viernes, 18 de septiembre de 2026

Inteligencia artificial y budismo


La inteligencia artificial es un factor inevitable en nuestra vida. Su impacto en nuestra relación con el mundo es un hecho. Tampoco es un secreto para nadie que es una tecnología que trae riesgos. Es una espada de doble filo. Puede ayudar, pero también trae riesgos potenciales en el ámbito social, psicológico, laboral y más.

En el contexto de nuestra práctica budista podemos preguntarnos si la inteligencia artificial puede ser usada para fortalecer la expansión del Dhamma y nuestra práctica grupal e individual.  También debemos preguntarnos cuáles son los riesgos para nuestra práctica y nuestra religión el incluir esta herramienta en nuestra cotidianidad.

El principal riesgo de la inteligencia artificial es el acto de crear una ilusión y caer en ella. Ser los artífices de nuestros propios delirios proyectados en una pantalla. Una nueva forma de crearnos ilusiones que nos desvíen del camino como diría el Buda.

Debemos recordar que la inteligencia artificial no es un ente ni una conciencia cibernética. Ese es uno de los peligros. Los algoritmos están diseñados para engañar la mente del usuario y hacerle creer que está hablando con otro ser o conciencia viviente así el usuario sepa que es una máquina. El efecto en el inconsciente se logra. Hay gente que cree que en realidad hay alguien ahí, y de alguna manera descarta su aspecto racional usando la inteligencia artificial para llenar sus carencias afectivas, otorgándole cualidades que no puede conseguir con una relación humana real. Y las consecuencias de esta perversión de las relaciones humanas ya tienen víctimas reales. 

Han empezado a surgir casos de suicidio alrededor del mundo de personas que han interactuado con inteligencia artificial a un nivel íntimo usándola como una confidente y descargando sus necesidades emocionales con estas máquinas. El resultado es una distorsión de la realidad, del funcionamiento psicológico y de las relaciones humanas que termina en suicidio. La mayoría de los casos hasta ahora registrados son de adolescentes. Las empresas propietarias de estos programas han empezado a implementar algoritmos que detectan y combaten el problema del suicidio en sus usuarios. Sin embargo, este peligro persiste en cuanto a que personas, generalmente jóvenes, que tienen problemas psicológicos y sociales, usarán estos programas para calmar carencias afectivas a través de medios artificiales en lugar de buscar ayuda con personas a su alrededor. No hay forma de que esta opción no sea peligrosa para el usuario.

Reemplazar la interacción humana con una máquina es un camino seguro al fracaso. Es una ruta directa contra una pared como tristemente lo demuestran estos casos de suicidio.

Volviendo a nuestro mundo budista. La inteligencia artificial se ha estado usando para crear imágenes y videos generados para acompañar material budista de difusión. En sí esto no es algo negativo. Es simplemente una adición estética.

Desde el mundo de la literatura y las editoriales estamos viendo venir un problema que ya amenaza a la sangha universal. Hay una publicación que anda rondando en las redes sociales de comunidades budistas que anuncia un peligro que como budistas debemos prever. La publicación es la siguiente:

“Hoy me preguntaron si recomendaba esta lectura, y me vino muy bien para alertarles a todos sobre este tipo de contenido en internet.

Cada vez me encuentro con más lecturas que no ofrecen enseñanzas budistas, sino una ensalada de mensajes sobre autoayuda espiritual disfrazada de budismo con inteligencia artificial.

El autor no existe, se presenta como monje budista y solo da información genérica que no se puede corroborar. En ningún momento ofrece fuentes verificables sobre discursos.

La redacción usa el clásico esquema de plantilla ("nacido en un entorno humilde", "dedicando décadas al estudio", "vivió en monasterios de distintos países asiáticos"). No menciona un solo monasterio específico, ni su maestro, ni su linaje (Theravāda, Zen, Tibetano), ni la orden en la que supuestamente se ordenó (upasampadā).

La imagen del anciano con túnica es una foto de archivo comercial o generada sintéticamente. No corresponde a ninguna figura pública o monje real reconocido internacionalmente.

La biografía concluye con frases vacías estilo coaching ("Ananda no escribe para que lo sigas. Escribe para que te encuentres"), alejadas de cualquier exégesis o lenguaje del Dhamma”.

