La inteligencia artificial es un factor inevitable en nuestra vida. Su impacto en nuestra relación con el mundo es un hecho. Tampoco es un secreto para nadie que es una tecnología que trae riesgos. Es una espada de doble filo. Puede ayudar, pero también trae riesgos potenciales en el ámbito social, psicológico, laboral y más.
En el contexto de
nuestra práctica budista podemos preguntarnos si la inteligencia artificial
puede ser usada para fortalecer la expansión del Dhamma y nuestra práctica
grupal e individual. También debemos
preguntarnos cuáles son los riesgos para nuestra práctica y nuestra religión el
incluir esta herramienta en nuestra cotidianidad.
El principal
riesgo de la inteligencia artificial es el acto de crear una ilusión y caer en
ella. Ser los artífices de nuestros propios delirios proyectados en una
pantalla. Una nueva forma de crearnos ilusiones que nos desvíen del camino como
diría el Buda.
Debemos recordar
que la inteligencia artificial no es un ente ni una conciencia cibernética. Ese
es uno de los peligros. Los algoritmos están diseñados para engañar la mente
del usuario y hacerle creer que está hablando con otro ser o conciencia
viviente así el usuario sepa que es una máquina. El efecto en el inconsciente
se logra. Hay gente que cree que en realidad hay alguien ahí, y de alguna
manera descarta su aspecto racional usando la inteligencia artificial para
llenar sus carencias afectivas, otorgándole cualidades que no puede conseguir
con una relación humana real. Y las consecuencias de esta perversión de las
relaciones humanas ya tienen víctimas reales.
Han empezado a
surgir casos de suicidio alrededor del mundo de personas que han interactuado
con inteligencia artificial a un nivel íntimo usándola como una confidente y
descargando sus necesidades emocionales con estas máquinas. El resultado es una
distorsión de la realidad, del funcionamiento psicológico y de las relaciones
humanas que termina en suicidio. La mayoría de los casos hasta ahora
registrados son de adolescentes. Las empresas propietarias de estos programas
han empezado a implementar algoritmos que detectan y combaten el problema del
suicidio en sus usuarios. Sin embargo, este peligro persiste en cuanto a que personas,
generalmente jóvenes, que tienen problemas psicológicos y sociales, usarán
estos programas para calmar carencias afectivas a través de medios artificiales
en lugar de buscar ayuda con personas a su alrededor. No hay forma de que esta
opción no sea peligrosa para el usuario.
Reemplazar la
interacción humana con una máquina es un camino seguro al fracaso. Es una ruta directa
contra una pared como tristemente lo demuestran estos casos de suicidio.
Volviendo a
nuestro mundo budista. La inteligencia artificial se ha estado usando para
crear imágenes y videos generados para acompañar material budista de difusión.
En sí esto no es algo negativo. Es simplemente una adición estética.
Desde el mundo de
la literatura y las editoriales estamos viendo venir un problema que ya amenaza
a la sangha universal. Hay una publicación que anda rondando en las redes
sociales de comunidades budistas que anuncia un peligro que como budistas
debemos prever. La publicación es la siguiente:
“Hoy
me preguntaron si recomendaba esta lectura, y me vino muy bien para alertarles
a todos sobre este tipo de contenido en internet.
Cada
vez me encuentro con más lecturas que no ofrecen enseñanzas budistas, sino una
ensalada de mensajes sobre autoayuda espiritual disfrazada de budismo con
inteligencia artificial.
El
autor no existe, se presenta como monje budista y solo da información genérica
que no se puede corroborar. En ningún momento ofrece fuentes verificables sobre
discursos.
La
redacción usa el clásico esquema de plantilla ("nacido en un entorno
humilde", "dedicando décadas al estudio", "vivió en
monasterios de distintos países asiáticos"). No menciona un solo
monasterio específico, ni su maestro, ni su linaje (Theravāda, Zen, Tibetano),
ni la orden en la que supuestamente se ordenó (upasampadā).
La
imagen del anciano con túnica es una foto de archivo comercial o generada sintéticamente.
No corresponde a ninguna figura pública o monje real reconocido
internacionalmente.
La
biografía concluye con frases vacías estilo coaching ("Ananda no escribe
para que lo sigas. Escribe para que te encuentres"), alejadas de cualquier
exégesis o lenguaje del Dhamma”.
