunas recomendaciones sobre el Recto Esfuerzo del Noble Óctuple Sendero. Espero que te sean útiles.