 





Esta publicación ha estado circulando por la esfera budista de las redes de tal manera que no encontré la publicación original. Sin embargo, es una gran bandera roja que anuncia lo que se nos viene. Sin duda podemos afirmar que nos espera una avalancha de libros falsos creados con inteligencia artificial llenos de palabrería vacía, falsos conceptos, monjes que no existen y referencias clásicas de la nueva era. Esto es prácticamente una certeza. Es imposible que la industria de la nueva era y demás estafadores dejen pasar la oportunidad de engañar a la comunidad budista con una herramienta que les ofrece todo lo que necesitan para generar, promocionar y vender material fraudulento. Frente a esto debemos tomar medidas. En realidad, no sería nada nuevo de lo que ya hemos advertido anteriormente. La única diferencia es que ahora debemos desconfiar aún más de nuestra apreciación estética y de los anuncios gratificantes que nos dicen exactamente lo que esperamos y queremos escuchar.

En esta publicación que nos reportan las redes, vemos un trabajo bastante perezoso. Palabrería barata, ninguna información que se pueda verificar, una foto de un monje sonriente y unas formas y colores agradables. Nuestra ignorancia sobre la doctrina budista es tan grande que no hay que esforzarse mucho en crear un producto falso lo suficientemente bueno para que la gente incauta caiga en la trampa. Pero creo que mejorarán con el tiempo.

Nada les costará crear una biografía creíble. Investigar algunos nombres de templos en oriente, nombres de maestros, tal vez el nombre de un monje real muerto, una foto antigua sin contexto y entonces el comprador cree que ha burlado a la inteligencia artificial cuando en realidad cayó en un engaño de alguien menos perezoso. Nuestra falta de conocimiento sobre nuestra propia creencia será el origen de nuestro propio fracaso.

Debemos verificar las fuentes, investigar los autores, especialmente debemos desconfiar de nuestros ojos y hacer un esfuerzo por usar nuestro razonamiento al momento de evaluar material. El principal ataque viene por nuestros sentidos de la vista y el oído. Las imágenes particularmente hermosas y realistas y el lenguaje endulzado y agradable. La inteligencia artificial es básicamente un algoritmo creador de estética realista y un uso del lenguaje empalagoso y lleno de clichés reconfortantes. No debemos creerle a la imagen idealizada que tenemos del budismo en occidente. Ese es el punto débil que los estafadores de la inteligencia artificial atacarán. Y debemos tener una disciplina de estudiante dedicado al investigar el origen del material que estamos evaluando.

No es negativo usar la inteligencia artificial. Puede ser útil para investigar referencias académicas o conceptos básicos. Y la generación de imágenes hermosas puede ayudar a que el budismo llegue a más personas en contextos más allá del religioso. De todas maneras, es una herramienta que debemos mantener en un uso básico y sencillo. Debemos recordar que la inteligencia artificial es simplemente una herramienta, nada más que eso.

Miremos el ejemplo de los cristianos, ellos también tienen que enfrentar el impacto de la inteligencia artificial en su vida religiosa. Sin embargo ellos tienen la Biblia y eso los blinda en gran manera de influencias negativas externas. La inteligencia artificial no tiene nada nuevo con qué engañarles porque ellos ya tienen su libro y cualquier respuesta ajena será fácilmente detectada. Esa es nuestra desventaja.

Como el budismo es en gran parte enseñado desde un arquetipo falso idealizado por la cultura occidental y no desde el estudio de los textos sagrados, va a ser muy fácil para los estafadores de la inteligencia artificial inventar cosas que podamos creer como verdad porque a diferencia de los cristianos, nosotros no estamos acostumbrados a tener como parámetro principal y real nuestros textos sagrados. Es decir que la gente en general no tiene en cuenta los textos sagrados del budismo para fundamentar su práctica y en lugar de eso se basa en cualquier libro con la palabra “budismo” en su portada o con la foto de un monje, o el Dalai Lama, o un Buda y con eso le basta para confiar en el texto. Desafortunadamente, nuestro criterio es más estético y dialéctico que doctrinario, y es ahí donde los estafadores tienen toda la ventaja para engañarnos.