Esta publicación ha estado circulando por la esfera budista de las redes de tal manera que no encontré la publicación original. Sin embargo, es una gran bandera roja que anuncia lo que se nos viene. Sin duda podemos afirmar que nos espera una avalancha de libros falsos creados con inteligencia artificial llenos de palabrería vacía, falsos conceptos, monjes que no existen y referencias clásicas de la nueva era. Esto es prácticamente una certeza. Es imposible que la industria de la nueva era y demás estafadores dejen pasar la oportunidad de engañar a la comunidad budista con una herramienta que les ofrece todo lo que necesitan para generar, promocionar y vender material fraudulento. Frente a esto debemos tomar medidas. En realidad, no sería nada nuevo de lo que ya hemos advertido anteriormente. La única diferencia es que ahora debemos desconfiar aún más de nuestra apreciación estética y de los anuncios gratificantes que nos dicen exactamente lo que esperamos y queremos escuchar.
En esta
publicación que nos reportan las redes, vemos un trabajo bastante perezoso.
Palabrería barata, ninguna información que se pueda verificar, una foto de un
monje sonriente y unas formas y colores agradables. Nuestra ignorancia sobre la
doctrina budista es tan grande que no hay que esforzarse mucho en crear un
producto falso lo suficientemente bueno para que la gente incauta caiga en la
trampa. Pero creo que mejorarán con el tiempo.
Nada les costará
crear una biografía creíble. Investigar algunos nombres de templos en oriente,
nombres de maestros, tal vez el nombre de un monje real muerto, una foto
antigua sin contexto y entonces el comprador cree que ha burlado a la
inteligencia artificial cuando en realidad cayó en un engaño de alguien menos
perezoso. Nuestra falta de conocimiento sobre nuestra propia creencia será el
origen de nuestro propio fracaso.
Debemos verificar
las fuentes, investigar los autores, especialmente debemos desconfiar de
nuestros ojos y hacer un esfuerzo por usar nuestro razonamiento al momento de
evaluar material. El principal ataque viene por nuestros sentidos de la vista y
el oído. Las imágenes particularmente hermosas y realistas y el lenguaje
endulzado y agradable. La inteligencia artificial es básicamente un algoritmo
creador de estética realista y un uso del lenguaje empalagoso y lleno de
clichés reconfortantes. No debemos creerle a la imagen idealizada que tenemos
del budismo en occidente. Ese es el punto débil que los estafadores de la
inteligencia artificial atacarán. Y debemos tener una disciplina de estudiante
dedicado al investigar el origen del material que estamos evaluando.
No es negativo
usar la inteligencia artificial. Puede ser útil para investigar referencias
académicas o conceptos básicos. Y la generación de imágenes hermosas puede
ayudar a que el budismo llegue a más personas en contextos más allá del
religioso. De todas maneras, es una herramienta que debemos mantener en un uso
básico y sencillo. Debemos recordar que la inteligencia artificial es
simplemente una herramienta, nada más que eso.
Miremos el ejemplo
de los cristianos, ellos también tienen que enfrentar el impacto de la
inteligencia artificial en su vida religiosa. Sin embargo ellos tienen la
Biblia y eso los blinda en gran manera de influencias negativas externas. La
inteligencia artificial no tiene nada nuevo con qué engañarles porque ellos ya
tienen su libro y cualquier respuesta ajena será fácilmente detectada. Esa es
nuestra desventaja.
Como el budismo es
en gran parte enseñado desde un arquetipo falso idealizado por la cultura
occidental y no desde el estudio de los textos sagrados, va a ser muy fácil
para los estafadores de la inteligencia artificial inventar cosas que podamos
creer como verdad porque a diferencia de los cristianos, nosotros no estamos
acostumbrados a tener como parámetro principal y real nuestros textos sagrados.
Es decir que la gente en general no tiene en cuenta los textos sagrados del
budismo para fundamentar su práctica y en lugar de eso se basa en cualquier
libro con la palabra “budismo” en su portada o con la foto de un monje, o el
Dalai Lama, o un Buda y con eso le basta para confiar en el texto. Desafortunadamente,
nuestro criterio es más estético y dialéctico que doctrinario, y es ahí donde los
estafadores tienen toda la ventaja para engañarnos.
