lunes, 20 de febrero de 2017

1er Precepto. Abstenerse de matar/ proteger la vida.

 Con éste apunte finalizamos de manera inversa los cinco preceptos budistas para los laicos que son:

Abstenerse de matar y proteger toda vida.

Abstenerse de tomar lo que no es de uno y ser desapegado y generoso con los demás.

Abstenerse de las conductas sexuales inapropiadas y realizar el acto sexual con respeto, compromiso y amor.

Abstenerse de mentir, ser honesto y hablar siempre con la verdad.

Abstenerse de intoxicar el cuerpo, y cuidarlo consumiendo solo lo que es bueno para el cuerpo y la mente.

Abstenerse de matar suena simple. Tomando en cuenta la diferencia entre mandamiento en el cristianismo y precepto en el budismo explicada en el apunte anterior del segundo precepto, puede parecer que no tenga mucho que decir. Sin embargo hay más que decir al respeto.

Matar es algo que debe evitarse a toda costa, de igual manera este precepto conlleva no solo a no matar sino a proteger la vida. No sólo en el caso de una persona que intenta matar a otra sino en los casos donde la vida está en peligro de manera fortuita. Accidentes, desastres, enfermedades. Si está en nuestras posibilidades y nuestro alcance, uno debe arriesgarse por salvar y proteger la vida de otros. No cómo un acto heroico desinteresado sino por el sólo hecho de saber que hay que hacerlo. Así como uno no ve como algo heroico quitarle a un bebé un juguete pequeño con el que se puede ahogar, uno no debe hacer gala de su valentía al intentar salvar a otros. A pesar de que éstas cosas suelen ser resaltadas como extraordinarias en nuestra sociedad, en el budismo deben ser tomadas como deberes éticos al tomar los preceptos. Lo que para el mundo es una excepción, para un practicante debe ser una regla, por lo cual no hay lugar a exaltaciones. 

Muchos budistas, sobre todo occidentales, intentan llevar este precepto más allá de lo comúnmente observado incluso en oriente. El vegetarianismo es uno de esos casos cuya consecuencia es el veganismo, práctica radical del vegetarianismo occidental. Pero esto es opcional y no es en ningún caso una regla de Buda. Sobre este tema se realizó un artículo de investigación que abarca todos los puntos de vista sobre el vegetarianismo titulado Budismo y vegetarianismo. En éste artículo se muestran los fundamentos doctrinales y las fuentes canónicas de lo que Buda dice y manda sobre el vegetarianismo, además de estudios y hechos científicos y temas de ética sobre esta dieta que conciernen a personas budistas y no budistas.

En tiempos de Buda, también surgió una religión llamada Jainismo. Ésta religión que aún existe actualmente hace tanto énfasis en el esfuerzo de no violencia que entre varias de sus prácticas incluidas el vegetarianismo, está la de cubrirse la boca con el objetivo de no absorber micro organismos que puedan matar accidentalmente al ser absorbidos y asimilados por el cuerpo. Antes de llegar a la iluminación, mientras estaba en su etapa de búsqueda de la verdad, Siddhartha conoció y practicó el jainismo. Algunas fuentes históricas sugieren que de hecho Siddhartha conoció a Majavira, el fundador del jainismo. Este hecho no se ha podido confirmar pero si es conocido el paso de Siddhartha por el jainismo. Después de estudiarlo y practicarlo, Siddhartha consideró que ese no era el camino apropiado para llegar a la iluminación. Lo descartó y continuó su camino.  Esta determinación es coherente desde la perspectiva de las cuatro nobles verdades y el camino medio.

Algunas tradiciones budistas como las tibetanas consideran que este precepto debe ser llevado de tal forma que en ningún caso debe ser violado. Por ejemplo, no están de acuerdo con la práctica de la eutanasia. Práctica clínica que consiste en procurarle un buen morir a un paciente que está padeciendo un gran y prolongado dolor o a un animal en esta misma situación aun sabiendo que la agonía puede ser larga y la muerte inevitable. Según esta perspectiva, este sufrimiento es consecuencia de su karma y no debe ser interrumpido. No todas las corrientes de pensamiento budista tienen esta misma concepción de Karma o del precepto de no matar.