Es imprescindible y fundamental que conozcamos los textos sagrados de nuestras tradiciones antes de consumir cualquier texto laico sobre budismo. Si no conocemos los Suttas y Sutras budistas antes que nada, podemos terminar creyendo cualquier tontería sentimentalista que los estafadores del orientalismo religioso vienen vendiendo en el continente americano desde los años 60s.

Por lo tanto, una buena defensa para luchar en contra de la influencia negativa de la inteligencia artificial es simplemente conocer tu tradición de práctica desde sus raíces, conocer sus sutras, sus maestros fundadores, su historia y estudiar el Canon Pali.

Esto no quiere decir que ya no debemos comprar más libros sobre budismo. Significa que debemos hacer lo que se supone que debimos haber estado haciendo desde que empezamos con nuestra práctica. Verificar el origen y la genuinidad de los textos y los escritores antes de comprar o aceptar el material.

Para una referencia más segura de los libros budistas con riesgo de haber sido generados con inteligencia artificial, investiga con mayor atención cualquier libro publicado desde el 2023 en adelante.

La realidad de la inteligencia artificial es que es inevitable y todo apunta a que su mayor uso para con nosotros será el intento de engañarnos. Pero hay un punto que como budistas no debemos olvidar. Este mundo es un mundo de ilusiones y esta tecnología potenciará aún más el mundo ilusorio en el que vivimos. El punto que debemos recordar como budistas es que realmente, no necesitamos usar inteligencia artificial.

¿Es inevitable su presencia en nuestra sociedad? Sí, todos a nuestro alrededor la usarán. ¿Intervendrá en la sangha universal y en la manera en la que vemos al mundo? Sí. Es un proceso indetenible. Pero aun así, en tu práctica diaria, la verdad es que no necesitas la intervención de una máquina para tu estudio y práctica. Es simplemente una adición y como tal puedes prescindir de ella. Seguramente será un ejercicio particularmente difícil para la gente joven, pero tampoco es una decisión que requiera demasiado esfuerzo. No necesitamos un algoritmo sobre alimentado para avanzar como personas, ni en lo religioso ni en todos los demás aspectos. Es una opción que el mundo nos está metiendo hasta por los ojos, pero como practicantes tenemos claro que lo que nos dice el mundo es ilusorio.

Recuerda las palabras del Buda: “Cuando un hombre considera que este mundo es una burbuja de espuma y una ilusión, entonces el rey de la muerte no tiene poder sobre él”. Dhammapada Verso 170.

Este mundo es una burbuja de ilusión, ¿Cuánto más ilusorio llegará a ser si confiamos nuestras decisiones a un algoritmo diseñado para imitarnos? Nuestro fundamento deben ser los textos sagrados que son la realidad, no las nuevas corrientes espirituales alternativas reinterpretadas por una imitación artificial de la vida humana. Caer en el vicio de las inteligencias artificiales es caer en la máxima expresión de la decadencia humana. No necesitamos ninguna inteligencia artificial.

Otra cosa sumamente importante que debes recordar es lo siguiente. Una de las tres joyas es la Sangha de los discípulos del Buda. La Sangha real, las relaciones humanas, la hermandad de practicantes, el contacto humano. Nada puede reemplazar eso, menos una máquina. El contacto entre practicantes es tan importante que el Buda lo estableció como uno de los tres refugios, nada más y nada menos. Jamás debemos permitir que los vínculos con nuestra sangha sean inferiores a nuestra interacción con la tecnología.

En este momento nosotros somos los rebeldes. Somos la resistencia. Entre más nos neguemos a creerle al mundo y a ceder a la tentación de usar la inteligencia artificial como una prótesis social y emocional, y nos mantengamos en nuestra terca y riesgosa decisión de insistir en las relaciones humanas por más complicadas, desagradecidas y dolorosas que sean, nos mantendremos sobre una roca firme, estaremos a salvo, nos ahorraremos una gran cantidad de sufrimiento y estaremos listos para ayuda a otros. Lo único que debemos hacer, es persistir y refugiarnos en el Buda, en el Dhamma y en la Sangha. 

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