Es imprescindible
y fundamental que conozcamos los textos sagrados de nuestras tradiciones antes
de consumir cualquier texto laico sobre budismo. Si no conocemos los Suttas y
Sutras budistas antes que nada, podemos terminar creyendo cualquier tontería
sentimentalista que los estafadores del orientalismo religioso vienen vendiendo
en el continente americano desde los años 60s.
Por lo tanto, una
buena defensa para luchar en contra de la influencia negativa de la inteligencia
artificial es simplemente conocer tu tradición de práctica desde sus raíces,
conocer sus sutras, sus maestros fundadores, su historia y estudiar el Canon
Pali.
Esto no quiere
decir que ya no debemos comprar más libros sobre budismo. Significa que debemos
hacer lo que se supone que debimos haber estado haciendo desde que empezamos
con nuestra práctica. Verificar el origen y la genuinidad de los textos y los
escritores antes de comprar o aceptar el material.
Para una
referencia más segura de los libros budistas con riesgo de haber sido generados
con inteligencia artificial, investiga con mayor atención cualquier libro
publicado desde el 2023 en adelante.
La realidad de la
inteligencia artificial es que es inevitable y todo apunta a que su mayor uso
para con nosotros será el intento de engañarnos. Pero hay un punto que como
budistas no debemos olvidar. Este mundo es un mundo de ilusiones y esta
tecnología potenciará aún más el mundo ilusorio en el que vivimos. El punto que
debemos recordar como budistas es que realmente, no necesitamos usar
inteligencia artificial.
¿Es inevitable su
presencia en nuestra sociedad? Sí, todos a nuestro alrededor la usarán.
¿Intervendrá en la sangha universal y en la manera en la que vemos al mundo?
Sí. Es un proceso indetenible. Pero aun así, en tu práctica diaria, la verdad
es que no necesitas la intervención de una máquina para tu estudio y práctica.
Es simplemente una adición y como tal puedes prescindir de ella. Seguramente
será un ejercicio particularmente difícil para la gente joven, pero tampoco es una
decisión que requiera demasiado esfuerzo. No necesitamos un algoritmo sobre
alimentado para avanzar como personas, ni en lo religioso ni en todos los demás
aspectos. Es una opción que el mundo nos está metiendo hasta por los ojos, pero
como practicantes tenemos claro que lo que nos dice el mundo es ilusorio.
Recuerda las
palabras del Buda: “Cuando un hombre considera
que este mundo es una burbuja de espuma y una ilusión, entonces el rey de la
muerte no tiene poder sobre él”. Dhammapada Verso 170.
Este mundo es una
burbuja de ilusión, ¿Cuánto más ilusorio llegará a ser si confiamos nuestras
decisiones a un algoritmo diseñado para imitarnos? Nuestro fundamento deben ser
los textos sagrados que son la realidad, no las nuevas corrientes espirituales
alternativas reinterpretadas por una imitación artificial de la vida humana. Caer
en el vicio de las inteligencias artificiales es caer en la máxima expresión de
la decadencia humana. No necesitamos ninguna inteligencia artificial.
Otra cosa
sumamente importante que debes recordar es lo siguiente. Una de las tres joyas
es la Sangha de los discípulos del Buda. La Sangha real, las relaciones
humanas, la hermandad de practicantes, el contacto humano. Nada puede
reemplazar eso, menos una máquina. El contacto entre practicantes es tan
importante que el Buda lo estableció como uno de los tres refugios, nada más y
nada menos. Jamás debemos permitir que los vínculos con nuestra sangha sean
inferiores a nuestra interacción con la tecnología.
En este momento nosotros somos los rebeldes. Somos la resistencia. Entre más nos neguemos a creerle al mundo y a ceder a la tentación de usar la inteligencia artificial como una prótesis social y emocional, y nos mantengamos en nuestra terca y riesgosa decisión de insistir en las relaciones humanas por más complicadas, desagradecidas y dolorosas que sean, nos mantendremos sobre una roca firme, estaremos a salvo, nos ahorraremos una gran cantidad de sufrimiento y estaremos listos para ayuda a otros. Lo único que debemos hacer, es persistir y refugiarnos en el Buda, en el Dhamma y en la Sangha.



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