Aunque parezca contradictorio, este precepto también está presente en la guerra. En algunas ocasiones la guerra es algo inevitable y los pueblos y las naciones se ven en la obligación de defenderse para sobrevivir o para proteger la continuidad del Dharma. En estos casos se comprende que las acciones de alguien que inevitablemente está inmerso en un conflicto deben enfocarse en lo que se protege, no en lo que se destruye. Hay que tener demasiado poder para detener una persona o personas decididas a matar sin tener que destruirlas. Esto es prácticamente imposible para una persona común, sin autoridad o poder político o militar. 

En algunas comunidades del sur de Asia en donde existe una confrontación entre budistas e islamistas extremistas, muchas personas budistas que ni siquiera son parte de ningún cuerpo  militar se entrenan para combatir a los radicales islámicos. Esto en muchos casos implica matar en defensa propia.

Durante la historia también se ha visto la presencia del budismo en la guerra. En el antiguo Japón, los samuráis eran guerreros de una alta ética e intachable moral. Muchos de ellos practicaban el budismo zen y dentro de sus principios estaba el de proteger. Usaban su arte con compasión y sabiduría. Y eran guerreros excepcionalmente letales.
La práctica de no violencia o de no matar absolutamente nada es más frecuentemente llevada a cabo en la vida monástica, pero no resulta tan fácil en la vida laica, y algunas veces imposible. Veamos un ejemplo.

Muchos de nuestros países Latinoamericanos del centro y sur del continente son de clima tropical selvático. Según las temporadas, algunas especies de insectos pueden experimentar una explosión demográfica que tiene un impacto directo en todo el ecosistema. Cada uno o dos años experimentamos un aumento en la cantidad de mosquitos. Algunos de estos son portadores de enfermedades graves que pueden generar importantes problemas de salud pública y la muerte de personas vulnerables como ancianos, bebés y mujeres embarazadas.

El Aedes Aegypti es una especie de mosquito portador del dengue. También se le asocia a la fiebre amarilla. El dengue no tiene cura. Incapacita a la persona por alrededor de una semana con síntomas fuertes como dolor de huesos, vómito, diarrea, cefalea, debilitamiento y otros. Un hombre adulto requiere alrededor de una semana en cama y otra semana recuperándose. El problema con esta enfermedad es que a diferencia de otras, no genera resistencia en el cuerpo de quien la padece. Eso implica que si a una persona que acaba de recuperarse de dengue la vuelve a picar un mosquito portador, las posibilidades de que muera son muy altas ya que el cuerpo no está preparado ni tiene la fortaleza para soportar el mismo ataque dos veces. En personas vulnerables esta enfermedad puede ser letal a la primera oportunidad. También hay otro tipo de dengue llamado dengue hemorrágico que hace que la persona sangre copiosamente por diferentes partes del cuero y tiene una taza importante de mortandad.

Cuando hay temporada de mosquitos como el Aedes Aegypti en el país, el gobierno implementa campañas de salud pública que consiste en no dejar agua estancada en ningún lugar, incluso en una tapa de refresco al que ha caído agua de lluvia. Los mosquitos pones sus huevos en aguas estancadas y de ellas se reproducen. Se hace especial énfasis en la limpieza y se fumiga constantemente.

Si una persona encuentra un estanque de agua en el que hay cientos de miles de larvas de mosquito, es su deber vaciar el agua o echar en ella desinfectante o algo que aniquile las larvas. De igual manera se debe matar todo mosquito de esta especie. El Aedes Aegypti es reconocido por ser de color negro con patas largas y manchas blancas a lo largo del cuerpo y de las patas, muy semejante al diseño rayado de un tigre. Cada vez que uno ve un mosquito de estos debe actuar según los reglamentos de salud pública, más aún en los hogares donde hay bebés, mujeres embarazadas o ancianos ya que pueden morir por la picadura de un mosquito de esta especie.

Esta especie de mosquitos trasmite enfermedades distintas como el zica y el chicunguña que suelen mutar con el paso del tiempo. Nuestra última temporada de mosquitos fue con la plaga del zika, enfermedad que además de los síntomas asociados al dengue, se caracteriza por generar deformaciones o condiciones como hidrocefalia en los bebes de mujeres embarazadas que son picadas.

