Para ayudarnos a llevar a la práctica nuestros votos y contar con una guía clara de acción, nos comprometemos con un código de disciplina con un determinado sistema de preceptos. El término sánscrito de este código o sistema es vinaya, que se puede traducir como “disciplina” o “compostura”.
Según las
escrituras, Shakyamuni Buddha no estableció ningún código de conducta para sus
discípulos durante los primeros doce años de su enseñanza, porque aquellos
primeros fieles tenían un alto nivel espiritual y poseían raíces kármicas tan
fuertes, profundas y positivas, que nunca hicieron ninguna actividad malsana o
destructiva. Buddha sólo comenzó a instituir reglas de conducta para sus
seguidores cuando algunas situaciones específicas de mala conducta amenazaron
la integridad de la Sangha y la capacidad de los discípulos para practicar el
camino de la liberación. Aquí debemos notar que tales preceptos no nacieron del
vacío, ni fundados en una serie de principios abstractos, sino como respuesta
directa a problemas específicos que aparecieron en las primeras comunidades de
fieles.
Por lo tanto, la
intención en el establecimiento de vinaya no fue imponer al azar una serie de
medidas disciplinarias a los fieles, sino más bien darles una guía realista que
los ayudara a perseverar en el seguimiento de la doctrina de Buddha y
finalmente alcanzar la liberación (Nirvana). Las escrituras cuentan que Buddha,
antes de morir, dijo a su discípulo Ananda que solamente la guarda de vinaya
podría asegurar la existencia continuada de Dharma en el mundo. Sin embargo,
añadió que con ello hacía referencia a los principios fundamentales de la
práctica vinaya comprendidos en los cinco principios fundamentales que prohíben
matar, robar, malas conductas sexuales, malas palabras y uso de bebidas
alcohólicas. En cuanto a los múltiples detalles de los principios menores que
cumplen los que llevan la vida monástica, y que fueron formulados en respuesta
a incidentes particulares, Buddha dio permiso a sus seguidores para no
seguirlos si alguna vez era necesario o si las circunstancias cambiaban y
resultara que tales reglas fueran más un obstáculo que una ayuda. Dijo que de
ningún modo las reglas codificadas deberían impedir a sus seguidores el hacer
el bien a los demás en determinadas circunstancias. Y que si encontraban alguna
práctica ética que estaba de acuerdo con del espíritu de vinaya y era
beneficiosa, aunque él no lo había mencionado específicamente, no dudaran en
aceptarla.
Fue intención de
Buddha que sus seguidores llevaran el Dharma a tierras extranjeras para que su
camino se siguiera en diferentes culturas y diferentes edades, por lo que
deberían ser flexibles y adaptarse a las costumbres de cada tiempo y lugar
concretos mientras no violaran los principios fundamentales del vinaya.
Desgraciadamente,
Ananda, abrumado por la emoción en los últimos momentos de vida de Buddha, no
le preguntó qué preceptos menores consideraba dispensables. Esta omisión no
gustó a los miembros más conservadores de la Sangha. Y en la primera
conferencia de los seguidores de Buddha, celebrada después de su muerte, se
decidió que para no comprometer el Buddhadharma por equivocación, todos los
preceptos serían codificados y mantenidos estrictamente en el futuro. Por esta
razón, la mayoría de las intrincadas reglas de la vida monástica en el mundo
budista han sido el resultado de diferentes interpretaciones más que
innovaciones.
Sin embargo, en el
desarrollo de la historia del budismo, para hacer frente a cambios históricos,
sociales y condiciones culturales, se han establecido numerosos códigos de
disciplina que se derivan del original vinaya dado por Buddha. Son códigos para
los fieles laicos, códigos para diferentes categorías de monasterios budistas y
códigos que se pueden aplicar a ambos grupos. Algunos de estos códigos son
generales y simples, como el del refugio en las Tres Joyas y el practicar los
cinco preceptos, mientras que otros son muy detallados y complejos, como las
reglas para monjes y monjas que contienen cientos de puntos diferenciados
detalladamente. Pero todos estos códigos de conducta sirven para el mismo fin:
salvaguardar la existencia continuada del Buddhadharma en el mundo y ayudar a
los fieles a alcanzar la iluminación.
El objetivo básico
de todo código vinaya es ofrecer a los fieles budistas una pauta de vida ética
que les lleve y les conecte funcionalmente al cultivo de la compasión, la
sabiduría y a la liberación final del sufrimiento de los seres conscientes.
Estos sistemas de preceptos no han sido formulados para hacernos capaces de
aumentar nuestros “poderes espirituales”, ni mucho menos para darnos un
estándar ético por el que medir y juzgar la conducta de los demás. Tampoco han
sido creados para ofrecernos temas de estudio, o conversaciones importantes
para uno mismo, sin fruto alguno. Es cierto que el estudiar y discutir estos
preceptos es importante, pero si se hace sin llevarlos a la práctica es como
hablar de la comida sin comer, o contar el dinero que tienen los demás. No nos
traerá ningún beneficio. En un sentido realmente auténtico, el objetivo de
vinaya para un individuo es actualizar las enseñanzas de Buddha en la vida
diaria por medio de una conducta apropiada.
De ahí que en las
escrituras vemos frecuentemente que se habla de “vinaya de Dharma correcto” lo
que muestra el papel integral que estos códigos desempeñan en la conducta para
actualizar el Dharma enseñado por Shakyamuni Buddha.