Durante estas temporadas, me veo en la obligación de proteger a mis familiares de la posibilidad de ser infectados por este mosquito, más aun cuando hay un bebé en casa. Debo fumigar, desinfectar estanques y desechar aguas estancadas donde los mosquitos se reproducen y matar estos mosquitos inmediatamente sean identificados.  Como budista veo la necesidad de proteger las vidas que están en riesgo sobre las que por naturaleza esparcen la plaga. Pueda ser que estos saltos disruptivos de la naturaleza se deban a causas humanas, pero nadie tiene el poder para evitar que las plagas emerjan cuando llegan las lluvias. El ciclo de la vida es simplemente indetenible. Es una situación que pone en riesgo las vidas de muchos y no hay más opción que matar los mosquitos.

Como este puede haber varios ejemplos. En el centro del país hubo una vez una plaga de ratas que traían enfermedades letales a la población. De nuevo las políticas de salud pública no podían hacer más que fumigar. El asesinato por defensa propia es otro controversial ejemplo. Desde una mesa de discusión es fácil opinar que puede haber otras formas de evitar la muerte propia o de un familiar sin tener que matar al agresor, pero en el mundo real, a la velocidad de las acciones y con las posibilidades ya servidas no hay tiempo de filosofar, sólo de actuar. Quienes han estado en una situación de vida o muerte comprenden esto perfectamente. No hay mucho que objetarle a un padre que mata a un delincuente que está a punto de dispararle en la cabeza con un revolver a su hija.

Ya que este es un espacio para tocar no tanto las formas cómodas de la práctica budista sino el Dharma en su sentido práctico, en el mundo real, es bueno comentar otra gran controversia. ¿Pueden los budistas ser soldados? Tomando en cuenta que este trabajo implica la posibilidad de matar, la opinión más rápida puede ser no. Pero esto es dejar fuera a cientos de millones de personas practicantes y no solo eso. A cientos de personas sin las cuales no hubiera sido posible que el Dharma hubiera podido llegar los lugares más recónditos del mundo.

En primera estancia, el primer precepto laico y el quinto principio del noble camino óctuple, modo de subsistencia correcto, entraría en conflicto con este tipo de profesiones. Sin embargo esto es un juicio a priori. Los ejércitos han sido herramientas de ataque y de defensa en todos los pueblos de la humanidad a lo largo de la historia. Hay situaciones que hacen inevitable la guerra, como la escasez de alimentos, los desastres naturales, la sobrepoblación.   También hay razones insulsas para la guerra como las ideologías, las religiones o los nacionalismos. Un ejército puede ser un instrumento de muerte como en las conquistas bélicas de la segunda guerra mundial o la toma del Tíbet por el ejército comunista chino. O también pueden ser ejércitos de protección de la vida como los cascos azules de la ONU. Esto último puede ser puesto a discusión por las distintas influencias políticas que recibe la ONU, pero para efectos prácticos nos estamos refiriendo aquí a las misiones de rescate de población civil, de llevar alimentos a lugares de hambruna o de repeler movimientos radicales terroristas que atacan poblaciones civiles. 

Sería muy bueno decirle a un país como Birmania que renuncie a su ejército, pero de ser así nada impediría que un movimiento islámico extremista extinguiera el Dhamma en esa parte del mundo. El establecimiento de un ejército no siempre significa que se está combatiendo la violencia con violencia, lo cual es un claro error. Un ejército también cumple la función de prevenir la guerra y más aún, la matanza de un pueblo indefenso ante un grupo armado violento. Seguramente no será muy fácil llegar a un consenso sobre este punto pero quien tenga parientes en las fuerzas militares sabrá perfectamente que ser un soldado no significa ser un asesino.


A excepción de Japón que fue obligado a firmar un tratado después de la segunda guerra mundial, todos los países budistas tienen ejército. Hay cientos de miles de soldados budistas en el mundo, incluso en el continente americano. Es totalmente cierto que las decisiones de los líderes de estado no siempre pueden estar acorde a los preceptos de Buda de manera estricta, pero eso no significa que todas las personas que dependan de las decisiones de un líder tengan sus mismas falencias éticas.

Un cuchillo es una herramienta. Puede usarse para intimidar, realizar delitos, robar, matar, violar. Generar muerte y sufrimiento. También puede usarse para conseguir comida, construir un refugio, crear arte, defender la familia de un depredador. Proveer y proteger. El cuchillo en sí no es malo ni es bueno, es la ética de quien lo empuña lo que decide sus actos. Con este tipo de profesiones es lo mismo. No nos referimos solo a los miembros del ejército, sino a los líderes que los comandan, a los políticos y también a los líderes religiosos. Éstas personas que no usan armas pueden ser incluso más peligrosas que un ejército armado. Pueden confundir la paz con la guerra, la justicia con la ideología y hacer que personas buenas cometan atrocidades por causas falsas e ilusorias. 


Muchas personas opinan que toda persona que trabaje con armas de fuego contradice la doctrina budista. Muchas experiencias pueden dar lugar a esta opinión. La supervivencia a una dictadura militar, una mala experiencia con la policía durante la juventud o después, la corrupción de los líderes políticos, o por razones ideológicas, políticas y sociales. Sin embargo estamos tratando el tema desde el punto de vista individual, desde la práctica diaria de un laico. El tema de los ejércitos como industria y como fuerza de estado nos ocuparía un espacio muy extenso y hacia otra dirección, por lo tanto es bueno mantener la discusión abierta.

El precepto de no matar y proteger la vida se puede ejercer de muchas maneras. Participando en voluntariados de distintos grupos. Fundaciones ecológicas, sociales, de protección a la infancia. Grupos de rescate como la cruz roja. También se puede hacer participando en programas que mejoran la calidad de vida de otros, como las fundaciones que procuran construir casas para familias desprotegidas o los donadores de tiempo para enseñar algún arte a los niños de una comunidad vulnerable. La vida está repleta de oportunidades para ejercitar este precepto y ser útil. No se limita simplemente a una dieta o a unas preferencias de consumo.

Al vivir conscientemente en el mundo podemos darnos cuenta de que no existe ninguna manera de habitar el mundo sin provocarle sufrimiento y muerte absolutamente a ningún ser vivo. Esto es simplemente una idea irrealizable. El solo hecho de caminar, comer, respirar, competir y ganar,  incluso no hacer nada, conlleva impactar otras vidas diminutas, grandes, pasivas, activas de muchas maneras incluyendo el sufrimiento y la muerte. La primera noble verdad dice, "Dhuka existe en el mundo". El sufrimiento es parte de la vida al igual que la muerte. Ninguna ideología por benévola que quiera ser podrá evadir ni superar esta Noble Verdad. El Buda nos enseña este principio no para que nos ahoguemos con metas imposibles, sino para que comprendamos las leyes de la naturaleza y vivamos acorde a ellas procurando hacer siempre lo correcto. La muerte es parte de la vida. Creer que la muerte es en sí algo malo es malinterpretar la vida misma. 

Ejercita el precepto de proteger la vida no desde una ideología ni una idea radical sino desde el compromiso serio y personal con el mundo en el que vives. Averigua qué organizaciones de voluntariado hay en tu ciudad y participar de sus actividades cuando te sea posible. Ayudar es otra forma de proteger la vida y acostumbrarse a ello es a su vez proteger la propia vida. La sociedad aprecia a una persona que se esfuerza por proteger la vida a diario y dentro de la doctrina budista significa acumular mérito y estar un paso más cerca de la iluminación.
  

4 comentarios:

  1. Fantastico blog. Me estoy iniciando en el Budismo y me ha servido de gran ayuda. Te animo a que sigas escribiendo pues nos ayudas mucho. Sobre todo a personas que no disponemos de la opcion de iniciarnos con un templo cerca. Muchas gracias por tu trabajo y tu tiempo.

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    1. Gracias por tu comentario. Me motiva a seguir trabajando. Aún hay muchos temas que tratar. Un gran saludo.

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  2. Por poner un ejemplo, si meditamos sobre el Metta Sutta, donde queda el consumo de carnes y el sufrimiento que ocasionamos a los animales con nuestros habitos al comer?

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    1. Te recomiendo el artículo El budismo no exige ser vegetariano, de este blog. Ahí se trata el tema del vegetarianismo dentro del budismo desde varios puntos de vista.

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